#CuarentenaDeCine: En plena crisis sanitaria el D’A Film Festival Barcelona llega a nuestros hogares refugiándose en Filmin, plataforma donde estos días podemos disfrutar de algunos de los trabajos de los mejores cineastas a nivel internacional

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4 May 2020
Víctor Esquirol
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Llegó el momento esperado… o el más temido. A lo largo de los últimos años, el D’A se ha ido confirmando como una de las cintas más ineludibles en el calendario cinéfilo de Barcelona. El festival de cine dirigido por Carlos R. Ríos se ha hecho fuerte afinando radares que llegan a todos los rincones del mundo, pero que también prestando máxima atención a la producción de un talento local que, como se ve en cada temporada, florece con pasmosa potencia al margen de las fluctuaciones a las que inevitablemente está ligada la industria.

Por esto, lanzarse a descubrir la programación del D’A ya es sinónimo de convivir, durante los días en que se celebra dicho certamen, en una especie de oasis donde películas de todas las nacionalidades y registros se juntan con el noble propósito de mostrar al cine como un arte vivo, que agita nuestra conciencia; que estimula nuestro espíritu.

Entonces, ¿por qué temía la llegada de esta edición? Por aquello que ahora mismo todos estamos sufriendo. Por esta maldita crisis médica (ya veremos si política, social, económica…) que ha puesto a medio mundo en estado forzado de reposo. De confinamiento.

En esta nueva normalidad hacia la que nos dirigimos (o en la que ya estamos instalados), no hay lugar para las salas de cine. No al menos para esa gloriosa imagen de un patio de butacas lleno de gente, de espectadores ávidos por sumergirse en aquello que la gran pantalla está a punto de mostrar.

Y ahí estaba el temor: el miedo a enfrentarse a una realidad aparentemente alérgica a este tipo de celebraciones. El pánico a un año sin D’A… Pero no, afortunadamente no. Haciendo gala de unos reflejos casi felinos, la organización de este festival anunció, a los pocos días de haberse decretado el estado de alarma, que esta temporada no se quedaría sin su respectiva edición.

Una edición digital

La solución pasaría (y de hecho, está pasando estos días) por asociarse con el VOD. La plataforma Filmin (solo podía ser esta) acudió al rescate, y ahí mismo podemos ahora disfrutar de una selección de más de 60 títulos que vienen a ser un valiosísimo barómetro del estado actual del cine de autor.

Esta semana, la #CuarentenaDeCine celebra el D’A más al alcance de todo el mundo, y desde aquí, quiero hacer llegar una batería de recomendaciones (internacionales, reservaré las nacionales para la siguiente entrega) para estos días que, por obra y gracia del séptimo arte digitalizado, están siendo un poco más llevaderos.

Little Joe, lo último de Jessica Hausner

La primera es Little Joe, última película hasta la fecha de Jessica Hausner, una de las cineastas que mejor tono ha mostrado a lo largo de la última década, y cuya obra, por cierto, recibe en el marco de este D’A una más que merecida retrospectiva (que evidentemente puede disfrutarse también en Filmin). El caso es que con Little Joe, la directora y guionista austríaca firmó una de las piezas de ciencia-ficción más inquietantes (y estimulantes) de los últimos años. La historia nos presenta a una científica que ha dado con un hallazgo impresionante: una flor que al olerla, transmite una potente sensación de felicidad.

El problema, como ya debería intuirse, está en que dicho sentimiento es artificial, o sea, que no se debe a reacciones desarrolladas de forma natural dentro de nuestro organismo, sino a un estímulo externo cuyas intenciones pueden ser mucho más malévolas de lo que en un principio podría parecer.

Y así va jugando Little Joe con sus personajes… pero también con nosotros, espectadores que de repente estamos bajo el influjo de una sustancia extraña y desconcertante, que nos hipnotiza… y que nos lleva a replantearnos las mismísimas bases sobre las que levantamos nuestras relaciones más íntimas, aquellas que a lo mejor desembocan en ese tan deseado chute de felicidad.

Jessica Hausner invoca magistralmente estímulos auditivos y cromáticos para que la percepción que tenemos del mundo se convierta en una especie de sospecha al borde de la paranoia más absoluta. Es tan desesperante que, en efecto, solo puede ser producto del mejor arte: aquel que jugando con las armas exclusivas del formato donde opera, es capaz de dinamitar los fundamentos de nuestras existencia.

Roubaix, une lumière: elegancia noir

En la misma sección Direccions encontramos Roubaix, une lumière, nuevo trabajo de Arnaud Desplechin, seguramente uno de los directores más irregulares en el mundo autoral… pero también, uno de los más gratificantes, cuando consigue dar en la tecla.

Afortunadamente, esta una de esas ocasiones. La película está planteada como un noir en el que transita elegante y pacíficamente la figura de Roschdy Zem, cuya impresionante presencia (en una de las composiciones actorales más memorables del año) se impone al caos y desesperación imperantes en una comunidad (la de la ciudad del propio director) al filo de la destrucción debido a una miseria que es tanto económica como moral.

Con la excusa de unas investigaciones policiales que se van liando a medida que van avanzando, Desplechin despliega todo su talento a la hora de desenmarañar los nudos de guion… empapándose en dicho proceso de un calor y una luz humanas que solo pueden emanar del mejor conocedor de nuestra propia condición.

Un blanco, blanco día: rico universo islandés

En la sección Talents podemos encontrarnos con Hlynur Pálmason, quien con Un blanco, blanco día confirma el envidiable estado de forma en el que actualmente se encuentra la cinematografía islandesa. Seguimos navegando por las turbias aguas del noir, solo que ahora lo hacemos a través del peculiar filtro de un autor al que no le importa importa lo más mínimo ir visitando todos los géneros que le vengan en mente.

Así, el thriller adquiere de repente tintes de comedia negra, incluso de viaje semi-onírico que nos lleva a contemplar, por ejemplo, el eterno descender de una piedra por una cuesta igualmente infinita. Todo es posible en el universo de Pálmason, un director que filma como los ángeles… y que con ello nos lleva por sendas infernalmente adictivas.

This is Not a Burial, It’s a Resurrection: el monstruo del progreso

En la sección Transicions, podemos viajar al remoto Lesotho para descubrir el apabullante talento audiovisual de Lemohang Jeremiah Mosese. Su This is Not a Burial, It’s a Resurrection es un memorable acercamiento a una comunidad tan marginada, que en efecto está a punto de ser engullida por el monstruo del progreso.

Esta película está planteada como una especie de poema épico en defensa de una tierra y de sus gentes, totalmente ajenas al ojo y la sensibilidad occidental… pero que aquí se descubren como el marco perfecto para que un espíritu poético (que cree que la muerte puede ser también el paso previo a una vida que late con más fuerza) despliegue sus alas y nos embelese con una batería inagotable de recursos estéticos, y con mucha alma.

Ghost Tropic: silencios compartidos

Volviendo a terrenos más conocidos, en Ghost Tropic, Bas Devos se vuelve a confirmar como uno de los talentos a los que prestar más atención. En esta ocasión, el director belga nos propone una odisea urbana nocturna marcada por los silencios y las soledades compartidas.

Muy en la estela del cine de Damien Manivel, esta película hace de lo sencillo un complejo y muy reivindicable ejercicio de cine de lo humano, en el que las figuras que se mueven por espacios artificiales inmensos, se niegan a ser engullidas por estos; al contrario, luchan discreta pero decididamente por encontrarse las unas a las otras… y llegar así, sanas, salvas y reconfortadas, al refugio inexpugnable del hogar.

Sátántangó: el genio inagotable  de Béla Tarr

Por último, y para los amantes de los retos, en la sección Especials podemos disfrutar, por fin, de las siete horas (partidas en tres partes, esto sí) de Sátántangó, obra cumbre del maestro húngaro Béla Tarr, genio irrepetible en el arte de conjurar las fuerzas de la naturaleza para enfrentarlas, de nuevo, a unas figuras humanas que se tambalean ante un espacio y una atmósfera que podrían estar anunciando el mismísimo fin de los tiempos.

Ideal, a lo mejor, para afrontar la que está cayendo… y como decía, para sobrellevar una cuarentena que, visto lo visto, no es tan insufrible en compañía del mejor cine.


Un comentario sobre “Un festival autoral para el confinamiento

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