Nunca es tarde para descubrir ‘Under the Skin’ (Jonathan Glazer). La revolucionaria marcianada protagonizada por Scarlett Johansson llega a nuestros cines con ‘solo’ 7 años de retraso. No importa: así estaba escrito en las estrellas

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12 Jul 2020
Víctor Esquirol
the nest

Echando la vista atrás, no puedo entender el impacto que para mí supuso Under the Skin sin pasar antes por uno de los procesos de espera más arduos (pero a la postre gratificantes) de mi vida cinéfila.

Esta película de Jonathan Glazer (autor del que ya me había enamorado gracias a sus dos anteriores largometrajes, pero también gracias a los anuncios y videoclips dirigidos por él) se presentó oficialmente en la 70ª edición de la Mostra de Venecia, es decir, en el año 2013.

Por aquel entonces, mi ronda festivalera aún no llegaba a dicha celebración, de modo que tuve que conformarme con leer, desde la distancia, las críticas y crónicas que se publicaban desde el Lido sobre las aventuras de una alien con especial predilección por la carne humana.

Fue terrible, por supuesto. Porque ahí estaba yo, pasando calor en casa, leyendo textos de testigos de privilegio que no había manera que se pusieran de acuerdo. Había quien hablaba de obra maestra; había quien, en un escrito de infausto recuerdo, aseguraba que ni los desnudos de Scarlett Johansson que se podían ver en dicho film compensaban el tedio y el desconcierto propuestos por Glazer.

Y como siempre en estos casos, tanto los de un extremo como los del otro consiguieron lo mismo: que yo quisiera lo imposible. Que deseara ver aquella película ese mismo día.

Pero no. Como he dicho, tocó esperar. Un año y dos meses, para ser exactos. Pasado este -agónico- período, pude por fin entrar en la sala Retiro, en una sesión del Festival de Cine Fantástico de Sitges, donde por fin desembarcaba Under the Skin en nuestro territorio.

Pero antes tocó no ceder a la tentación, o sea, pasar mucha hambre y sed. En aquel entonces, también, compartía piso con dos amigos que, como yo, podían muy fácilmente convertir la cinefilia en cinefagia. O sea, que cualquier excusa nos servía para “darle al Play”. Más aún cuando poco después de aquel Festival de Venecia, se puso en circulación en la red una versión (pirata, se entiende) de dicha película.

Estaban por un lado las ganas irrefrenables de ver aquel “Objeto Cinematográfico No Identificado”, y por el otro, la necesidad de disfrutar de aquella experiencia en condiciones óptimas. No solo se trataba solo de tener el primer contacto a través de una pantalla grande y de un sistema de sonido óptimo, sino también de hacerlo en un espacio donde se minimizaran las distracciones; donde estuviera yo y la película.

Y nada más. Tenía claro que así debía ser mi propio descubrimiento de Under the Skin, y cuando por fin llegó, así lo ejecuté. Y mereció la pena. Es más, estoy convencido de que la espera hizo que ese visionado fuera aún más mágico.

El “efecto hype” (según el cual los productos sobre los que volcamos altas expectativas se acaban hundiendo bajo el peso de estas mismas) se invirtió, potenciándose así las ya de por sí sobrenaturales virtudes de una cinta que, efectivamente, parecía (y parece) llegada de otro planeta; de otro tiempo.

Y ahí estaba yo, a punto de entrar en el Retiro, comunicando a mis amigos mi deseo de ver aquella película a solas. Y ahí estaba yo, dos horas después, dándome cuenta de que a lo mejor me había pasado todo este lapso de tiempo con la boca tan abierta como unos ojos que estaban a punto de salirse de las órbitas.

Y aquí estamos, casi siete años después de aquella aparición estelar en Venecia, a punto de presenciar un momento histórico para nuestra cartelera: el estreno, por fin (por-fin, ¡por fin!), de una de las películas más alucinantes de la última década.

Llega Under the Skin a nuestras salas, pero también a nuestro catálogo de Video On Demand. Avalon y Filmin van de la mano para subsanar una de las carencias más intolerables de la oferta fílmica patria. Porque más allá de aquel inolvidable pase en Sitges, poco más se supo en España.

Pero por suerte, nunca es tarde para descubrir esta “marcianada” de Jonathan Glazer; de hecho, hubiera seguido viniendo a cuento estrenarla en 2050, porque llegados a este punto, lo más seguro es que Under the Skin siga siendo una obra revolucionaria. No en vano, hablamos de la que con total legitimidad puede considerarse como la heredera espiritual de El hombre que cayó a la Tierra, legendario trabajo de 1976 dirigido por el siempre visionario Nicolas Roeg, y protagonizado por ese alienígena llamado David Bowie.

Una película, aquella, que todavía hoy parece caída del planeta futuro; una película, esta que ahora nos ocupa, a la que le pasa exactamente lo mismo. Esto se debe a una conjunción de elementos que convierte el cine en una expresión sideral; sublime en la búsqueda y caza de lo universal. Todo esto, por cierto, bebe de la novela homónima de Michael Faber, pero parece imposible; parece que esta historia solo pueda entenderse mediante los medios que solo puede invocar el séptimo arte.

Ahí está la ya mítica banda sonora de Mica Levi, y el cuidadísimo trabajo fotográfico dirigido por Dan Landin, y la clarividente puesta en escena a manos del genial Jonathan Glazer, experto en esta ocasión en fundir la realidad con una ficción para la que nuestro cerebro no está preparado, y una Scarlett Johansson que aprende no solo a mezclarse en el ecosistema escocés, sino más bien a camuflarse entre la -extrañísima- raza humana…

Imágenes, sonidos, situaciones y paisajes conjugados con una lógica que va mucho más allá de nuestro Sistema Solar… y que por esto, tarda años -luz- en alcanzar nuestra órbita. Ideal para perder la noción del tiempo, y para dar con la única verdad que ahora mismo importa: no se puede disfrutar de Under the Skin, en toda su -insondable- amplitud, sin haber esperado antes. Avalon y Filmin debían poner fin al maleficio el pasado 24 de abril, pero no pudo ser, el coronavirus lo impidió.

Y tocó esperar aún más. Y fue terrible, pero al mismo tiempo tuvo todo el sentido del mundo. Tenía que ser así, estaba escrito en las estrellas. Ahora que las ganas, la necesidad y la ilusión vuelven a desbordarme, toco madera… porque creo que podré decir que volveré a pisar una sala de cine en compañía de la película perfecta.


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