Néstor Cenizo
17 Abr 2019 - Néstor Cenizo

Desde documentales como ‘Por la gracia de Dios’ a thrillers como ‘Nadie conoce a nadie’, pasando por comedias, la Semana Santa andaluza ha sido la excusa cinéfila perfecta para reír, orar o aterrorizarse

Semana Santa y cine es un binomio que casi de manera ritual se asocia a Los Diez Mandamientos o Ben-Hur. Películas de romanos en tecnicolor que por estas fechas aparecen puntuales a su cita con la televisión, y en las que la Pasión de Cristo aparece retratada con vocación presuntamente histórica.

La Semana Santa moderna es otra cosa y en Andalucía lo sabemos bien. Su análisis socio-cultural excede con mucho del propósito de FilmAnd, pero sí queremos recordar un puñado de obras recientes que reflejan, con más o menos rigor, un evento que cada año saca a las calles a cientos de miles de andaluces y forasteros.

La Semana Santa andaluza es un fenómeno tan complejo que da para todo: desde el documental de vocación esteticista hasta los monólogos descacharrantes, pasando por la parodia, incluso la no deseada.

La mirada documental

 

Semana Santa (Manuel Gutiérrez Aragón, 1992)

“He filmado una Semana Santa sin palabras”, dijo Gutiérrez Aragón a El País a propósito de esta película, producida por Juan Lebrón. El cineasta (y académico de la RAE) rodó 35.000 metros de película, que luego destiló para lograr la esencia de la Semana de Pasión sevillana en un documental de 30 minutos.

Para lograrlo se rodeó de los mejores: Antón García Abril y la Royal Philarmonic Orchestra de Londres en la música, José Luis Alcaine para la fotografía (toda la película está rodada sin iluminación artificial), Ben Burnett (La Guerra de las Galaxias) para el sonido y el asesoramiento de Manuel Caballero Bonald. El resultado es una obra que fija los cánones estéticos y documentales sobre la Semana Santa, reestrenada en 4K en varios cines andaluces este mismo año.

 

Por la gracia de Dios (Carlos Taillefer, 1978)

Podría ser el reverso de la obra de Gutiérrez Aragón. Donde una apuesta por la exposición al natural, Taillefer aportaba una mirada crítica al fenómeno. Mientras Semana Santa enfocaba a Sevilla, Por la gracia de Dios posó su mirada sobre Málaga. El estreno en la Semana de Cine de Autor de Benalmádena fue, según cuentan las crónicas, todo un escándalo. Más de 1.000 personas llenaron la sala, y al terminar de la película se pusieron en pie para aplaudirla o para abuchearla.

Por la gracia de Dios ponía el dedo en la llaga en un momento de supuesta apertura, y señalaba sin tapujos la connivencia entre poder político y religioso. En una entrevista con eldiario.es a propósito de la reposición de su mediometraje en la cineteca de Madrid, Taillefer denunciaba que 40 años después, TVE (que la emitió en su día) y Canal Sur habían rechazado volver a emitirla, a pesar de disponer de una copia.

 

Semana Santa: escenario (supuesto) de thriller

 

Nadie conoce a nadie (Mateo Gil, 1999)

La Semana Santa andaluza parece ser un momento y lugar propicio para situar una trama más o menos compleja de crímenes: durante siete días hay personas ocultas tras un capirote, un trajín ideal para que un asesino cometa sus fechorías y un ambiente parecido al ensimismamiento, que viene bien para pasar desapercibido.

Presentada (y muy publicitada) en su día como “la película del guionista de Amenábar”, que venía de triunfar con Tesis y Abre los ojos, y aquí firma la música, la cinta explotaba a conciencia los recursos narrativos que ofrece la Semana Santa: el asesino empieza a jugar con el protagonista un Domingo de Ramos, dejándole pistas entre nazarenos, referencias bíblicas e iglesias sevillanas.

 

Misión Imposible 2 (John Woo, 2000)

Están Tom Cruise y Anthony Hopkins intentando salvar el planeta, y aparecen por Sevilla, que celebra una procesión nocturna. Entonces se ve a unos sevillanos. Ellas visten como falleras, ellos llevan un pañuelo rojo, y todos bailan y portan antorchas, tiran flores y queman “cosas”. En estas llega Tom Cruise (el héroe Ethan Hunt) a una habitación donde le espera Anthony Hopkins, que le dice:

–  ¿Espresso? ¿Capuccino? Siéntese, señor Hunt. Estas fiestas son un fastidio. ¡Honrar a los santos quemando cosas! Curiosa manera de venerarlos, ¿no cree? Por poco me queman al venir aquí.

¿Qué hubiese ocurrido si hubiese habido Twitter en el año 2000?

 

Caníbal (Manuel Martín Cuenca, 2013)

En palabras de su director, Caníbal es “una película muy seria”, que cuenta la historia de Carlos (Antonio de la Torre), un sastre de categoría que de vez en cuando mata y come carne humana. La visión cruda y descarnada del psicópata es perturbadora, pero si hemos traído esta película aquí es porque Granada aparece retratada al paso de las procesiones.

El rodaje no fue sencillo, porque el mal tiempo durante la Semana Santa granadina de 2013 obligó a cancelar varias salidas procesionales.

 

Semana Santa: motivo para la comedia

 

Mi Querida Cofradía (Marta Díaz de Lope, 2018)

La historia de Carmen, la vicepresidenta de una cofradía rondeña, es la excusa para trasladar un mensaje más sutil sobre el empoderamiento de la mujer. Carmen es ambiciosa y apasionada, y aspira a la presidencia de su cofradía, aunque para ello tenga que vencer al machismo rancio y tabernario. La cofradía es el escenario de una batalla justa.

Es cierto, como admitió Marta Díaz de Lope al presentar la película en el festival de Málaga, que hay cofradías con hermanas mayores, pero la Semana Santa daba “el contexto perfecto”, porque añade “solidez y profundidad” (o el peso de las creencias y las tradiciones) a esta comedia de enredo.

El guion es más amable que crítico, pero en una entrevista con Filmand, la directora confesaba que había gente que podía sentirse ofendida. “Hoy en día ya nos ofendemos por todo”, señalaba. Finalmente, Mi Querida Cofradía fue un éxito, también entre los aludidos: al cura de Ronda le gustó el guion y la Hermandad del Santo Entierro no puso reparo alguno al rodaje.

Hasta tal punto fue así que Gloria Muñoz, su protagonista, llevó para el estreno la medalla de la cofradía, “como fetiche”.

 

El mundo es nuestro (Alfonso Sánchez, 2012)

El Cabesa y El Culebra saltaron a la gran pantalla con la historia de un atraco, que si se cuela en nuestra lista es por la descacharrante conversación inicial a lomos de una scooter y por una escena que señala el gran poder de las cofradías sevillanas. La película se abre con un larguísimo travelling en el que la cámara sigue a una moto. Sobre ella, dos nazarenos de camino de un atraco:

-“Tú qué crees, que los notas estos ricachones del yate se han ganado la pasta honradamente? ¡Una polla! Esa gente lo ha mangado, además lo han mangado legalmente, ¡tócate los huevos!

– Por eso nosotros los exprimidos tenemos todo el derecho a exigir justicia social, y si no nos la dan tenemos derecho a tomarla nosotros.

Ya con El Cabesa y El Culebra en la sucursal, se presenta un paso procesional, que exige continuar su recorrido a pesar del despliegue policial. “A ver, ¿quién manda aquí?”, pregunta el delegado del Gobierno. “Yo”, contesta el hermano mayor de la hermandad que quiere procesionar. “Venga usted para acá. ¿Esto qué es lo que es?”, pregunta el delegado.

“¿Cómo que qué es lo que es? Que nosotros tenemos que pasar por aquí”. “Estamos en medio de una acción policial, ¿o no se ha dado cuenta?”. “Muy bien, pero es que la Hermandad tiene que hacer su estación de penitencia delante de la capilla de la Virgen Santísima del Mayor Dolor”. Con la Semana Santa hemos topado.


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