Marta Jiménez
Marta Jiménez

Películas indies rodadas en la sierra de Sevilla que triunfan en festivales del mundo. Documentales que son ficción y documentales que son memoria y hasta activismo. Los ecosistemas andaluces retratados en casi todas sus vertientes con el empoderamiento femenino, delante y tras la cámara, por bandera.

Ese podría ser el titular del cine andaluz en 2018 que ha aunado comedia, drama, sainete, terror fantástico, tragedia y hasta una buena taquilla en algunos casos. También, las benditas coproducciones que han traído a directores cool a rodar al sur.

En mi carta a los Reyes Magos de Oriente pido aún más producciones andaluzas y algo más de conciencia colectiva y de apoyo para que el cine andaluz se convierta en la industria que soñamos. Porque todo lo demás ya existe.

 

Viaje al cuarto de una madre, de Celia Rico Clavellino.


El debut en el largo de Celia Rico Clavellino ha sido un retorno a la mesa de camilla de su hogar familiar en Constantina, en la sierra de Sevilla. Con su aplaudida película ha logrado retratar el ecosistema íntimo andaluz sin proponerse hacer ningún retrato sociológico de su tierra, sino apelar a la biografía de cualquiera a través de una historia sobre la grandeza de las pequeñas cosas. Una película sobre lo que no se ve pero se siente a través de la cotidianeidad. Celia ha filmado desde su pueblo algo universal.

 

Tu hijo, de Miguel Ángel Vivas

José Coronado convertido en padre coraje bajo la música de Fernando Vacas. Dos de las muchas andalucías que conviven contrapuestas, con sus dobles y triples morales,  se muestran en esta película carne de cinefórum. Y a la vez, la sideral distancia entre el universo de los jóvenes y adolescentes y el de los adultos. De nuevo, una historia que planea sobre el machismo instalado en la sociedad y la violencia de género y que pone al espectador, sobre todo si es padre o madre, contra las cuerdas con un mensaje claro: la masculinidad mata.

 

Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta


Desde el territorio mítico del cante, San Fernando, Isaki Lacuesta volvió a seguir a los hermanos Israel y Cheíto Gómez Romero catorce años después de La leyenda del tiempo llevándose la Concha de oro en San Sebastián de paso. También arrasó con la frontera que separa la ficción del documental, aunque en el fondo se trate de una historia escrita y filmada de forma hiperrealista. Detalles como el impresionante tratamiento de los sonidos del filme, el cante de Kiko Veneno y la música de Refree hacen que esta película vaya creciendo dentro de cada espectador.

 

Camarón: Flamenco y revolución, de Aléxis Morante

Alexis Morante firma un documental a la altura del mito de garganta telúrica: José Monje Cruz, Camarón. Un cantaor lorquiano y castigado por la vida del que se recuperan imágenes y se dan a conocer otras con la apasionada voz de Juan Diego como elemento unificador. La rebelión que supuso La leyenda del tiempo y cómo su entorno más cercano impidió la profundización en aquel flamenco, haciendo que aquella ruptura no fuera tal es todo un documento para la posteridad.

 

23 disparos, de Jorge Laplace

Investigar de forma rigurosa e intentar reconstruir a través de la narración de testigos con el fin de esclarecer una muerte ocurrida hace 40 años es hacer activismo con la cámara. Si encima un documental  sirve para explicar a las jóvenes generaciones un hecho que desconocen, cuando más de dos millones de andaluces exigieron en la calle una autonomía equiparable a las de las comunidades históricas en una jornada que pasó del verde y blanco de la mañana al negro eterno de lo irreversible, que declamaría Antonio Banderas, puede que no sea hacer justicia pero, desde luego, se le acerca.

 

Mi querida cofradía, de  Marta Díaz de Lope Díaz

Tratar el empoderamiento femenino en uno de los ecosistemas más rancios, reaccionarios y machistas que existen en la latitud sur, las cofradías, es uno de los muchos equilibrios que realiza esta película que logra disparar y ridiculizar a determinados aspectos de nuestra Semana Santa sin ofender los sentimientos religiosos. Y no solo se aplaude el hecho de localizar una comedia en Ronda para variar, sino y sobre todo, que  la imagen de la gran Gloria Muñoz subida al paso de palio como la hermana mayor coronada a la que rendir pleitesía debería saltar del sainete y convertirse en historia de España.

 

La cosa vuestra, de María Cañas

La videoguerrillera María Cañas pone su sello de videoartista en el año del “no es no” con esta pieza llena de vídeos, imágenes y memes que supone una una inmersión en el imaginario de los San Fermines. “Festiva, cómica, antitaurina, feminista, reivindicativa, triste y feliz a partes iguales”, como escribía Nuria Cubas. Un bálsamo de la resistencia, del humor y del amor ante el horror a través de un documental experimental en el que se reflexiona sobre la violencia institucionalizada contra los toros y normalizada contra las mujeres en las fiestas de San Fermín, toda una metáfora del universo mundo.

Tierras solares, de Laura Hojman

Recuperar los paseos por Andalucía de Rubén Darío en el documental Tierras solares, todo un canto a la belleza y al arte, no solo ha permitido descubrir al gran renovador de la poesía en lengua española como viajero incansable y escuchar sus versos en la voz de Pedro Casablanc, sino también viajar a la Andalucía del principios del siglo pasado. “Uno de los pocos lugares de la tierra en los que uno querría permanecer”. Una tierra de sol en la que el poeta no olvida la pobreza reinante y la indolencia y falta de vigor que mostraba -y sigue mostrando- la sociedad.

 

Ánimas, de Laura Alvea y José Ortuño

Las referencias dejadas al espectador como miguitas a lo largo del metraje, la empatía que se crea con algunos personajes de esta historia de terror fantástico protagonizada por adolescentes solitarios y el ambiente teatral que acompaña a Ánimas hacen de la última película del tándem Alvea-Ortuño una declaración de amor al género llena de guiños cinéfilos. Una historia psicológica sobre el miedo a crecer, a madurar y a tener que enfrentarse a la realidad.

 

Jaulas, de Nicolás Pacheco

Otra prometedora ópera prima en forma de una fábula contemporánea llena de simbolismo. Otra historia que refleja a las mujeres como referentes de su propia liberación, en este caso no la propia, sino la que busca una madre para su hija como metáfora de ese cambio prometedor del papel de la mujer que se vive en el mundo. Todo ello con la opresión de los barrios marginales andaluces como telón de fondo y una finísima dirección de actores del director Nicolás Pacheco.

 

El mundo es suyo, de Alfonso Sánchez

En la era de la corrección política, los límites del humor, los ofendiditos y la tienda de los chistes del anuncio de las navidades; en el año en el que han existido condenas por tuitear, rapear o hacer humor vuelven los compadres al ruedo del cine sin miramientos políticamente correctos, haciendo saltar por los aires la presunta idea de una cohesión territorial andaluza, desde luego inexistente a través del humor. Lo que consiguen estos Rinconete y Cortadillo del siglo XXI es que nos preguntemos si realmente hemos cambiado tanto.

 

Quién te cantará, de Carlos Vermut

Los ojos vampiros de Eva Llorach contrastan con el color atlántico de las playas de Cádiz en este melodrama musical con tintes almodovarianos que ha logrado que el autor Carlos Vermut ruede en Andalucía. Una película desconcertante y valiente llena de mujeres rotas y actrices en estado de gracia.

 

Fotogramas extra (con conexión andaluza)
El reino, de Rodrigo Sorogoyen

Una de la primeras películas que aborda con libertad y profundidad el pozo de la corrupción española contemporánea caiga quien caiga y disparando a todo, a medios y a silencios cómplices, difícilmente hubiese funcionado, por muy buen guión y mano de Rodrigo Sorogoyen, sin esa fuerza de la naturaleza actoral que es Antonio de la Torre.

 

Arde Madrid, de Paco León

Los ocho capítulos de la dolce vita de Ava Gardner en Madrid filmados por Paco León son puro cine en blanco y negro. Los personajes andaluces que encarnan León ,Villagrán y, sobre todo, la enorme Ana Mari, esa mujer de Arquillos (Jaén) dentro del cuerpo cojo de Inma Cuesta, un símbolo que viaja de la decencia franquista a la liberación sexual, también son trasunto de la emigración andaluza al Madrid de plomo de la década de los 60. Todo eso y mucho más, junto a los guiños del director hacia compañeros del CAC como la gran Pilar Gómez, hacen esperar la segunda temporada de esta serie con tanto deseo como el de los Perón a ser invitados a una fiesta en el Pardo.


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