El universo del mago adolescente es más que una saga para jóvenes: resumimos algunas de las enseñanzas que nos ha dejado este mundo mágico tanto a niños como a adultos

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31 Dic 2020
Irene Mata Blasco
the nest

Yo no sé ustedes, pero yo siempre fui una niña a un libro pegada. Leía, ayudada por mis gafas de culo de vaso, casi cualquier cosa que cayese en mis manos. De mi infancia recuerdo con especial cariño dos sagas de libros: la primera, una serie sobre William Monk, un detective del Londres victoriano, escrita por Anne Perry, y la segunda, la saga de Harry Potter.

Llegué a comprarme los libros en inglés para no tener que esperar a que se publicase la traducción en español. Por eso recuerdo, con esa claridad que acompaña a los grandes momentos en la vida de una persona, cuando El país semanal publicó el reportaje sobre la primera película de la saga, Harry Potter y la piedra filosofal.

Recuerdo, con apenas 12 años, comprar el periódico con el suplemento, buscar en el índice el reportaje, abrir la página correspondiente, y beberme ese reportaje como si fuera la primera vez que leía. Recuerdo observar las imágenes de los fotogramas maravillada de que por fin esos personajes que me habían acompañado durante los años anteriores, ¡por fin! se materializasen en una imagen.

A lo largo de los años, esos libros me han acompañado en mi transformación en adulta, y sobre ellos, gracias en parte a las películas, se ha operado un fenómeno curioso, pero esperable: el tiempo no ha pasado por ellos. Año tras años, miles de niños descubren, gracias a las películas, a esos personajes que a mi generación nos conquistaron gracias a la palabra escrita.

Todos los años (soy tutora en un centro donde trabajamos con niños con Altas Capacidades Intelectuales) me encuentro con decenas de niños apasionados, como yo, por ese universo mágico creado por J.K. Rowling: desde los niños más pequeños hasta los preadolescentes, desde niños que empiezan a leer la saga por la pasión con la que hablamos en clase sobre los libros hasta niños que se saben de memoria los diálogos…

Por eso, y porque estamos de vacaciones y no tengo a mis niños cerca para darles la turra, hoy vengo a hablarles de unos de mis temas favoritos en el mundo mundial: las enseñanzas que nos dejó Harry Potter.

 

1. La amistad y la valentía como valores fundamentales

La historia, como todo el mundo sabe aquí, gira en torno a Harry Potter: un chico huérfano al que un mago tenebroso intenta matar siendo bebé y que a los 11 años descubre que es mago, y que va a empezar a estudiar en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Y en ese castillo perdido entre las montañas de Escocia encuentra su lugar en el mundo. Conoce un mundo que hasta entonces se le había negado, y encuentra a los que se convierten en sus dos mejores amigos: Ron y Hermione.

A lo largo de los años, las películas y los libros siguen a este singular trío de amigos, desde las peleas y los celos hasta la confianza ciega y la amistad incondicional. Tres amigos que no tienen una amistad perfecta (ni lo pretenden) porque ellos mismos no son perfectos. A lo largo de las 8 películas Harry, Ron y Hermione demuestran que para la amistad no hace falta tener rasgos de personalidad similares. Que uno puede pelearse con los amigos y seguir siendo amigos.

Que las amistades están a prueba de la distancia y del tiempo. Que los amigos pueden ser compañeros de clase, guardabosques despistados, elfos domésticos o antiguos profesores. Que la familia es la que nos toca por sangre, y la que elegimos a lo largo de la vida. Que vale la pena arriesgarse por las personas que queremos, e incluso arriesgarse por salvar la vida de un enemigo. Que cuando hay que elegir entre lo que es correcto y lo que es fácil, hay que elegir lo primero. Que la magia más poderosa de todas es el amor. Y sobre todo, que hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos.

 

2. La salud mental y la resiliencia

Aquí ustedes me van a disculpar, pero me sale la vena de psicóloga. La propia J.K. ha contado en numerosas ocasiones cuál fue su fuente de inspiración para crear a los dementores, esos seres repugnantes que custodian Azkaban, la prisión mágica. La escritora, que llegó a ser diagnosticada con un trastorno depresivo, sufrió maltrato por parte de su pareja, crió a su hija como madre soltera y vivió de la beneficencia durante algún tiempo, lo que le hizo llegar incluso a la ideación suicida.

No sólo no ha rehusado a hablar públicamente de su depresión, sino que ha puesto sobre la mesa la importancia de la salud mental en numerosas ocasiones. Esta depresión fue la que le impulsó a dar forma a los dementores, plasmando en el papel su experiencia con el trastorno: seres que absorben tu alegría y te dejan en un estado semi catatónico.

Así mismo, también le dio la idea del encantamiento patronus, ese encantamiento que Harry aprende gracias al profesor Lupin y que salva su vida y la de Sirius, para el que hay que concentrarse en un recuerdo feliz. ¿Les recuerda, por cierto, esta historia de resiliencia de la propia autora a algún personaje de la saga? Efectivamente, Harry tampoco lo tiene fácil en su vida: sus padres son asesinados y él pasa su infancia con sus tíos y su primo, los cuales le detestan abiertamente.

Años después, cuando conoce a Sirius, el mejor amigo de sus padres y su padrino, parece que su vida familiar va a dar un vuelco. Pero en el último momento, Sirius no es exculpado por los crímenes que no cometió, teniendo que vivir escondiéndose de la justicia hasta que es asesinado. Sin embargo, esto no hace que Harry se convierta en una persona con ganas de venganza. Por el contrario, le lleva a apreciar la vida y a ser una persona valiente, dispuesta a sacrificar su vida por los demás con tal de derrotar a Voldemort.

 

3. La rendición de un hombre bueno, o cómo las personas a veces no son lo que aparentan

Quien haya leído los libros de Harry (o quien simplemente exista en el mundo) sabe quién es ese profesor que odia a Harry de manera irracional. Snape, con nariz aguileña y pelo que se podría freír un huevo encima, muestra desde el primer día una antipatía hacia Harry que además no se molesta en disimular.

Éste se va enterando de la razón con los años: James, el padre de Harry, que vamos a decirlo claramente, en el cole era un poco chuleta, no perdía ocasión de ridiculizar a Snape a la más mínima oportunidad. Este menosprecio bidireccional (porque Harry cariño cariño tampoco es que le tenga a Snape, y con razón el chiquillo) se convierte en desprecio profundo después de que Snape mate a Dumbledore en la torre de astronomía, con Harry de testigo.

Lo que Harry en ese momento no sabe es que esa muerte fue pactada por los dos profesores meses antes, y que todos los pasos que Snape ha dado desde la muerte de su amada Lily han ido encaminados a proteger a Harry.

Que ese amor del maestro de pociones por su madre es lo que lleva a Snape a renunciar a la magia tenebrosa y convertirse en, como Harry le define al final, “el hombre más valiente que nunca haya conocido”, demostrando así que las personas, incluso aquellas de quien menos lo esperas, pueden sorprenderte para bien.

 

4. Pelea como una chica: Hermione, con H de heroína

Ahora sí que sí, yo me pongo en modo folclórica con Hermione, el MEJOR PERSONAJE DE TODA LA SAGA. ¡GUAPA, GUAPA Y GUAPA! ERE PRESIOSA, ER BARRIO ENTERO PA’TI! Porque Hermione tiene poderío del bueno: es inteligente, valiente, justa, una gran amiga, leal, comprensiva, empática, no se achanta ante las adversidades, en las crisis se viene arriba, y le pega un puñetazo en toa la cara a Malfoy que le deja fino filipino.

La amiga con la que una se iría de cervezas (de mantequilla), a la que le llamaría para llorarle las penas y de la que esperaría los mejores consejos del mundo. A Harry y a Ron (que yo les quiero mucho pero avispados, lo que se dice avispados, no son) les salva la vida (y los deberes) en incontables ocasiones, y desde luego la saga no sería lo que es sin ella.

Es buena tanto analizando las situaciones desde un punto de vista lógico como emocional, demuestra que a veces subestimamos a las personas que no son como nosotros (y que luego se acaban convirtiendo en las grandes amigas) y en una época en la que todo parece negativo, ella sabe encontrar luz en la oscuridad.

Un personaje increíblemente feminista, que nos enseñó a ser valientes, a luchar firmemente por aquello en lo que una cree (todas recordamos la llamada Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros, también conocida como P.E.D.D.O), que no hay nada de malo en ser una sabelotodo, que la inteligencia es una de las virtudes más importantes, que los amigos se apoyan en lo bueno y en lo malo y que los libros son siempre una gran compañía.

 

5. Cómo tratamos a nuestros inferiores dice más de nosotros que cómo tratamos a nuestros iguales

A mí una buena reflexión me gusta más que comer con los dedos, por eso para mí Sirius y Dumbledore son una mina de oro. Con los años una se va encontrando con mucha gente a lo largo del camino, y va a aprendiendo cómo son los pequeños detalles los que nos sirven para conocerles.

Y en esto la saga es (aún más) maravillosa, porque te pone delante de un espejo en el que mirarte y reconocerte. Personalmente la frase de Sirius de “Si quieres saber cómo es un hombre, fíjate en cómo trata a sus inferiores, no a sus iguales” me cambió la vida.

Porque, qué gran verdad esconde: que es muy fácil ser amable con el jefe, pero no lo es tanto serlo con el pobre becario pringado que acaba de llegar. Que tenemos que cuidarnos los unos a los otros, que hay que darles más a quienes menos tienen y que hay tratar bien a todo el mundo, sin importar quiénes sean, de dónde vengan, si son sangre pura o sangre sucia, o cómo de diferentes sean de nosotros.

 

6. La virtud de ser diferente

Cuando una va al colegio y al instituto, se esfuerza por encajar. No destacar, no sobresalir, a veces ni siquiera llamar la atención por encima o por debajo de lo normativo. Sin embargo, con el pasar de los años y el cambio a la vida adulta, todo cambia: en algún momento, no sabemos muy bien cuál, empezamos a mirar con suspicacia el molde en el que nos hemos intentado meter, y empezamos a valorar a esas personas que no se ajustan a la norma.

A aquellos que se salen de la línea trazada y son felices con ello. J.K. reivindica la diferencia desde el libro uno: ensalza al semi gigante bonachón que no terminó el colegio, a la compañera rarita que cree en los nargles, a la familia numerosa con capas raídas y libros de cuarta mano, al elfo doméstico que demuestra ser más valiente que muchos humanos, al compañero de clase gordito y patoso que se cría con su abuela y al director soñador que, con sus múltiples y públicos defectos, demuestra ser el mago más grande de todos los tiempos, demostrando así que la felicidad está en vivir la vida siendo fiel a uno mismo.

Por eso, si tengo que quedarme con algo que me ha enseñado Harry Potter, con su lección principal, es que una tiene que ser lo suficientemente valiente como para vivir la vida que elige, porque sólo así conseguirá vivir una vida digna de ser vivida. Con felicidad, valentía, y si me lo permiten ustedes también, con un poquito de magia.


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