El anuncio del inicio del rodaje de ‘Modelo 77’, nuevo film de Alberto Rodríguez, nos sirve para repasar los antecedentes artísticos de uno de los mejores directores españoles en activo

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17 Ago 2021
Víctor Esquirol
the nest

Juraría que fue en una rueda de prensa del Festival de San Sebastián, aunque no recuerdo si fue por la presentación de La isla mínima o de El hombre de las mil caras. El caso es que el director de ambas, el sevillano Alberto Rodríguez, evidentemente estaba allí para responder a las preguntas de los periodistas.

A esto y a las brillantes ocurrencias que siempre-siempre surgen en estas ocasiones. Momentos estelares del Zinemaldia: “Tiene usted una fijación con el número 7, ¿no?”, inquirió el periodista, “7 vírgenes, Grupo 7…”, y ahí quedó la frase, como esa asistencia que deja la jugada a punto de caramelo.

El factor Pilgrim

Solo había que empujar el balón, pero no, el esférico acabó saliendo (muy cómicamente) por la línea de fondo, pues al delantero ni se le pasó por la cabeza rematar la faena. Alberto Rodríguez, fiel a su estilo lacónico delante de los micrófonos, sonrió levemente y se encogió de hombros, atribuyendo al azar aquella coincidencia.

Como cuando al terminar una película, unos títulos explicativos recuerdan al espectador que lo que acaba de ver ha sido una obra de ficción; que cualquier parecido con la realidad se explica mediante la caprichosa intervención de la casualidad.

Una obra de culto

Pero sucede a veces, muy de vez en cuando, que esta supuesta “casualidad” se empeña en operar con la meticulosa precisión de un neurocirjuano. Como si no fuera casualidad, vaya. Sea como fuere, no está de más apuntar que las cábalas solo las despiertan esas materias que a lo mejor han sido demasiado estudiadas, analizadas, diseccionadas.

Y esto es, en parte, el corpus fílmico de Alberto Rodríguez: uno de los mayores objetos de culto de la cinematografía española actual; una hoja de servicios en la que, de momento, no se detecta ningún traspié. Al contrario.

El traje

De El factor Pilgrim a El hombre de las mil caras (ambas inclusive) van efectivamente 7 proyectos. O 6+1, pues el primero estuvo co-dirigido (y co-escrito) por Santi Amodeo, “cómplice necesario” en los primeros trabajos de Rodríguez. O sea, que el anunciado Modelo 77 (¡7-7!), drama carcelario basado en hechos reales y que tendrá la mítica (e infame) prisión barcelonesa del título como su escenario principal, será el octavo largometraje dirigido por el sevillano (el 7º en solitario).

Y hasta aquí los números. Tiempo ahora para repasar unos antecedentes que nos servirán de evidencias para entender por qué esta nueva incursión en el thriller (ahora carcelario) es ya uno de los títulos del cine patrio más esperados de cara la temporada que viene.

El factor Pilgrim, espacios que marcan historias

Empezando por el principio, tenemos la voz en off de Álex O’Dogherty hablándonos sobre cómo los espacios marcan las historias que se dan en ellos. Él es un español que vive en Londres, y que comparte aventuras con un inglés, un italiano y un sueco. Y efectivamente, todo en El factor Pilgrim suena a chiste: ahí está el efecto buscado; ahí está parte del encanto de una propuesta muy a rebufo de otro gran hit de aquel mismo año 2000, Nueve reinas, de Fabián Bielinsky.

Como en la cinta argentina, tenemos un objeto de deseo que es casi un tesoro legendario; un macguffin de manual que alimenta los deseos y frustraciones de un grupo de hombres tan heterogéneo en la procedencia de cada uno de ellos, como homogéneo en el anhelo -universal- que les une: la voluntad de prosperar.

Un buscavidas da sin querer con una valiosísima mercancía, feliz accidente que activará una serie de sucesos que al mismo tiempo pondrán en marcha a más piezas en un tablero alegremente saturado. En la gestión de una historia cuyos frentes se van bifurcando y, por consecuente, multiplicando, es cuando empieza a despuntar el talento de Alberto Rodríguez, director, ya se verá, experto en lo coral; en redistribuir el peso de la trama en el conjunto.

En grupos que, les guste o no, deberán aprender a jugar como equipos veteranos. Por cierto, aunque no lo parezca, estamos todavía en la ópera prima.

El traje, fantástico realismo social

En la segunda película, El traje, del año 2002, se mantiene la dupla Rodríguez & Amodeo, esto sí, “solo” en las labores de escritura del guion, pues el primero ya consta como único director del conjunto. Ahora toca poner el foco, como ya hiciera antes el holandés Alex van Warmerdam (El vestido, 1996) y después el británico Peter Strickland (In Fabric, 2018), en esa pieza de ropa del título.

Se mantiene la constante, esto sí, de un realismo social no exento de giros argumentales al servicio de un destino más acorde a la más cruel de las fantasías. Esto, y por supuesto, esa conciencia de equipo, tampoco exenta de las pulsiones “guerracivilistas”.

After

Está por un lado Jimmy Roca, y por el otro, Manuel Morón, suerte de Long Jonh Silver “muy nuestro” que como tal, no se sabe si ha venido a ayudarte… o a clavarte un puñal por la espalda. Personajes ambiguos marca de la casa; presencias magnéticas que también repelen: no se sabe si quererles, odiarles, temerles… o si abrazar todas estas opciones al mismo tiempo.

Y aún faltan doce años para la inolvidable aparición de Javier Gutiérrez en La isla mínima. Queda tiempo, y la certidumbre de que los hábitos no hacen al monje. Alberto Rodríguez ya destaca como habilidoso superviviente de las junglas urbanas, ahí donde el drama social se convierte en un sistema dinámico y estiloso, que expone realidades invisibilizadas, y que de paso, se convierte en vehículo de lucimiento para quien se encuentre delante de la cámara.

No es frivolidad, es el sublime funcionamiento de un aparato (cinematográfico) perfectamente engrasado. Al fin y al cabo, ver una película de Alberto Rodríguez, nos acerca siempre al inmenso placer de ver un mecanismo en el que cada pieza está en su sitio; rindiendo al máximo potencial.

Manuel Morón es, en este sentido, el primer de los lucimientos actorales a las órdenes del sevillano. Después vendrían Eduard Fernández, Carlos Santos, Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre, Mario Casas, Tristán Ulloa, Blanca Romero o Guillermo Toledo. Un poco antes, sería el turno de Juan José Ballesta.

Grupo 7

7 vírgenes, vidas a bocanadas

Estamos en 2005, año de presentación de 7 vírgenes, primera colaboración con Rafael Cobos, nuevo socio inseparable; entrada a lo grande en el mundo festivalero (en esa edición de Zinemaldia, caería la primera Concha de Plata) y el académico (con sendas nominaciones y premios en los Premios Forqué y los Goya).

Ahora parece que sigamos la estela de La última noche, de Spike Lee: el cronómetro y la cuenta atrás están al servicio de un permiso penitenciario, de un respiro aprovechado, precisamente, para respirar con un único propósito en mente: consumir todo el oxígeno del mundo en cada bocanada de aire.

After, los ricos también lloran

Tanto en dicho film como en After (2009), prevalece la voluntad, entre suicida y catártica, de quemarlo todo en un breve lapso de tiempo. Un largometraje también puede operar así, y desde luego, esto es una constante en el cine de Alberto Rodríguez. Ahora nos movemos entre el desfavorecimiento de lo marginal y las penas y complejos de la clase acomodada.

Antípodas sociales hermanadas por la filmografía de quien ya se comporta como la versión española de Jacques Audiard, maestro de una modernidad que se adapta a cualquier género y territorio (resuenan aquellas palabras que estaban en boca de Álex O’Dogherty), y que como se ha dicho, sobresale en la relación que establece con los actores.

La Isla Mínima

Grupo 7, la cara B de la Expo

Y así llegamos a 2012, año que marca el pistoletazo de salida de un tríptico espectacular, el que nos lleva al punto en el que la espera por Modelo 77 se cuenta por segundos. Se trata de un trío de ases; tres thrillers (uno policíaco, otro detectivesco y otros criminal) cuyo nervio, intriga y tensión vuelcan una profundísima amargura hacia la historia más reciente de España.

Por partes. Primero, dos décadas después de la celebración de la Expo de Sevilla, Alberto Rodríguez y Rafael Cobos se adentran con Grupo 7 en la sombría Cara B de, en apariencia, tan brillante año para nuestro país.

La Isla Mínima, neo noir contestatario

La suciedad, la asfixia y la brutalidad son los principales argumentos con los que el film dibuja ese paisaje humano que quedó fuera de la postal promocional. Una táctica parecida (aunque perfeccionada) se utilizó en La Isla Mínima, impecable, apabullante y muy turbio ejercicio de neo noir para cuestionar el discurso de la transición inmaculada de España hacia la democracia.

Una pareja de policías investiga un caso escalofriante, no solo por la naturaleza de los crímenes barajados, sino por los puntos en común con otras crónicas negras dolorosamente incrustadas en la memoria colectiva. Si Bong Joon-ho usó Memories of Murder (Crónica de un asesino en serie) para exponer las dudas que debía haber dejado el paso que su país hizo de la dictadura militar a la democracia, aquí se apostó por la misma jugada.

El hombre de las mil caras

El hombre de las mil caras, entre el género y la historia

Por esa terrorífica ambigüedad, por la angustia de un caso irresoluto, que a la fuerza tiene que haber dejado cuerpos mal enterrados bajo el suelo que pisamos. Y hablando de cadáveres, aparece El hombre de las mil caras, último largometraje hasta la fecha de Alberto Rodríguez, nueva incursión en la estimulante mezcla propuesta entre crónica histórica y cine de género.

Aquí, la historia reciente de España se descubre como el pretexto ideal para una trama rica en trapicheos, dobles identidades e intenciones que deben mantenerse apartadas del ojo público. El auge y caída de los ídolos políticos en nuestro país (véase, por ejemplo, la figura de Luis Roldán) suena a ficción; a cuento increíble… pero no lo es.

Lo sabe Alberto Rodríguez, y también Rafael Cobos, quienes por supuesto repetirán en Modelo 77, la 7+1, la que debe servir para reencontrarnos, más de un lustro después, con uno de los mejores cineastas de nuestra industria.


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