Hablamos con el director sueco Ruben Östlund, cuádruple ganador en los Premios EFA del Cine Europeo, celebrados en Reikjavik, con ‘El triángulo de la tristeza’, su corrosiva reinterpretación de la lucha de clases en un crucero de lujo

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21 Dic 2022
Alejandro Ávila
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Alejandro Ávila. Reikjavik

Antes de la gran noche vikinga de Ruben Östlund en Islandia, el cineasta sueco charló en su hotel de Reikjavik con periodistas de toda Europa que esperaban que el director de El triángulo de la tristeza repitiera su éxito en Cannes, donde se llevó la Palma de Oro.

Lo que quizás nadie esperaba es que cual guerrero nórdico sediento de sangre, Östlund arrasara en los Premios EFA del Cine Europeo (Aquí puedes leer la crónica) llevándose cuatro de los cuatro galardones: Película, Dirección, Guion y Actor, para su corrosiva, brutal, caricaturesca revisión de la lucha de clases.

Tras arremeter contra la familia (Fuerza mayor), el (superficial) mundo del arte (The Square), le tocaba su turno al sistema capitalista de clases. Una mordaz visión de la realidad, con un completo reparto con Zlatko Buric, Mejor Actor Protagonista en los EFA, o Woody Harrelson de capitán de un crucero o la (literalmente) vomitiva Sunnyi Melles… entre otros grandes personajes. La película llegará a salas de cine el 17 de febrero de 2023, de la mano de Ávalon y Elastica.

¿Cómo construyes tus personajes?

Lo más importante es dar con el actor adecuado para cada papel. Para mí, resulta muy divertido jugar con los personajes, ver las dinámicas que se establecen entre ellos y jugar con la idea de retorcerlos hasta que se conviertan en caricaturas. Son arquetipos, en los que invertimos mucho para lograr que se conviertan en actuaciones memorables.

¿Cómo se construyó uno de los momentos más especiales de la película, cuando una de las comensales del crucero vomita?

Decidimos que queríamos ir un paso más allá de lo que ponía en el guion. Yo lo quería llevar ese paso más allá, pero la actriz dio diez, ya que tiene la habilidad de poder provocarse el vómito. Es increíble lo mucho que se esforzó en la escena. El set de rodaje se movía, como si fuera un barco, y fue muy caótico grabarlo, controlarlo todo aquello. Mi equipo se ponía malísimo y costó mucho montar esa secuencia.

¿Eres pesimista o optimista respecto a la condición del ser humano?

Optimista, por supuesto. Los seres humanos somos geniales trabajando en grupo, nos hacemos fuertes cuando trabajamos como iguales. Yo compararía mis películas con la sociología, en el sentido de que me gusta explorar cuando el ser humano fracasa. Me interesan mucho las situaciones en las que fracasamos.

Hay muchos mensajes entrelazados en El triángulo de la tristeza, ¿cuál dirías que es el principal?

Quizás lo más sencillo sería decir que es el capitalismo, la lucha de los ricos frente a los pobres, el individualismo y si el capitalismo es bueno o malo. Sin embargo, lo que me apetecía era dar un paso atrás y ver a estos personajes en un contexto determinado, ya que es el contexto el que crea los comportamiento. Yo quería observar ese contexto.

Es decir, buscar los grises…

Eso es justo lo que quería hacer: qué ocurriría si la gente pobre toma el control, sin partir de ideas preconcebidas.

¿Crees que tu cine ha encontrado un punto de equilibro entre el cine de público y el cine de autor?

El problema en Europa es que cuando producimos películas, no lo hacemos con dinero que hayamos ahorrado y no tenemos que llegar al espectador. En cambio, el cine norteamericano tiene que enfrentarse al mercado: si fracasas, estás en la ruina y pierdes tu trabajo. Creo que resulta mucho más eficiente. Yo tengo un problema con el cine europeo actual, ya que los años 70 fueron salvajes, entretenidos y sorprendentes. Era un cine que se aprovechaba de la tradición europea y la norteamericana. Me gustaría encontrar respuestas en ambos, ya que el cine norteamericano está obsesionado con el público y Europa, poco a poco, está logrando conectar con su público. En Suecia, he propuesto que los cineastas tengan que hacer campaña por todo el país con la película, convirtiéndolo en un evento.

¿Quizás la clave esté en el humor?

Bueno, no necesariamente: mira a Michael Haneke, que resulta muy entretenido, aplicado el suspense. Creo que lo importante es tener personalidad. Me gusta mucho el cine de Europa del Este, su visión sarcástica de la vida. Quizás una de mis películas europeas de los últimos años sea Annette (Leos Carax), que te ofrece una experiencia visual muy potente, extraordinaria.

¿Cuáles dirías que son tus mayores influencias?

Leos Carax o Roy Andersson, al que pude estudiar en la escuela de cine. También Haneke, que representa algo que no podría haber ocurrido en otro lugar.

¿Y tu próximo proyecto?

Transcurre en un avión. Quiero enfrentarme al problema del entretenimiento, durante un vuelo entre Londres y Asia y qué ocurre cuando nos vemos condenados al aburrimiento de lo analógico. Nos hemos acostumbrados a estar permanente distraídos y cuando nos enfrentamos al aburrimiento, resulta una auténtica tortura que nos quiten ese dispositivo, el móvil, al que nos hemos vuelto unos auténticos adictos. Resulta muy interesante.


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