Tras triunfar en los Premios Imagenera y su preselección para los Goya, el cineasta José Antonio Hergueta compite en el Festival de Huelva ‘Paraíso en llamas’, un corto sobre el asedio de Málaga en la Guerra Civil a través de los ojos de la fotoperiodista noruega Gerda Grepp

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19 Nov 2020
Alejandro Ávila
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José Ántonio Hergueta cuenta con una larga trayectoria como cineasta. Las fronteras entre el guionista, el director y el productor se difuminan. Para él, lo importante es dejarse llevar por la levedad con la que el cine juega con el tiempo real, figurado, histórico. Un dispositivo ideal para investigar las historias más ocultas de su ciudad natal, Málaga. Allí regresó hace 20 años, tras vivir en Madrid y el extranjero, y desde donde ha producido largometrajes de ficción como Sin fin (Hermanos Alenda), nominada a los Goya 2019.

Ahora vive un momento dulce, tras las incertidumbres del confinamiento, gracias a su cortometraje Paraíso en llamas, estrenado en el Festival de Málaga y Sevilla y que, ahora compite en el Festival de Huelva. Lo hace en una semana en la que ha ganado el Premio Imagenera (Centro de Estudios Andaluces), a Mejor Cortometraje Documental y haber sido preseleccionado para los Premios Goya de 2021.

Paraíso en llamas es un entretenido corto de docuficción, género en el que Hergueta dice sentirse cómodo, y que nos revela la visión de la fotoperiodista noruega Gerda Grepp durante su cobertura de la Guerra Civil en la revolucionaria (y dejada de la mano de dios) ciudad de Málaga. Una mirada que quedó rota por el abandono de la República a la ciudad y por un desengaño amoroso con el periodista-espía Arthur Koestler.

Paraíso en llamas ha conseguido, en una semana, competir en el Festival de Huelva, ganar el Premio Imagenera y estar preseleccionado para los Goya. ¿Te sientes un profeta dentro y fuera de tu tierra?

Un profeta o alguien que ha resistido desde que volvió a Málaga hace 22 años. Es de agradecer, está muy bien que justo en su salida tenga este respaldo. El Imagenera es un premio muy especial en Andalucía.

¿Quién era Gerda Grepp, la misteriosa protagonista de Paraíso en llamas?

El personaje de Gerda Grepp me lo introdujo Enrique Benítez Palma. Desde que hice Operación Úrsula llevaba atrapado con estos personajes extranjeros, como Gerald Brenan, Sir Peter Chalmers-Mitchell o Arthur Koestler. Me llamaba la atención que todos hablaran de las mismas anécdotas. Eso ya era cinematográfico, porque significa que se cruzan personajes en una ciudad fantasma. Al principio del golpe de Estado, Málaga entra en un proceso revolucionario, pero se degrada y queda abandonada de la mano de dios, así que resultaba atractivo que hubiera tantas miradas extranjeras con una sensibilidad y humanidad tremendas.

¿Y qué papel ocupa Grepp en ese panorama?

Entre todas esas voces muy dispersas, surge el de esta fotorreportera, que era muy joven y que ofrecía esa mirada limpia, ilusa, ilusionada con la revolución y posiblemente enamorada de Arthur Koestler. Gerda era fotógrafa y una protagonista automática: viene a una revolución y se encuentra una ciudad asediada. Es un choque de realidad, unido a un desengaño amoroso. Su relato es el único que está levemente sacado de una biografía noruega y sus cartas. A Sir Peter y Arthur los podíamos citar literalmente, gracias a sus libros.

En la Guerra Civil hubo muchas historias terroríficas. Ni siquiera sé si los malagueños son conscientes de la caída silenciosa de la ciudad

¿Somos conscientes de que Málaga cayó de una manera terroríficamente silenciosa durante la Guerra Civil?

En la Guerra Civil había muchas historias terroríficas, grandes y pequeñas. Ni siquiera sé si los malagueños son conscientes. Es una historia antipática que deja mal a todos. Además, los del sur somos muy malos con el marketing. Gernika vino después, pero los bombardeos empezaron en Málaga de manera amateur, y luego empezaron a ser más sistemáticos. Entre diciembre del 36 y enero del 37, tienen lugar bombardeos atroces, sistemáticos y muy bien organizados. Lo de la ciudad de Málaga no es tan conocido porque fue un caos y la República se desentendió del orden publico, quedándose en un limbo.

¿Cuál es la conexión entre el corto Paraíso en llamas y tu próximo proyecto, el largometraje Caleta Palace?

Paraíso en llmas es un episodio de Caleta Palace. He tardado diez años en decidirme a hacerlo y en ese tiempo he seguido leyendo y encontrando personajes. De los 7 u 8 del comienzo, ahora estaremos en 25. En Caleta solo habrá ocho. Tardé en encontrar un equilibrio entre una propuesta literaria y un tono que contara esa situación tan violenta, sin caer en el sensacionalismo. Una de las cosas que más me atrae del cine es la forma en la que consigues romper el tiempo y combinar diferentes tiempos en una sola escena o experiencia. Esa ligereza del cine para introducir elementos me motivaba en Paraíso en llamas como campo de prueba de Caleta Palace.

¿En qué consistía ese campo de prueba?

Necesitaba hacerlo para probar ese tono, aunque la película que quiero hacer quizás sea más lenta. En esencia sí comparten la misma idea de que unos personajes cuenten algo que vemos a través de archivos, cine y una mirada actual. Sería un falso documental, una docuficción. Es un género que siempre me ha encantado, porque asistes a un relato y te entregas, sin la rigidez del documental ni de la ficción como ‘mentira’.

¿En qué estado se encuentran tus otros proyectos?

Retomamos el documental de Danza invisible, que se quedó parado con el confinamiento, y andamos avanzados con un documental sobre Tartessos, que ahora experimenta una revolución porque han reaparecido restos, como pasó con Atapuerca, a nivel mundial. También una serie documental sobre la conquista de Marte, pensando en plataformas, y dos largos en diferentes fases de desarrollo. Como director me gustaría aislarme, pero ese es el drama del productor, así que tendré que organizarme el año que viene.

Tienes 40 créditos como productor, 25 como guionista y 12 como director. Procedes del mundo de la videocreación. ¿Son campos contradictorios?

Todo tiene que ver, porque todo está compartimentado y a la vez conectado. Cuando regresé a Málaga intenté levantar un proyecto. Tenía patrocinios, pero no encontré productora. El sentido de la producción que descubrí era mucho más creativo, conectando el lado creativo con el real. Me implico tanto en los documentales que soy guionista, pero al principio no pensaba que hiciera falta salir como coguionista. Por eso, a partir de un momento, aparezco como guionista, porque realmente cuando eres productor, estás en el germen de algo para que sea viable y tenga sentido. Esa ha sido mi apuesta como productor.

¿En estos momentos tan complicados, en los que se había conseguido una cierta estabilidad del audiovisual andaluz, qué necesitáis los creadores y productores para poder seguir trabajando?

Lo primero que necesitamos es que los gestores públicos se crean de verdad esto. Creer de verdad significa poner más dinero, porque ese dinero se mueve rápido y genera valor muy rápidamente. El cine andaluz cuesta poquísimo. Tenemos una linea de ayudas, pero se aplica mal, ya que debería invertirse el doble. El resultado es un disparate. El sistema está pensado para el doble de presupuesto. Además, hay una cosa incomprensible en la Junta: una burocratización disparatada. Con las subvenciones nos someten a un proceso insólito, que nos penaliza. En vez de un incentivo, se convierte en una penalización que produce un agravio comparativo incomprensible.

En nuestro Encuentro de Cine en el Festival de Huelva, Alberto Rodríguez decía que la fuerza del cine andaluz ha sido estar unidos. ¿Han demostrado iniciativas como la Plataforma del Audiovisual Andaluz que la unión hace la fuerza?

Ha sido una experiencia positiva y entiendo a lo que se refiere Alberto. Creo siempre en las cosas que unen antes que las que separan. No es fácil… mira la política. Yo soy malagueño, he vivido en Madrid y en el extranjero. El desafío del cine andaluz reside en dos grandes virtudes de Andalucía: que es enorme, tan grande como muchos países europeos, y que somos muy generosos. No hay nacionalismos, porque estamos bien dentro de España. Y eso, a ratos, nos hace perder oportunidades con comunidades que son más quejicas. Son virtudes que son también handicaps. Somos enormes y ocupamos un sitio en el cine español, pero no lo reclamamos, y además, somos muy grandes, hay muchas distancias y se nos olvida que podemos pedir las cosas juntos.


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