‘El mundo es vuestro’ llega a la cartelera este viernes para confirmar la fórmula del éxito del “cine de compadres”. Hablamos con su director, Alfonso Sánchez, que nos desgrana sus referentes cinéfilos, los nuevos modelos de producción, sus motivaciones como artista, su inquebrantable amistad con Alberto López o, claro está, las viejas masculinidades

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17 Mar 2022
Víctor Esquirol
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“En un lugar de la Mancha…”. Rafi y Fali vuelven a cruzar sus respectivos caminos, y terminan en una congregación de personalidades del mundo de la política que bien podría haber salido del subconsciente de Berlanga. Así arranca El mundo es vuestro, de Alfonso Sánchez, nueva incursión del director, guionista, actor y productor en los terrenos de la parodia (nacional) más salvaje.

Empecemos por el principio. El mundo es vuestro arranca con unos títulos explicativos que de hecho se leen al principio o al final de otras muchas películas; una aclaración que nos dice que esto es ficción, y que cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.

Con los tiempos que corren, decidimos que no estaría de más recordar la naturaleza de ficción del producto. A una sala de cine vamos a entretenernos y a divertirnos, pero también a reflexionar. Opino que la ficción debe imitar a la realidad, y que a la hora de crear, inevitablemente partimos de arquetipos, y de personajes, y de iconos que ya conocemos; de esa nebulosa que forma nuestra cotidianidad.

¿Ahí encuentras tu inspiración?

Ahí me inspiro para escribir. De lo que conozco, de lo que veo, de lo que está en mi día a día. Esto es un proceso que lleva siendo así desde El mundo es nuestro. Ya en los primeros cortometrajes que hacíamos para internet Alberto [López] y yo, tirábamos de personajes que no existen (el Cabeza, el Culebra, Rafi, Fali…), pero que sí guardan muchos puntos de conexión con la vida real.

Da la sensación de que tu nueva película se podría haber titulado La escopeta nacional 2. Háblanos de la influencia de Luis García Berlanga en ella y en tu obra.

Más que en mi filmografía, diría que Berlanga ha influenciado mi vida, ya desde mi niñez. Bebo constantemente de su imaginario, pero también de los actores que le acompañaban. Te hablo de Luis Escobar, de Agustín González, de José Luis López Vázquez, al que llamaban el “Jack Lemmon español”, cuyo centenario, por cierto, se cumplió hace poco. Bebo por supuesto de los guiones de Rafael Azcona, de esa manera de escribir.

¿Qué títulos?

Siempre tengo en mente títulos como El verdugo o Bienvenido, Míster Marshall, que de repente eran pequeños cuentos que trascendían nuestra propia idiosincrasia. Berlanga era un director que empezaba en lo reconocible, en lo popular, pero que luego exploraba una dimensión mucho más profunda. Pienso también en La vaquilla, en esa manera de explicar el gran conflicto ibérico de una manera tan cotidiana, lo cual por cierto opino que entronca directamente con el legado del maestro Gila.

“Berlanga era un director que empezaba en lo reconocible, en lo popular, pero que luego exploraba una dimensión mucho más profunda”

Se te acaban de iluminar los ojos…

Es que me acabo de acordar de que en la Guerra Civil, Miguel Gila y mi abuelo fueron compañeros en el frente. [ríe] En cualquier caso, estos son los referentes cinematográficos que he tenido más presentes en mi formación como persona. Evidentemente, todo esto lo mezclo siempre con la tradición de cine clásico americano, del que mi madre era fan absoluta. Fue ella quien me transmitió este veneno que sigue fluyendo por mis venas. Así que, resumiendo, estaríamos hablando de un imaginario compuesto por Berlanga, pero también por Lumet, por Wyler, por Wilder, por Hawks… por mi amor de adolescencia hacia Tarantino, hacia clásicos de la línea macarra, como Peckinpah o Kusturica… En la propia película también creo que se nota mucho la influencia de los Monty Python. A nivel cinéfilo, ya se ve, creo que soy una especie de criatura de Frankenstein.

Hablando de Peckinpah, el clímax final de la película destila cierta voluntad de “disparar a todo el mundo”. ¿Crees que España está ahora mismo en esta dinámica de bandos -violentamente- enfrentados?

Creo que lo de las “dos Españas” es al fin y al cabo una manera muy sintética de definir el asunto. Al final todo se reduce a la esencia, y creo que esta queda perfectamente plasmada en aquel cuadro de Goya de aquellos dos tipos pegándose a garrotazo limpio. Aunque también creo que la realidad es mucho más compleja, y que estas dos Españas nunca han sido solo dos, sino que ha habido muchas; muchos intereses distintos que se han ido polarizando. En este sentido, me da miedo pensar que El mundo es vuestro se acerca casi al género documental. Me da pena constatar que como país, estamos sumidos en estas dinámicas de confrontación.

 

¿Se puede considerar tu filmografía como referente o ilustrativa de un cierto humor andaluz? ¿Crees que dicha comicidad existe, como tal?

Esta es una pregunta que me lleva persiguiendo desde el principio de mi carrera, y a veces creo que es por el simple hecho de hacer comedia desde Andalucía. Pero si piensas en los referentes en los que se apoya mi trabajo, y en la manera de narrar, entonces considero que mi obra no refleja ese “humor andaluz”. Creo, esto sí, que hay un humor con acento andaluz. No hay una esencia de humor andaluz, hay unas características en el andaluz, en la manera de contar Andalucía. Creo que hay una alegría subyacente a la narración. Incluso en lo más dramático, siempre hay una esperanza, siempre hay un atisbo de luz. Esto se encuentra incluso en nuestros grandes dramas sociales.

“No hay una esencia de humor andaluz, hay unas características en el andaluz, en la manera de contar Andalucía. Creo que hay una alegría subyacente a la narración”

¿Como cuáles?

Me viene a la cabeza, por ejemplo, Solas, de Benito Zambrano, una historia muy dramática, muy profunda, con una metáfora muy anclada en la realidad de Andalucía. Incluso dentro de esta atmósfera, hay esperanza. Creo que esto es una seña de identidad de lo andaluz. Esa lucha por la vida, por la supervivencia, por reírnos en los peores momentos. Yo creo que aquí está “lo andaluz”, y que esto está realmente en el cine que yo hago, y que hacen otros compañeros desde Andalucía. Es algo que está en el flamenco, también; que está en los grandes autores andaluces, como Lorca, como los hermanos Álvarez Quintero, en la música… creo que esto es una seña común de nuestra manera de contar, pero de ahí a decir que hay un humor andaluz…

Dejémoslo en idiosincrasia, ¿pues?

Es cierto que somos un pueblo rápido y ocurrente; es cierto que estamos acostumbrados a vivir en la calle. Por aquí han pasado muchas culturas, lo cual ha calado en una cierta agilidad mental… Ahora que lo pienso, en la propia película hay una pequeña reflexión sobre esto; una sátira. Un personaje dice “No les eches cuentas, que esto es humor andaluz, que solo lo entienden ellos”. En este sentido, siempre intento reírme de nosotros mismos. Creo que a veces somos demasiado chovinistas, que nos creemos demasiado especiales, como si solo nosotros nos entendiéramos a nosotros mismos.

“Ahora mismo, el reto está en concebir productos que funcionen a nivel global, pero que tengan una identidad propia”

¿Es así?

Esto por supuesto es falso, y chirría aún más teniendo en cuenta que vivimos en un momento en el que parece que todo tiende a estandarizarse. Ahora mismo, el reto está en concebir productos que funcionen a nivel global, pero que tengan una identidad propia. Yo creo que es el camino que estamos siguiendo nosotros, y al fin y al cabo, creo que este es el camino que históricamente han marcado los americanos, si no, ¿cómo demonios lo han hecho los granjeros de Wisconsin para estar tan metidos en nuestro imaginario?

Ahora que hablabas de productos globales, tu filmografía, a nivel de largometrajes, empieza con una fórmula ligada al crowdfunding y termina con una que es capaz de cerrar tratos con Amazon. ¿Cómo trabajabas entonces y cómo trabajas ahora?

Siento que trabajo de la misma manera. El nivel de artesanía y el nivel de compromiso es el mismo, sin duda. Como director de cine, considero que he tenido mucha suerte, pues siempre he tenido mucha libertad creativa; siempre he podido hacer lo que me ha dado la gana. Incluso cuando he hecho productos por encargo, se ha respetado mi manera de trabajar. En este sentido, siempre he creído que cada artista se gana su libertad. Si uno es fiel a lo que hace, entonces se gana un sello propio. En mi caso, quien viene a trabajar conmigo (ya sea para hacer una película, ya sea para hacer una campaña publicitaria) sabe perfectamente que está llamando a alguien que tiene una voz, una visión y una personalidad concretas, y que todo esto se va a plasmar en el resultado final. Y que conste que para nada me parece que tengo una personalidad intransigente, a la hora de relacionarme con los demás.

¿Y a la hora de relacionarte contigo mismo?

Ahí está el problema [ríe]. Muchas veces creo que soy yo el que pone casi todas las trabas. El gran enemigo con el que tengo que luchar, soy yo mismo, lo tengo claro, porque a menudo me encierro en el bucle de pensar “Esto que me gusta a mí, ¿le parecerá interesante a mi público objetivo? ¿Le parecerá interesante al público de esta cadena que me ha contratado?” Y de ahí me cuesta mucho salir. Es una especie de proceso autocensor, que me coarta el proceso creativo, y que hace que a menudo sienta que no llegue a desarrollarme plenamente como artista. Esta pelea es la más dura que tengo, y evidentemente se magnifica con las producciones largas. El mundo es vuestro, para que veas, es el segundo guion que escribimos. Se suponía que iba a ser la continuación de El mundo es nuestro, lo que pasa es que en la búsqueda de la financiación, nadie quiso apostar por ella porque nos dijeron que sería una película demasiado políticamente incorrecta, y que no se podía hacer algo así en España, de modo que el asunto quedó guardado en un cajón.

“Muchas veces creo que soy yo el que pone casi todas las trabas. El gran enemigo con el que tengo que luchar, soy yo mismo”

¿De cuándo es la primera versión de guion?

La primera versión que hicimos de este guion data de 2013, dos años después del estreno de El mundo es nuestro, lo cual ahora me parece como de la prehistoria. Diez años después, con cinco películas encima, las cosas cambiaron. Y también ha cambiado el panorama, claro. El social, el económico, el mental, el político… También el mercado, la manera de afrontar la producción de una película: todo. Entonces, por fin llega el momento de hacer El mundo es vuestro. El reto, por supuesto, consiste en mantener las sensaciones del momento en que empezó el proceso. La lucha pasa entonces al plano artístico, aquí es cuando me obsesiono en no “aburguesarme”, en seguir arriesgando de verdad. Para esto, tengo que hacer algo en lo que crea firmemente. En momentos de duda como estos, pienso en lo que me llevó a rodar mi primer película, en aquella desesperación de decir: “Yo soy director de cine, yo puedo hacer cine en este país, y quiero hacerlo, y quiero demostrarme a mí mismo (no a nadie más) que soy capaz de ello”.

El mundo cambia, pero se mantienen constantes. Da la sensación de que tus películas son una bonita y desde luego divertida excusa para seguir juntándote con Alberto López. ¿Podemos hablar de la “buddy movie” convirtiéndose en “cine de compadres”?

Muy cierto. Alberto y yo nos encontramos en un momento en el que yo estaba completamente al límite, sumido en una mezcla entre desesperación, y locura. Por desgaste, por frustración, por enfado, por sentimiento de fracaso, por sentimiento de injusticia, porque llevaba entregado casi quince años de mi vida a una ilusión que no se estaba concretando. Creo que mi relación con Alberto tiene un punto muy quijotesco, muy de idealismo; de romanticismo desbocado. Es la magia de encontrar un compañero de viaje que está en la misma situación.

“Mi relación con Alberto tiene un punto muy quijotesco, muy de idealismo; de romanticismo desbocado. Es la magia de encontrar un compañero de viaje que está en la misma situación”

¿Cuándo comenzó vuestra amistad?

Mucha gente piensa que nuestra amistad se remonta hasta la niñez, pero esto no es así, nos encontramos en ese punto que te comento. Lo que pasa es que las situaciones límite pueden unir mucho. Cuando te encuentras con una persona que, como tú, está pasando por todo esto, pueden establecerse unos lazos muy fuertes con ella, porque al final estás peleando por lo mismo. Es casi como las amistades que se hacen en el frente de batalla, que son para siempre, porque sabes todo lo que está en juego. Entonces, allí fue donde nos encontramos, y a partir de ese momento, me fue siguiendo en todas las locuras que yo le proponía, y se convirtió también en un cómplice: empezamos a crear locuras juntos. Esto también lo tienen los personajes de los Compadres: Rafi y Fali. Es verdad que hay un paralelismo claro, que la película arranque también con la frase “En un lugar de la Mancha…” no es casual, Es lo que se dicen a ellos mismos: “Somos Don Quijote y Sancho Panza, somos Rinconete y Cortadillo, somos Zipi y Zape, somos Pajares y Esteso”. Es el resumen total de la picaresca masculina.

Me has dado el pase de gol, porque la -vieja- masculinidad creo que es uno de los temas centrales en tu nuevo trabajo. Háblanos de ello.

En este sentido, creo que mi película es una especie de western crepuscular, de dos pistoleros que han sido alcanzados por la Revolución Industrial, y que su mundo de tiros y de huidas se va extinguiendo. Ante esta tragedia, siempre voy a optar por reír, pero también por analizarnos a nosotros mismos, y darnos cuenta de que tenemos que replantearnos el punto donde estamos; cómo hemos llegado aquí. Evidentemente, ahí Rafi y Fali sienten el peso de la tradición, y de lo que ellos mismos creían que debían ser. A mí me parece que ahí está la parte dramática de la historia: hasta qué punto es una realidad real de los personajes el cómo son, y hasta qué punto buscan un ideal que les han puesto en la cabeza. A nivel masculino, deberíamos también pararnos y decir “¿Yo quiero ser como soy? ¿Qué parte de lo que soy pertenece a lo que me han dicho?”

Ahí está la parte dramática de la historia: hasta qué punto es una realidad real de los personajes el cómo son, y hasta qué punto buscan un ideal que les han puesto en la cabeza

A nivel de puesta en escena, sorprende el uso que haces del plano secuencia, sobre todo en los primeros compases de la película.

Superado el prólogo, tenía claro que me iba a apoyar en este recurso, algo fundamental para liberarnos del artificio cinematográfico del montaje. La intención es que el espectador se olvide, casi subconscientemente, de que está viendo una película, y que por lo tanto “entre allí”, como si fuera un personaje del ecosistema. Si empiezas a cortar, la audiencia, sin darse cuenta, se auto-reafirma en la certeza de que está viendo un producto cinematográfico manipulado. También admito que ahí estoy influenciado por mi faceta como actor. Para mí, lo más importante en una película son el guion y los actores, y en una película tan coral como esta, me parece un crimen cortarles.

¿En qué sentido?

Quiero que se vea el proceso creativo de los personajes, y sobre todo, el nivel de compromiso de los intérpretes a la hora de darles vida. Si te fijas, cuando ves la peli, todos están vivos, nadie se sale ni un segundo de su personaje. Todo lo hacen desde el personaje: comen desde el personaje, respiran desde el personaje, miran desde el personaje, comentan los unos con los otros desde el personaje, persiguen su objetivo desde el personaje. En esto veo virtuosismo, compromiso, valentía y mucha generosidad. Yo a todo esto tenía que corresponder con libertad; con dejarles correr sin cortarles, vaya. Esta es la manera de narrar que utilizaba Berlanga, por cierto, lo que pasa es que él era un tipo muy humilde, y se excusaba diciendo que montar le daba mucha pereza. Esto me parece precioso: quitarle hierro a tus grandes aciertos. Una lección que intento aplicar a mi trabajo.

Fotos: Manu Trillo


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