Europa necesita historias. Cuentos para reflexionar sobre su sociedad, su historia y su lugar en el mundo. Gagarine, Karen, Sweat, Ammonite, Queridos camaradas, Borrar el historial o Los días azules nos invitan a ello desde el Festival de Sevilla

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12 Nov 2020
Alejandro Ávila
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Europa necesita soñar, contarse a sí misma. Lo hace desde la revisión de la historia, pero también desde los cuentos. Así nos lo están demostrando los títulos que estos días vemos en la 17ª edición del Festival de Sevilla.

Gagarine (Fanny Liatard, Jérémy Trouilh): un cuento de otro universo

Gagarine (Fanny Liatard, Jérémy Trouilh) estaba llamada a ser una de las películas revelación de esa edición de Cannes que nunca se celebró.

Ambientada en los suburbios de París que llevan el nombre del cosmonauta ruso (Yuri Gagarin), la película arranca como un optimista cine social en la que Youri, un chaval -interpretado por un genial actor novel Alseni Bathily– lucha a brazo partido para que el insalubre bloque de piso donde viven, no quede demolido. Hasta ahí el Ken Loach.

La fantasía llega cuando Youri transforma su casa en una nave espacial. El edificio se vuelve ingrávido, los planos giran, las luces de ciencia ficción y el universo entran en un viejo bloque de los suburbios parisinos. La imaginación de Youri deja que 2001. Odisea en el espacio (Stanley Kubrick), Alien (Ridley Scott) y hasta Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg) tomen el control en una de las películas más sorprendentes del cine europeo de los últimos tiempos. Una delicia que nos propulsa, con enormes dosis de imaginación, hasta la estratosfera, mientras nos emocionamos hasta la lágrima bajo la mascarilla.

Karen (María Pérez Sanz): África cotidiana

Quien espere encontrar el menor asomo de Memorias de África -la película de Sydney Pollack, no la novela de Blixen- en Karen… va listo. María Pérez Sanz pasa de largo de la historia de amor de Pollack, para adentrarse en el oscuro crepúsculo de una Karen Blixen, interpretada por Christina Rosenvinge, que apenas cuenta con la compañía de su fiel capataz de granja.

Karen es un inteligente y sutil ejercicio de revisión de la obra de la escritora danesa, poniendo el acento en el binomio entre la vida y la muerte, con Rosenvinge basculando entre la fortaleza impostada y la fragilidad real, para mostrarnos un África donde perros, facturas y rosas sustituyen, con su cotidianidad, el exotismo de leones, acacias y cacerías.

Antonio Machado. Los días azules (Laura Hojman): 

En clave de revisión histórica no nos podemos olvidar de Antonio Machado. Los días azules de la directora sevillana Laura Hojman. La búsqueda de la belleza a la que ya apuntaba su película anterior, Tierras solares, el documental sobre el paso de Rubén Darío por Andalucía, queda aquí afinado de manera rotunda con los versos y la autenticidad pura de Machado.

Es cierto que los artificios de Darío quedan sustituidos por la verdad y el compromiso de Machado, pero también que Hojman ha subido un peldaño en el manejo de la técnica y te agarra del pecho para agitar tus emociones. Y vaya si lo hace. Manuel Machado decía que los poemas de su hermano Antonio llegaban directamente al corazón. De esta película se puede decir exactamente lo mismo.

La extraordinaria sensibilidad de la directora sevillana, los poemas de Machado en la voz del actor Pedro Casablanc, la música de Pablo Cervantes y la fotografía de Jesús Perujo convergen para dotar de sentido y emoción a “Estos días azules y este sol de la infancia”. Más allá de ese Machado convertido en bello lenguaje común o popularizado por Joan Manuel Serrat, hay una defensa férrea, que emociona hasta la médula, del Machado republicano. Ese que defendió toda su vida la cultura como elemento transformador de la sociedad.

Las lágrimas resbalan no solo de emoción pura con los versos machadianos, sino también con la injusticia de que tuvieran que pasar 42 años de democracia para que, por primera vez, un presidente del gobierno español visitara en Collioure (Francia) la tumba del poeta exiliado que murió de pena. Un gran poeta espera su tumba, rezaba un artículo para recaudar fondos para su sepultura. Machado no solo tiene ya su tumba, sino una bellísima película que le hace, por fin, justicia.

Queridos camaradas (Andréi Konchalovski): la vergüenza de la represión

Desde Moscú, un maestro se anima también a revisar el pasado de su país. Hablamos de Andréi Konchalovski, que se ha marcado una película magistral, profunda y emocionante con Queridos camaradas. Una predisposición inicial basadas en sus aspectos formales (blanco y negro, formato 4:3) nos podría inducir al terrible error de que se trata de una película aburrida, sesuda o de festival (esa expresión aciaga…).

Nada más lejos de la realidad. Konchalovski se apoya en estas decisiones formales para añadir verosimilitud a una historia contada con pulso narrativo magistral y unas interpretaciones soberbias, al servicio de una vergonzoso suceso de la Unión Soviética: la masacre a pleno luz del día en los años 60 de una población en huelga.

Konchalovski no solo logra destapar uno de los capítulos más turbios de la era soviética, sino que consigue emocionarnos y mantenernos en vilo durante sus dos horas de metraje.

Ammonite (Francis Lee): el deseo irreprimible

Antes de regresar al presente, visitamos una de las películas más esperadas de la temporada y que ha visto retrasado su estreno por la pandemia mundial: Ammonite de Francis Lee. La película se basa en una interpretación muy particular de la vida de Mary Anning, una palentóloga del siglo XIX, que marcó la teoría de la evolución de Darwin. Anning está interpretada por Kate Winslet (Titanic, El lector) y Saoirse Ronan (Lady Bird).

Lo que debería ser una cura de aguas marinas deviene en una tórrida relación entre ambas mujeres, donde las escenas de sexo adquieren todo su sentido para plasmar ese deseo reprimido por las normas sociales de la época. La película recuerda a una obra magistral como Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma) y a los apasionantes relatos tuiteros, recopilados ahora en un libro, de Cristina Domenech: Mujeres que se empotraron hace mucho.

Borrar el historial (Benoit Deléphine y Gustave Kervern): Matrix vuelve

Aterrizamos de nuevo en la realidad contemporánea, de la mano de las redes sociales, con Delete History. Benoit Deléphine y Gustave Kervern trazan aquí una sátira con el teléfono como foco de todos los males de nuestra sociedad. Una comedia, que a través de un grupo de amigos (y vecinos) de una anodina barriada francesa de viviendas adosadas, aborda el hiperconsumismo, la precariedad, el desempleo, las adicciones, el bullying o el chantaje sexual.

Es, dentro del humor, una crítica feroz a las plagas de la sociedad actual, que pone más el acento en el chiste ácido que en una cinematografía que, más allá del feismo granuloso de su fotografía o el sentido de la oportunidad de las canciones de su banda sonora, no hace grandes alardes narrativos ni estéticos.

Al más puro estilo Matrix, Délephine y Kervern nos plantean cómo las máquinas están devorando nuestra alma. ¿Habrá llegado el momento de tomar la pastilla roja y arrojar nuestro móvil al mar?

Sweat (Magnus von Horn): la esclavitud del éxito

La que no suelta su móvil ni queriendo es la protagonista de Sweat (Magnus von Horn), otra de las grandes películas llegadas con el sello de ese Cannes que nunca se pudo celebrar. Sylwia, una hipnotizante Madalena Kolesnik, es una influencer del fitness, con 600.000 seguidores: la Patry Jordan polaca.

La película reflexiona sobre el éxito profesional y el fracaso personal, la venta de la intimidad y la esclavitud de las redes sociales. Sylwia vende constantemente la imagen del éxito: guapa, sana, trabajadora, rica y en forma. Sonríe a todas horas, pero, en un momento de debilidad, confiesa su soledad y la sociedad, sus patrocinadores y sus colaboradores se lo hacen pagar.

La película denuncia, en definitiva, cómo las redes sociales se han convertido en un gran problema social no solo para las personas con cientos de miles de seguidores, sino para el común de los mortales: un nuevo Disneyland donde solo se nos permite ser (falsamente) felices. Aderezada con colores chillones y música electrónica, Sweat se convierte en el complemento ideal para otra obra reciente que reflexiona sobre el éxito y el fracaso: El último baile, la serie documental de Netflix, protagonizada por Michael Jordan.


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