Secaderos, la ópera prima de ficción de Rocío Mesa, compite en la sección New Directors de la 70ª edición del Festival de San Sebastián. Un drama mágico que tiene como escenario la Vega de Granada, pero que se extrapola para hablar de las generaciones rurales femeninas.

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18 Sep 2022
Olga Navalón
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Secaderos, la ópera prima de ficción de Rocío Mesa, compite en la sección “New directors” de la 70ª edición del festival de San Sebastián. Un drama mágico que tiene como escenario la Vega de Granada, pero que se extrapola para hablar de las generaciones rurales femeninas.

Un verano en los secaderos. Dos historias paralelas en un mismo pueblo; el paraíso de una niña y la cárcel de una adolescente. Y la presencia omnipresente de una criatura mágica reveladora que las une.

¿Cuál fue el punto de partida para escribir la historia de Secaderos, que aparentemente es tan íntima?

No es una historia autobiográfica, pero sí que está basada en sentimientos e historias de las que he ido empapándome a lo largo de mi vida. Yo soy de La Vega de Granada al igual que los protagonistas de la película. He crecido allí. La cultura del tabaco, mi relación con los secaderos procede de mi infancia.

Asimismo, he querido indagar en sentimientos universales que subyacen de las historias generacionales femeninas y de las diferentes perspectivas y formas de vivir en zonas rurales afectadas por la expansión urbanística. La Vega de Granada es una zona muy fértil que se ha ido urbanizando y donde se han construido viviendas unifamiliares en zona de regadíos. Esto se refleja en la película de una forma política.

Por otro lado, hace años conseguí una beca para estudiar en Los Ángeles. Allí me pilló la crisis económica de España y decidí quedarme más tiempo. Escuché mucho Rock And Roll psicodélico de los 60 de la psicodelia californiana que me acompañó en mi desarrollo artístico y aún conservo en mi vida.

“Creo que he unido mis dos mundos; ser de pueblo y ser de California y me ha salido esto. Pero sin basarme en los acontecimientos de mi vida”.

¿Crees que el cine español está virando su mirada hacia esa otra España, la rural?

Creo que las zonas rurales es un tema inequívocamente presente en nuestra generación. Considero que es un tema común en las voces femeninas de mi generación artística, no solo en el cine con autoras como Elena López Riera (El agua), Carla Simón (Alcarràs) o Carlota Pereda (Cerdita), sino también en la literatura, como Sara Mesa (Un amor).

Siento que alguna de nosotras venimos de pueblos rurales, quizá de lugares menos privilegiados, que hemos tenido una relación con la naturaleza, pero para desarrollarnos artística y profesionalmente nos hemos tenido que acercar a la urbe y aún, todo lo que suponen nuestras raíces agrarias y rurales, forman parte de nuestro imaginario.

En Secaderos, dentro del mismo pueblo existen generaciones con diferentes versiones femeninas. Las distintas decisiones que toman las mujeres -quedarse o salir del pueblo- les lleva a tener un tipo de vida u otra.

Así como cambiamos los humanos, cambia la tierra. La explotación urbanística, el cultivo del tabaco… influye en la juventud, en las distintas formas de vida y en las tradiciones. Considero que la conexión del paisaje y lo humano van de la mano.  Y sin duda, uno de los objetivos de la película ha sido documentar el cultivo el tabaco antes que desaparezca.

¿Cómo fue el proceso de casting?

Yo tenía claro que quería trabajar con actores no profesionales de la zona, que hubieran trabajado con el tabaco, que eso se manifestara en su lenguaje corporal y también que, de una manera más mística, se notara en el amor por la naturaleza. Así que citamos a gente de todas las edades de la Vega de Granada, desde niños hasta ancianos. Se trata de una película muy coral.

En un casting de actores no profesionales se crea un lugar de vulnerabilidad hermoso donde la gente comparte la historia de su vida. Mi labor era descifrar el misterio de esas personas. Comprobar si tenían la capacidad de imaginar, de estar presentes y de jugar. El proceso fue precioso. Vinieron mujeres de la tercera edad que nacieron en el franquismo y que nunca pudieron desarrollarse artísticamente.

“En un casting de actores no profesionales se crea un lugar de vulnerabilidad hermoso donde la gente comparte la historia de su vida. Mi labor era descifrar el misterio de esas personas”.
¿Mantienen algún tipo de vínculos las personas seleccionadas en sus vidas reales?

Si, casi todas las personas seleccionadas tienen vínculo con la vida de los personajes. Por ejemplo, una de las seleccionadas, Jennifer Campos ha trabajado en la recolecta de tabaco desde que es niña y a día de hoy, sigue trabajando como jornalera. De actores profesionales solo está Tamara Arias, que tiene una forma de actuar muy orgánica y naturalista con lo cual supo integrarse perfectamente en el elenco.

¿Qué método de trabajo elegiste para ensayar con ellos? ¿Cómo fue esa preparación?

Tuvimos pocos ensayos por falta de presupuesto. Secaderos es como dos películas diferentes por separado. Por un lado, la historia de la adolescente (Ada Mar Lupiañez) y, por otro, la de la niña (Vera Centenera), que cuando las unes se genera esa magia, ese lugar común.

En las dos únicas lecturas de guion que hicimos separamos estos dos mundos. De esta manera, los actores conocieron la trama de la película, lo que les pasaba a sus personajes, pero luego, yo me quedé con las copias de los guiones, que ellos no volvieron a ver más, y en los ensayos trabajábamos sobre sus sentimientos particulares y en estar presentes en las escenas. Hablábamos sobre aquello que les había ocurrido a los personajes antes de la escena, lo que se sentían… Y era curioso porque, aunque solo hubieran leído una vez el texto, acababan diciendo prácticamente lo que ponía en el guion. Las conversaciones son una mezcla entre guionización e improvisación.

Los seres humanos no somos tan originales, además yo había hecho el casting buscando personas que se parecieran personalmente a los personajes.

Sacar adelante una película es casi un milagro, ¿cómo ha sido el proceso de financiación y preproducción de la película?

Hace cinco años, nos unimos Olmo Figueredo de la ClaquetaPC y yo para desarrollar el proyecto juntos. Conseguimos la ayuda de la Junta de Andalucía, ayudas nacionales del ICAA, de Canal Sur, también ha habido una pequeña coproducción catalana con Capricho Producciones.

El presupuesto ronda el millón de euros. Para una película como Secaderos, que es un poco anómala para ser la primera, por la cantidad de personajes y de localizaciones, el presupuesto era algo ajustado. Pero luego ocurrieron cosas mágicas, como en el caso de la criatura. Montse y David de DDT (Premio Oscar por Un monstruo viene a verme) se enamoraron de la historia, del guion y de la bondad y el espíritu de esta criatura. Les hacía ilusión a nivel personal crear la criatura, por lo que entraron en el proyecto como productores asociados.

“Cuando a los proyectos se les pone amor nace la magia, se crea una especie de conjuro y las cosas van saliendo. También hemos pasado estrecheces, para qué te voy a engañar”.

 

Y esta criatura de la que hablamos, que le da una dimensión onírica y emocional a la historia ¿En qué momento del proceso creativo surge?

La existencia de la criatura surge desde el principio. Cuando yo era pequeña veía esas construcciones enormes, esos fantasmas arquitectónicos gigantes, los secaderos de tabaco que cubren toda La Vega, e imaginaba que eran unas especies de cabañas o guaridas dónde vivían criaturas.

Después, desde una perspectiva adulta, he conservado ese concepto de criatura en mi imaginario de forma más mística y política. A pesar de la desaparición del cultivo de tabaco, esas figuras arquitectónicas se han mantenido ahí y yo siempre las he visto como si la energía de una memoria colectiva de quienes se dedicaban al cultivo crearan una criatura mágica siguiendo filosofías orientales como el sintoísmo.

En la película se sienten ecos del cine asiático, tanto de animación como de acción real. ¿Cuáles han sido las fuentes cinematográficas que te han inspirado? ¿Cuáles son tus referentes?

Ha habido gente que ha comparado la peli con Totoro (Hayao Miyazaki) y me ha hecho ilusión esa referencia, pero realmente no me atrevería a decir que Secaderos tiene de referencia el cine asiático. Es un ‘pucherito’ de mi forma de ver el cine, también hay referentes europeos y sudamericanos.

 

¿Cómo has recibido la noticia del estreno de Secadero en el Festival de San Sebastián?

San Sebastián ha sido una muy grata sorpresa. Creo que es un lugar ideal para estrenar. Nos ofrece proyección internacional, pero además está en nuestra tierra, lo que supone la oportunidad de que se conozca la película en España de forma más potente. También el hecho de que todos los actores no profesionales puedan desplazarse hasta allí y ver la película en un festival como este, me emociona enormemente. Me parece un combo perfecto. Una oportunidad increíble.

Asimismo, estrenar la peli en San Sebastián me da confianza para alejarme un poco del síndrome de la impostora que va conmigo de la mano por ser mujer y cineasta.

¿Nos puedes contar algún otro próximo proyecto? ¿Qué otras proyecciones tienes a nivel artístico profesional?

Este verano he rodado un cortometraje experimental. Asimismo, estoy escribiendo y desarrollando un largometraje ambientado en Sierra Nevada, será un proyecto diferente que no es del todo antropocéntrico. Por otro lado, estoy desarrollando con una compañera, en coproducción con EE.UU., una historia sobre las masculinidades. Será de época y tendrá de nuevo la naturaleza como protagonista.

No tengo las puertas cerradas a otros proyectos, ya que me gusta hacer mis propias películas, pero también participar en la de mis compañeras.

Creo que los rodajes son siempre una fuente de anécdotas. Para terminar, ¿podrías contarnos alguna?

A nivel climatológico tuvimos de todo: vientos huracanados, olas de calor, un terremoto -que está grabado-, lluvias torrenciales que casi se cargan a la criatura… Un desastre del que ya nos reíamos.

Otra anécdota es que la actriz Tamara Arias acababa de parir, su bebé tenía solo tres meses. Me pareció súper bonito que quisiera participar en el proyecto e hicimos lo posible para que hubiese conciliación.

También tengo una gran anécdota que puedo contar a la mitad. Nieves, la protagonista adolescente, vive por primera vez en su vida personal cosas preciosas que le ocurren en la película -No especificamos debido a alerta spoiler-

Y lo más bonito, creo que lo niños aún creen que la criatura era de verdad.


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