Con una cinematografía dinámica, atrevida y vanguardista, Agnès Varda demuestra en ‘Cleo de 5 a 7’ que es una de las cineastas más brillantes de la Nouvelle Vague… y menos reconocida que sus compañeros de generación

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22 Mar 2020
Alejandro Ávila
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Cleo de 5 a 7 se nos presenta como un pionero coming of age francés que precede a la popularización del término bajo los designios del indie norteamericano. Y es que esta película de Agnès Varda del 62, la segunda de su filmografía, es profundamente moderna. En lo que representa y en cómo la representa.

Cleo (Corinne Marchand) es una joven cantante de éxito atenazada por el miedo a una enfermedad grave, a las supersticiones que así se lo vaticinan y al diagnóstico que llegará a sus manos en cuestión de horas. La angustia la llevará a ir despojándose, una a una, de las capas de superficialidad que la recubren y oprimen.

Eso se materializará en dos momentos claves: al deshacerse de su peluca poco antes de salir a la calle y al regalarle a su amiga un gorro, comprado caprichosamente horas antes.

Cleo, que en realidad se llama Flora, representa la mujer que se emancipa y, por tanto, madura, dejando atrás la primavera, para entrar en un cálido y abrasante verano de conocimiento y revelaciones. Rodada en 1962, resulta imposible no relacionarla con ese despertar de la joven sociedad francesa que fue el mayo del 68.

Para representar todo ese movimiento casi telúrico, Vardas apuesta por una cinematografía dinámica, atrevida y vanguardista, donde priman los movimientos orgánicos de una cámara que persigue y se deja seducir por la protagonista.

Profundamente feminista, Cleo de 5 a 7 pone en el foco un universo esencialmente femenino, donde ellas, desde la taxista a la modelo de bellas artes, pasando por la protagonista, llevan la voz cantante. Nunca mejor dicho.

Disponible en Filmin


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