El activista demócrata José Luis Úriz participa en el documental ‘Billy’, que se estrena en el Festival de Sevilla. Entrevistado para el documental, reclama que en este país nunca más vuelva a existir tortura, impunidad ni silencio

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11 Nov 2020
José Luis Úriz
the nest

El Festival de Sevilla estrena Billy, un largometraje documental del cineasta Max Lemcke, en la que he colaborado dando mi testimonio. Reconozco que aún no he visionado el montaje completo, lo dejo para la emoción que ese día experimentaré en la sala de proyección de su estreno. Eso pensaba hasta que el dichoso coronavirus nos ha demostrado que no lo va a permitir, por lo que deberá ser desde casa de manera telemática.

De alguna manera ese trabajo de Lemcke supone pagar una parte de la deuda, que la sociedad española tiene con las gentes que sufrimos a ese siniestro personaje. Gracias por tanto a Max por su inmensa labor didáctica. Hacía falta. Antonio González Pacheco fue (digo bien porque el coronavirus se lo llevó el pasado mayo), un miembro relevante de la brutal Brigada Político Social BPS, que durante el tardo franquismo persiguió con saña, a los demócratas que luchábamos para finiquitar aquel régimen de opresión y terror.

La crueldad de Antonio González Pacheco

Su actividad se centró fundamentalmente en el ámbito universitario, aunque no sólo, donde se convirtió en una oscura leyenda con su apodo; ‘Billy, el niño’, supongo que debido a su forma aniñada, lo que le gustaba tirar de pistola y la crueldad que le caracterizaba. La BPS cumplió el papel de perros de presa del régimen y allí se dieron cita policías profesionales que querían lanzar sus carreras, adictos a la ideología dominante y también psicópatas como ‘Billy’ que disfrutaban haciendo sufrir, humillando a sus víctimas. Su misión al ejercer sus interrogatorios y sus torturas no era tanto conseguir información, como destrozar, quebrar física y psicológicamente a sus víctimas.

La película trata sobre eso y recoge los testimonios de una veintena de demócratas, entre ellos el mío que en diversas ocasiones he relatado en mis artículos, que durante los años setenta fuimos detenidos, interrogados, sufrimos malos tratos y torturas a manos de ese canalla. Supone un relato colectivo desgarrador de aquel sufrimiento, que durante demasiado tiempo esta democracia ha mantenido silenciado.

Voz a los sin voz

Max ahora nos da voz a los sin voz. Entre otros José María ‘Chato’ Galante, al que las paradojas del destino el virus arrebató también, justo unos días antes que ‘Billy’. Víctima y victimario unidos por la pandemia; justicia a medias. El día 11 de Noviembre, fecha de su estreno en el Festival, será uno de esos que se consideran históricos, porque quienes asistan a su visionado no solo estarán observando una pequeña parte de nuestra historia no tan lejana, también escucharán a quienes dejaron una parte de su vida para que ahora podamos disfrutar de esta democracia.

Un sistema imperfecto, defectuoso en algunos aspectos, con elementos a corregir, pero democracia al fin y al cabo. No se hablará de gentes ya fallecidas o asesinadas en las cunetas, sino que serán testimonios en primera persona de víctimas vivas. Es probable que también hablemos en nombre de otras que no pueden hacerlo.

Nuevas generaciones

En mi caso además de en ‘Chato’ pensaré en Enrique Ruano. Ojalá ese día acuda mucha gente joven, porque necesitamos que las nuevas generaciones conozcan lo que aquí ocurrió hace apenas 50 años. Es probable que al ver y escuchar nuestros testimonios, puedan apreciar con nitidez las diferencias que existen entre la dictadura de la que disfrutó ‘Billy’ y la democracia de ahora. Les pediría que después extiendan por doquier su experiencia de ese día, para que más y más jóvenes lleguen a verla y escucharnos.

Los jóvenes podrán apreciar con nitidez las diferencias entre la dictadura de ‘Billy’ y la democracia de ahora

Lo necesitamos, será así una labor didáctica de higiene democrática imprescindible. Entonces te perseguían, te detenían, te apaleaban o torturaban, por el delito de luchar por las libertades en nuestro país, por el sólo motivo de opinar diferente que el poder establecido. Para ello utilizaron a sus perros guardianes de la BPS, a gentes como “Billy”, para garantizar su perpetuación.

Sin castigo y con medallas

Resulta terrible cuando en pleno interrogatorio a algunos de nosotros nos aseguraba con sorna: “Cuando el franquismo pase yo seguiré aquí, porque siempre harán falta policías”. Lamentablemente tenía razón al aseverarlo, siguió, sin castigo y con medallas. Los que escucharéis allí, sólo y nada menos demandamos memoria, justicia, reparación.

Memoria para que jamás se olvide lo que ocurrió, que quede en la memoria colectiva de nuestro pueblo, justicia para que quienes lo perpetraron de alguna manera lo paguen y reparación para que la sociedad, nuestros dirigentes, reconozcan el sufrimiento que padecimos.

Pedimos reparación para que la sociedad, nuestros dirigentes, reconozcan el sufrimiento que padecimos

Por ejemplo que la próxima Ley de Memoria Democrática recoja la retirada de cualquier condecoración o reconocimiento de quienes nos maltrataron y torturaron y en concreto de ‘Billy’ a manera póstuma. Desde estas líneas animo a que se acuda al estreno de  Billy en el Festival de Sevilla y que después se haga un esfuerzo para distribuirla en cines y televisiones a lo largo y ancho del país, con el fin de que sea vista por la mayoría de la ciudadanía.

Nos lo deben, nos lo debéis. Ahora que se habla tanto de una serie como Patria, existe también la obligación de que esta película se abra un hueco en la programación. Que en este país nunca jamás existan torturas, ni impunidad, ni mucho menos silencio. Aunque no podamos estar físicamente, nuestro testimonio, nuestra voz, retumbará como un enorme grito a favor de todo ello. Un grito que deberá llegar a toda la ciudadanía. Veremos.


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