Alfonso Sánchez cumple su tercera semana en cartelera con Para toda la muerte, una comedia donde apuesta por el humor negro y la crítica social, apoyándose en las interpretaciones de su inseparable Alberto López, Estefanía de los Santos y el especialista Joaquín Ortega

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19 Feb 2020
Alejandro Ávila
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Con Para toda la muerte, Alfonso Sánchez firma su tercer largometraje tras la cámara. Y lo hace tomando cierta distancia de las dos picarescas parejas que le han dado la fama: los pijazos de Los compadres (El mundo es suyo) y los canorros El Culebra y El Cabeza (El mundo es nuestro).

El cineasta sevillano cumple su tercera semana en cartelera con Para toda la muerte, explorando nuevos territorios y pintando una oscura comedia en la que resuenan los ecos de su adorado Berlanga y de la gran comedia clásica americana.

En la aventura le acompaña, cómo no, su inseparable Alberto López, el protagonista indiscutible de esta comedia sobre un opositor que toma medidas extremas para conseguir su plaza de funcionario. Comparte reparto con el propio Sánchez, Estefanía de los Santos (Grupo 7, La peste) y el especialista Joaquín Ortega, que, de taratinianas maneras, da un paso adelante hasta los títulos de créditos.

¿Habéis hecho una comedia diferente a las películas que os han hecho tan populares?

En Para toda la muerte, hay personajes distintos a nuestras anteriores películas, pero también hay guiños para los fans. Creo que es una peli más abierta que las otras, ya que no viene de unos personajes que ya están asentados. Aunque es una película andaluza que no reniega de Andalucía, podría transcurrir en cualquier lugar del mundo que tenga sistema de oposiciones.  Nos dimos cuenta de que teníamos una comedia en la primera proyección y descubrimos que había otros puntos que iban a funcionar. Si no hay risa en el patio o de butacas, no has hecho comedia.

¿Cómo surge la idea de esta película?

Surge de una cena familiar. Un familiar cercano llevaba mucho tiempo estudiando una oposición y nos dijo que no hay solo que aprobar, sino que según el puesto en el que quedes, tienes plaza o no. Pensé en la putada que sería quedarte en el corte y sin ese trabajo para todo la vida. A partir de ahí elucubramos qué estaría dispuesto a hacer alguien muy desesperado y si se plantearía matar.  La productora, Agus Jiménez, vio que ahí había una peli. 

¿Qué la asemeja y diferencia de tus otras comedias?

El concepto es muy distinto en las tres y el nexo de unión entre ellas es que la partitura y los actores son lo más importante. Además, hay guiños para los fans, porque Alberto y yo hemos creado un universo enterista con personajes comunes. Con El mundo es nuestro tiene en común que es una película coral y con El mundo es suyo, que hemos podido cuidar más los detalles. En el diseño de producción hay una mezcla de las dos: la frescura de El mundo es nuestro y la comercialidad del El mundo es suyo

¿Hay una evolución en la dirección?

Desde el punto de vista de dirección, es mi película más completa y en la que más me he podido desarrollar. En El mundo es nuestro había mucha precariedad, era mi primera peli y tenía que ordenar mi sistema de trabajo. El mundo es suyo estaba más diseñada, pero lo hacía dentro de unos estándares comerciales. En esta he tenido la misma libertad creativa que en El mundo es nuestro, pero está más pensada y no es tan visceral como esa primera película.

En Para toda la muerte se pueden apreciar influencia de El verdugo, El guateque, Este muerto está muy vivo o Charada. ¿En qué cine te has apoyado para construirla?

Buscábamos precisamente esa elegancia de Charada. Tanto en la música, como en planos concretos nos hemos fijado en Blake Edwards, con una referencia clara a La pantera rosa en la pelea. Creo que tiene esa elegancia de la comedia del cine americano, pero sin perder el temperamento español de Berlanga o del Alfonso Paso de Usted también puede ser un asesino. También tiene mucho de cómo plantea Tarantino cierta situaciones, como es el caso de Los odiosos ocho.

En la película destaca el papel protagonista de la víctima, Joaquín Ortega, que es especialista de cine. ¿Por qué lo elegiste?

¿Quién mejor para este papel que un especialista? Él adora interpretar y hacer películas. Le encanta jugar. No le exigía grandes matices interpretativos, pero estar con los ojos cerrados el 80% de la peli es complicado. Para Joaquín, solo tengo palabras de admiración, no puede ser más generoso. Es una persona que da mucho, para la que lo primero es la seguridad, pero que luego se compromete al 100%. A cada cosa que le pedía, no me decía que no, sino que buscaba la mejor manera de hacerlo.

Otro que realiza un importante trabajo físico es Alberto López, el protagonista.

Alberto es uno de los actores más ágiles que he tenido la suerte de conocer. Todas las escenas de acción las rueda Alberto y hace cosas difíciles, como cargar a un tipo de 85 kg o saltar un mostrador. Hay actores de la gran comedia de la historia del cine americano y español, que están extraordinariamente preparados para escenas físicas. Alberto es uno de los actores más completo que conozco y eso facilita mucho el trabajo siendo el protagonista. Él va creciendo con la película y subiendo el nivel de complejidad conforme va avanzando. Esta película habría sido imposible sin un actor como él.

¿Cómo ha sido incluir una tercera cómica, Estefanía de los Santos, en vuestro inseparable dueto?

Tener una bestia parda de la interpretación como Estefanía es un lujo. Es una gran dama de la interpretación en España. Con ella crece la película y el personaje está escrito para ella. Ana Graciani y yo teníamos en mente a Estefanía, un personaje hecho a su medida, pero cuando llega y le da vida al personaje, supera todas las expectativas que tenías. El nivel de la película sube gracias a Estefanía y a todas las actrices.

¿Lo cómico y lo social van siempre unidos para ti?

Hay muchos tipos de comedias y muchos públicos. Como en la pintura, en el humor hay muchos tonos y puedes pintar con más o menos luz. Yo he elegido este tono oscuro, porque creo que el arte es una herramienta poderosa para hacer reflexionar al espectador y que tenga más capacidad crítica. Mientras más cultura, más capacidad crítica y mejor persona. Yo quiero que el espectador salga de la sala con una reflexión sobre su cotianidad. La comedia ligera no la quiero para mí: hago el cine que me gustaría ver. El drama puede ser más directo, pero la comedia es más profunda e inmediata, produce una reacción física. La comedia abre tu mente de manera más potente que el drama. 

Para la película has contado con un amplio equipo técnico y artístico andaluz. ¿Cómo lo lograste?

Afortunadamente es cada vez más difícil hacer un equipo andaluz, porque están todos trabajando. El cine que yo hago es muy andaluz y procuro que la mayor parte de la producción se quede en Andalucía. La mayor parte de la propiedad de la película es de empresas andaluz y el objetivo es que el feedback económico revierta aquí. Es un camino que tenemos que recorrer, que es muy complicado, porque hay mucha competencia, pero es el camino a seguir. Es urgente aplicar la ley del cine andaluz, que haya una academia de cine y que se tenga una conciencia de cine andaluz exportable a todo el mundo. 


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