Tan solo dos días de competición oficial y faltan aún platos muy fuertes. Así que las apuestas siguen abiertas y todo puede ocurrir.

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21 Mar 2022
Carlos Loureda
the nest

En la última novela ganadora del premio Goncourt, La plus secrète mémoire des hommes, el escritor senegalés Mohamed Mbougar Sarr parecía estar rememorando Cinco Lobitos: ‘’la vida no es más que el guion de la palabra peut-être (quizás)’’. En la ópera prima de la guionista y directora, Alauda Ruiz de Azúa, seleccionada en la Berlinale de este año, la existencia también se encuentra en ese discreto signo de puntuación.

Entre ese ‘puede’ inicial, un nuevo miembro que llega a la familia y todo lo transforma, y ese ‘ser’, que algún día por ley natural desaparecerá, se atrinchera ese guion medio, intentando pasar desapercibido: ni bajo porque no todo nos clava a tierra para ponernos de rodillas, ni alto porque es imposible existir en una euforia indefinida.

La cineasta, en tan solo un año de una familia, eso sí, muy del norte, en las que los silencios cuentan más que las palabras, y una canción tradicional puede ser la más bella declaración de amor y el más desgarrado reproche, resume la existencia de todo ser humano. Por ello, la película va directamente al corazón y cada espectador empatiza en todas las situaciones, y en las facetas de la personalidad de sus personajes.

Cinco lobitos suena tan perfecta como la música de la compositora de su banda sonora, Aránzazu Calleja (que de nuevo vuelve a sorprender por su capacidad para transcribir en notas toda la esencia de la película). Una partitura, tan discreta como el guión de la palaba peut-être, que aún resuena más, al estar tan bien encuadra entre prolongadísimos silencios. Esas líneas de silencio, sublimemente escritas en las miradas de los protagonistas, que dicen más que muchas frases, y son tan sabiamente utilizadas por su directora.

Mención especial merece el equipo de actores: impecable Ramón Barea, Laia Costa en su mujer papel desde Victoria (2015) y Susi Sánchez en estado de gracia absoluto. Cuando Ramón Salazar estreno en 2018 La enfermedad del domingo, ella nos brindó una de las más intensas emociones cinematográficas del año. En una singular escena, esta grandísima actriz interpreta a una señora distinguida, segura de sí misma, poderosa e influyente que camina por su amplia mansión. Impecable, indomable, impetuosa avanza por el salón, dispuesta a seguir irradiando su irresistible atracción e indudable poder.

Lo inesperado acontece. Tropieza desde la altura de sus taconazos. Un microsegundo de angustia en un instante de inestabilidad que ha derrumbado su seguridad. Más digna aún que un segundo antes, recobra el equilibrio y reinicia, como si nada, su desfile por la vida. Solo la sutileza interpretativa, la expresión contenida corporal y la elegancia de una actriz de talla de esta actriz puede bordar una, en apariencia, tan sencilla escena. En Cinco lobitos Susi Sánchez no lleva tacones altos, pero su actuación es de altura: un deslumbrante recital de interpretación (lloverán nominaciones y premios).

Como es de esperar que ocurra con Cinco Lobitos en el festival de Málaga. Ante tal obra de arte existencial, la tentación del jurado de otorgarle el mayor galardón es demasiado jugosa. La duda es si se detendrán en uno o añadirán más premios (¿dos…tres?).

Quizás (traducción al español de la palabra francesa ‘peut-être’) no tiene guión en medio. Sin embargo, es curioso que se pueda usar en singular o plural. Cinco lobitos invita al espectador a no utilizarla en singular, como si solo hubiese una única posibilidad, sino a explorar los múltiples quizás que nos ofrece la vida.

Largometrajes Sección Oficial del 25º Festival de Málaga

Título original: Cinco lobitos. Dirección y Guion: Alauda Ruiz de Azúa. Reparto: Laia Costa, Susi Sánchez, Ramón Barea, Mikel Bustamante. Música: Aránzazu Calleja. País: España, 2022. Duración: 104 minutos. Distribución: BTeam Pictures. Estreno: 20 de mayo de 2022

Sinopsis: Amaia acaba de ser madre y se da cuenta de que no sabe muy bien cómo serlo. Al ausentarse su pareja por trabajo unas semanas, decide volver a casa de sus padres, en un bonito pueblo costero del País Vasco y así compartir la responsabilidad de cuidar a su bebé. Lo que no sabe Amaia es que, aunque ahora sea madre, no dejará de ser hija.


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