Ambientada en el mundillo tecnológico, ‘Halt and Catch Fire’ trasciende su ambientación para convertirse en un relato universal sobre la vida, la familia, los amigos, el amor, el trabajo y nuestra existencia

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19 Mar 2021
Manuel H. Martín
the nest

“Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar…” No hace falta terminar estos versos de Jorge Manrique ni desvelar qué supone ese metafórico mar. En el mejor de los casos, seguiremos en el curso de uno de esos ríos durante muchos años antes de llegar a la desembocadura y lo que venga luego. Sea lo que sea.

Hablando de versar sobre los ríos y las vivencias, qué mejor que hacerlo a través de una de esas producciones que nos permiten adentrarnos en medio de los cauces de las vidas de sus personajes: Halt and Catch Fire. Hablamos de la serie creada por Christopher Cantwell y Christopher C. Rogers y emitida por AMC en Estados Unidos entre 2014 y 2017, y que he descubierto años después gracias a su visionado en Filmin.

La trama (a priori) tecnológica de Halt and Catch Fire abarca diferentes años y etapas, y cuenta con tres grandes protagonistas: un visionario y contradictorio ser como Joe MacMillan (Lee Pace), el minucioso ingeniero Gordon Clarck (Scoot McNairy) y la incansable programadora Cameron Howe (Mackenzie Davis). Un trío protagonista acompañado de otros personajes tan interesantes y complejos como los principales, entre ellos Donna Clark (Kerry Bishé) y John Bosworth (Toby Huss).

Con la firma de Campanella

La serie, cuyos primeros episodios están dirigidos por el argentino Juan José Campanella, comienza en los años ochenta con el origen de los primeros ordenadores portátiles. A partir de ahí, capítulos y temporadas se van desarrollando en torno a la continua competencia por llegar a ser el primero en los juegos online, los antivirus, internet o las redes sociales, recorriendo los años ochenta y los noventa.

A pesar de hablar de dos décadas que suelen prestarse a la nostalgia comercial, Halt and Catch Fire da un paso hacia delante, con un relato atemporal y universal. Hay viejas computadoras y televisiones de tubo, el vestuario y la forma de vivir son propias de su contexto, pero lo vital y lo profesional podrían ubicarse en nuestros tiempos.

Los personajes son profesionales de su sector, hombres y mujeres que sobreviven al continuo dilema entre el trabajo y la familia, que sobreviven al contexto económico que obliga a estar continuamente avanzando hacia delante, quizás para evitar mirar atrás y a solucionar los problemas personales pendientes.

Una obra maestra

Todos viven en un mundo de producción continua y reinicios eternos, porque cada avance, al día siguiente, incluso a los pocos segundos, resulta obsoleto. La maestría de los creadores de la serie reside en crear un relato tecnológico que habla sobre el capitalismo, sus desmesuras y consecuencias, y que bien podría trasladarse a cualquier actividad económica de nuestros días.

Lo más interesante en este sentido de Halt and Catch Fire, a pesar de cierto hálito existencial en algunos de sus protagonistas, es su visión del mundo empresarial sin pretensiones ni adoctrinamientos.

Algunos de los capítulos podrían ponerse como ejemplos para debatir sobre gestión económica y recursos humanos en empresas. Vemos diferentes formas de entender un negocio, desde la opción cooperativa a la más jerárquica y competitiva.

Tensión entre socios

Asistimos también a momentos de tensión entre socios, a conflictos entre quien crea y quien vende la idea, vemos las diferencias entre el empresario -heredero- y el empresario hecho a sí mismo que comienza desde abajo trabajando o nos vemos obligados a soportar la constante lucha de egos.

Como todo en la vida que incluya un grupos de personas organizado, una empresa puede ser caldo de cultivo para generar un ambiente tremendamente competitivo, ególatra y tóxico, como vemos en las primeras temporadas de la serie.

Pero también, como ocurre en la cuarta temporada, una empresa puede ser un lugar de conexión para que diferentes talentos den lo mejor de sí, para crear un proyecto de equipo y los jefes sean vistos más como responsables que como simples superiores. Que la empresa puede convertirse en el lugar que nos permita crecer como personas y ser mejores en nuestras interacciones sociales.

El proceso es más interesante que el resultado

Quizás, entre todo lo que se nos cuenta, podamos sacar algún que otro consejo profesional que nos sirva para lo vital: el proceso suele ser más interesante que el resultado (sea éxito o fracaso), sobre todo si estás bien acompañado.

Halt and Catch Fire es una gran serie en lo que respecta a la narración de los conflictos y las complejidades del mundo profesional y empresarial y, posiblemente, una de las mejores que he podido disfrutar en mi vida en lo que respecta al tratamiento de los personajes. Sin duda, su mejor baza es la tremenda humanidad que desprenden sus protagonistas y el humanismo en el tratamiento de los relatos.

El arco dramático de todo el conjunto es espectacular. Los protagonistas recorren sendas luminosas y oscuras. Todos tienen que enfrentarse a sus miedos y a sus prejuicios, pero también a los nuestros. ¿Acaso, por ejemplo, no pensamos que Joe MacMillan es un sociópata de manual en los primeros capítulos? La serie, como la vida misma, nos sorprende con la evolución de Joe MacMillan. Y así lo hace con todos y cada uno de los personajes.

Una serie de espejos

Da igual que la serie verse sobre la tecnología en su superficie, porque lo verdaderamente importante son los espejos que nos ponen por delante. En Halt and Catch Fire caben muchos de los temas con los que, a lo largo de nuestro viaje, nos vamos a encontrar: la sexualidad, la libertad, el feminismo y el techo de cristal que encuentran muchas mujeres en su trayectoria profesional, la importancia del equilibrio familiar, los amigos que acaban convirtiéndose en nuestra verdadera familia, las relaciones humanas de calidad, la lucha entre quienes hemos sido y quienes no nos atrevemos a ser, las pérdidas de las personas que amamos y el dolor que generan, el amor y sus dificultades, las rupturas y los continuas resurrecciones…  es decir, la vida.

Pese a su complejidad temática, como buena serie de televisión, Halt and Catch Fire nos atrapa desde su arranque. Con cada avance nos preguntamos qué será lo próximo que ocurra y qué les deparará a los personajes. Nos movemos entre luces y sombras, entre grandezas y miserias.

Y nos emocionamos con los detalles. Lloramos al acercarnos al rostro de Joe MacMillan y comprender su dolor, entendemos a Gordon Clark y lo complejo que es separar las relaciones profesionales y las personales, deseamos que desaparezca el rencor entre Cameron Howe y Donna Clark o que el entrañable John Bosworth salga indemne de su última aventura.

Pasa la vida…

Halt and Catch Fire nos deja un vacío enorme cuando finaliza (¡Y vaya capítulo final!). He empatizado con sus personajes y ya me parecen “personas” que forman o han formado parte de mi vida. ¿No resulta grande esa sensación? No me ocurría desde A dos metros bajo tierra. Esa sensación, en un entorno audiovisual lleno de producción continua y reinicios eternos, es tremendamente alentadora.

Todavía hay (y estoy convencido de que las habrá) relatos donde lo más importante, por encima de la trama, es hablar de algo, tan sencillo y tan complejo a la vez, como es la vida y todo lo que nos ocurre por el simple hecho de seguir viviendo.

“Pasa la vida igual que pasa la corriente cuando el río busca el mar”, como escuchamos en la canción de Pata Negra. Y que lo importante sea eso: el paso, el proceso. Y ojalá nos quede mucho aún por delante para llegar al mar.


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