Desde las calles, el deporte y la cultura. La homofobia del gobierno de Viktor Orbán no ha caído en saco roto en Europa. Buceamos en el cine húngaro y de la región para encontrar respuesta a la intolerancia contra el colectivo LGTBIQ+ en Europa del Este

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28 Jun 2021
Víctor Esquirol
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Y con este ya serán más de diez años seguidos de Viktor Orbán como Primer Ministro de Hungría. Si a ello sumamos los cuatro que ocuparon su primera legislatura (de 1998 a 2002), tenemos que este hombre de profesión jurista lleva un total de quince años en lo más alto del estamento político de su país.

Tiempo más que suficiente para ir moldeando la nación magiar a imagen y semejanza de las pulsiones más ultra-nacionalistas, euroescépticas y, en esencia, retrógradas que siguen latiendo en una sociedad que elección tras elección, va renovando su confianza en esta especie de líder de los tiempos más oscuros de la humanidad.

Orbán contra la comunidad LGTBIQ+

Por desgracia, Hungría ha vuelto a ser noticia estos días a razón de la acción legislativa de su parlamento, a raíz de la cual se ha confirmado el enésimo retroceso de la comunidad LGTBI en dicho territorio.

Ahora resulta que ya no se puede hablar de sexualidad en los colegios públicos (por miedo a afrontar cuestiones de identidad), y que obras tan asentadas en la cultura popular moderna como Harry Potter han pasado a ser objeto de consumo solo apto para la mayoría de edad. El aparato censor o directamente represor de la administración Orbán exhibe fuerza ante cualquier gesto o declaración que huela mínimamente a avance social.

Cine húngaro: un panorama vibrante… sin mirada LGBTIQ+

Y en contraposición a esto, el panorama cinematográfico húngaro respira, vibra y luce como uno de los más estimulantes de Europa. El relevo del maestro Béla Tarr se ha concretado con la obra de cineastas que siguen con renovadas energías (es el caso de Ildikó Enyedi, ganadora del Oso de Oro de la Berlinale con su útlima película hasta le fecha… y a la que le faltan pocos días para presentar su nuevo trabajo en Cannes, a competición por la Palma de Oro) y aquellos que levantan el vuelo como László Nemes, Kornél Mundruczó o, ya puestos, Benedek Fliegauf, Ferenc Török, Dénes Nagy o Árpád Bogdán.

Una hornada de cineastas sin lugar a dudas excelente… cuyo corpus fílmico, esto sí, no refleja en ningún momento las tensiones que el colectivo LGTBI está viviendo en su país.

De todas las películas húngaras que a lo largo de los últimos años han logrado entrar en la esfera festivalera o en el circuito de distribución internacional, se deriva un silencio en dicha materia que, de manera nada descabellada, puede ser leído en clave de confirmación del estatus de tabú que tan maquiavélicamente está implantando la doctrina Orbán.

Cine LGTBIQ+ en Europa del Este

Es muy difícil encontrar títulos recientes que se hayan acercado a los anhelos, sufrimientos y alegrías de la comunidad LGTBI en Hungría. Con lo que no queda otra que peinar las cinematografías vecinas, básicamente, las de Polonia, Rusia, Rumanía y Lituania, países donde por desgracia el peso de los prejuicios también se impone en este tema.

Ahí, el cine sí que ha servido como espejo y barómetro de la situación, y en este escenario dibujado colectivamente por artistas como Cristian Mungiu, Ilya Khrzhanovskiy o Malgorzata Szumowska, descubrimos que nos estamos moviendo por un abanico que empieza en las tinieblas más aterradoras y por suerte termina con una luz salvadora.

“Limpieza de sangre” en Chechenia

Empezamos el recorrido por Bienvenidos a Chechenia, de David France, documental de la factoría HBO que podemos encontrar en Movistar Plus. Se trata de un documento periodístico cuyo valor radica en su capacidad para poner frente al espectador una realidad -atroz- que se intenta silenciar por todos los medios.

Estamos, como anuncia el título, en la Chechenia de Ramzan Kadyrov, déspota que opera en la órbita de Vladimir Putin, y que desde 2016 ha declarado abiertamente un período de “limpieza de sangre” de su pueblo, consistente este básicamente en la detención, tortura y ejecución de los miembros de la comunidad LGTBI.

Un infierno del que muchos intentan escapar gracias a una especie de “ferrocarril subterráneo”: una organización que opera en la clandestinidad y que es capaz de procurar una nueva vida a los sujetos más amenazados por tan infausta política.

Allí donde nadie quiere estar; hablando de lo que nadie se atreve, David France y su equipo exponen y denuncian, pero sobre todo convierten la cámara en un punto de apoyo fundamental. La mirada documental deja de lado la narración de unas historias que no pueden caer en el silencio cómplice, y se dedica a crear lazos empáticos con las personas que tiene delante, en un emocionante y necesario gesto humanista que se erige como último bastión frente la barbarie.

DAU. Degeneration: odio al diferente

Y hablando de, aparece Ilya Khrzhanovskiy con DAU. Degeneration, pantagruélica película de casi seis horas de duración que en Filmin es presentada a modo de serie que es imposible que deje indiferente a nadie.

Con la excusa de dedicar un biopic a Lev Landáu, científico soviético que conquistó el Premio Nobel de Física en 1962, el joven director ruso acabó levantando uno de los proyectos más ambiciosos y controvertidos que nos haya dado el cine en los últimos tiempos. El experimento (nunca mejor dicho) consiste aquí en retratar los últimos años de vida de dicha celebridad, proponiendo para ello una inmersión total en su hábitat natural.

El Instituto, mega-complejo científico donde Landáu y los suyos llevaban a cabo sus investigaciones, es presentado como un oasis de libertad en medio de la frialdad represiva de la Unión Soviética. Un sitio donde la gente puede decir lo que piensa y hacer lo que le venga en gana… hasta que claro, las autoridades políticas se escandalizan y deciden poner fin a la fiesta.

Para ello, entra en escena una jauría de “súper-hombres” (algunos de ellos, neonazis en la vida real) dispuestos a limpiar toda la “suciedad” del lugar. Aquí es cuando DAU. Degeneration se revela como un escalofriante testigo de esta igualmente terrorífica tendencia que estamos viviendo hoy en día.

Ilya Khrzhanovskiy habla evidentemente del auge de la ultra-derecha. De su violencia (aviso: la película propone imágenes en su último acto realmente espantosas), de su odio hacia el diferente (la comunidad LGTBI, entre otros muchos enemigos que quiere encontrar), del miedo con el que intoxica su entorno. Un impresionante aparato fílmico que recrea, con una sensación de veracidad que asusta, la vida y la Europa de antes… pero que en realidad habla sobre los fantasmas que nos acosan en el presente.

Rumanía, homosexualidad soterrada

Ahí mismo, pero ahora en Rumanía, encontramos Más allá de las colinas, de Cristian Mungiu (disponible en Filmin) Monsters, de Marius Olteanu y Soldados. Una historia de Ferentari, de Ivana Mladenovic. Entre las tres, que a nivel estilístico y narrativo tienen más bien poco en común, aparece esto sí un telón de fondo que se repite.

Una homosexualidad latente pero soterrada, que se intenta dejar siempre de puertas para adentro, por miedo a lo que puedan pensar los que están fuera. Desde el drama rural al urbano pasando por la comedia documental más despiadada.

He aquí un tríptico en el que la gravedad del miedo y la vergüenza con la que algunos y algunas deben llevar su sexualidad, va dejando paso al desenfreno y deshinbición. A una especie de pulsión libertina que es pura y muy sucia expresión artística, o tal vez, la degenerada reacción a un entorno opresivo.

Polonia: zona “libre de LGTBI”

Algo similar sucede en Amarás al prójimo, de Malgorzata Szumowska (disponible en Filmin y Rakuten TV), aquí, la acción transcurre en el ámbito rural polaco (ahí donde, tengámoslo en cuenta, hay municipios que se enorgullecen de ser zonas “libres de LGTBI”); en una parroquia que, como cabía esperar, no ve con buenos ojos la homosexualidad de un cura recientemente destinado allí.

Con su gusto característico por la estilización (al borde del videoclip hipnótico), Szumowska da alas a esas almas que tan difícilmente pueden expresarse con libertad. Incide mucho en el entorno opresivo e intolerante en el que estas tienen que moverse, sí, pero al mismo tiempo vela por mostrarnos (y a lo mejor, para que nos enamoremos de) la frágil belleza de estos seres abocados al más funesto de los destinos: convivir con la incomprensión del prójimo.

Tres años después de esto, Tomasz Wasilewski nos hablaría en Estados Unidos del Amor (disponible en Filmin) de ese momento crucial en que su nación (seguimos en Polonia) empezaría a abrirse al mundo.

Ahora estamos en la ciudad, a principios de la década de los 90, en un mega-bloque residencial donde un grupo de amigas experimentará la progresiva descongelación de la Unión Soviética a partir del descubrimiento de un tesoro: la autonomía en los siempre inescrutables caminos del amor.

Sexo en la Polonia de finales del siglo pasado: en este compendio de vidas cruzadas, Wasilewski también encuentra espacio y tiempo para la comunidad LGTBI, y aquí, sorpresa, el acto de separarse de la sexualidad normativa, es visto no como una condena, sino más bien como un paso más en la liberación (íntima y colectiva) de un país y un pueblo que, por fin, podían respirar.

Chica conoce a chica

Por último, y de nuevo en Filmin, está  El verano de Sangaile, de Alante Kavaïté, título de culto moderno lituano (que como tal cuenta con su respectiva respuesta en otro país: Un amor de verano, de Catherine Corsini, disponible en Filmin, en Google Play y en Apple TV) de una belleza desbordante. Aparte de sus apabullantes logros estéticos, la principal virtud del film consiste en mantenerse siempre fiel a los postulados universales del coming of age.

Al retrato de una entrada en la vida adulta en el que, además, está también la homosexualidad. Chica conoce a chica en una historia de amores de verano que, en realidad, trata sobre la aventura del auto-descubrimiento. La cuestión LGTBI está ahí, por supuesto, pero no como elemento distintivo, sino todo lo contrario: como precioso factor hermanador.


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