Desde el Festival de Sevilla, Alejandro G. Salgado profundiza en el gran clásico de Kiko Veneno: Échate un cantecito en su 30º aniversario. Lo hace con ‘Un día Lobo López’, un colorido documental que homenajea al artista innovando en las formas

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10 Nov 2022
Alejandro Ávila
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Una resurrección. Un reencuentro. Un resurgir. Échate un cantecito fue el disco con el que Kiko Veneno regresó en 1992 con aires renovados y seguro de sí mismo. De ahí surgieron canciones míticas como Joselito, Superhéroes de barrio, En un Mercedes blanco… o Lobo López, que da nombre al nuevo documental de Alejandro G. Salgado, Un día Lobo López, que ha celebrado este miércoles su estreno mundial en el Festival de Sevilla.

En un rincón de Triana, acompañado de Kiko Veneno, Alejandro Salgado cuenta que el documental surgió como idea de la productora Irene Hens (La Maleta Films). “Como buena productora, se dio cuenta de que no se había hecho nada en condiciones sobre Kiko Veneno y pensaba que sería muy buena idea rescatar un trozo muy importante de su carrera: los años de Échate un cantecito y maridarlo con las transformaciones nacionales y locales de la época, haciéndolo convivir con lo artístico”.

Para convencer a Kiko de que merecía la pena hacer un largometraje juntos, Salgado le enseñó su documental Nuevo día, basado en la vida y obra del cantaor y músico Manuel Molina. “Me llegó al alma la relación que hace de Todo es de color, Triana, Lole y Manuel, Goma y cómo sale esa canción. Aquello ocurrió en el 75, un par de años antes de que yo empezara en la música, cuando Sevilla se convirtió en el foco más innovador de la música española, alcanzando un impacto inmediato, en el que resonaban los ecos de Lorca y la poética popular. Lo que hacía ahí Alejandro no era una relación anecdótica, sino que hilaba cosas esenciales”, explica el propio Kiko.

Un cantecito, una aventura

Fue así como ambos se embarcaron en la aventura de hablar de un disco que surge en un país que está sufriendo una profunda transformación socioeconómica abanderada por la Expo 92 de Sevilla, los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Capital Europea de la Cultura en Madrid. El paso a la modernidad de España.

Es en ese contexto donde nace, cuenta el cantante andaluz, “un disco clásico, intemporal. No lo hice con la intención de hacer un disco innovador, sino con la de hablar de cosas que no son efímeras, como la felicidad. Uno siempre quiere hacer cosas que sean para toda la vida. Y ahí lo logré: el disco lo puedes escuchar ahora y es un disco innovador, que lo puedes apreciar hoy, aunque el contexto musical y social sean diferentes. Eso es emocionante”.

Para abordar un clásico de la música española, Salgado ha apostado precisamente por la innovación: una hermosa pantalla partida, como dos ventanas que se abren al juego y al color. “Es una investigación que comencé hace diez años con el mediometraje El desorden de los sentidos. En el proceso de creación del documental, con bastante material rodado, llegó un momento en el que tenía hacerlo mío y desprenderme de un formato clásico”.

Para él, “es maravilloso hacer un documental sobre un artista, pero defiendo que el ejercicio fílmico sea un hecho artístico en sí, que la propia obra sea algo artístico. Pensé que era la mejor manera de que, más allá de lo evidente y de vehiculizar un movimiento cultural, nuestra forma de aportar era ser un poco arriesgado y pensar cómo se iba a ver y oír. Creo que va con el espíritu de Kiko echar un pie hacia delante, sin saber si la losa se va a mover o no”.

Un juego creativo

De este modo, el equipo de Salgado ha “recreado ciertos procesos creativos, jugado con esas pistas que hemos grabado ahora, con lo que ya estaba grabado, la ciudad de archivo, con la ciudad de hoy. Y lo hemos hecho con una pantalla partida. Nos dimos cuenta de que las diferentes formas en las que se cuentan cosas secuenciales -el ensayo de dos músicos, hacer convivir la Sevilla del 92 con la de 2022- crea otro espacio, genera expectación”.

Conviven así dos artistas universales: el cineasta y el músico. Dos andaluces orgullosos de su tierra, como “una patria universal, que es resultado de una mezcla cultural y social. El flamenco es algo que interesa en todo el mundo, un arte popular en todo el planeta. Tiene esa potencia. La patria pequeña es la gran patria. Habla de tu patria para hablar de grandes cosas, como decía Unamuno. Lo que pasa es que nuestra patria pequeña es enorme, con su luz y musicalidad universal”, apunta Kiko.

Y concluye, que “siempre que haya verdad, sensibilidad y profundad, va a ser algo universal. Da igual el idioma o los temas que hablen. Las cosas bien hechas, quedan bien. ¿Cuáles quedan bien? Las cosas bien hechas…”.


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