juan antonio bermudez
Juan Antonio Bermúdez

Entrevista y fotos: Juan Antonio Bermúdez – www.filmand.es

Rafael Cobos (Sevilla, 1973) acaba de ganar su segundo Goya, gracias al guion adaptado de El hombre de las mil caras. Como el primero (conseguido hace dos años por La isla mínima), este también lo ha compartido con Alberto Rodríguez, director y compañero de fatigas escriturales. Ambos atraviesan apenas la cuarentena pero se han convertido ya en un tándem histórico del cine español, y desde luego del andaluz. Desde que coescribieran Siete vírgenes en 2005, llevan ya cinco guiones de largometraje a cuatro manos. Y ahora afrontan La peste, serie de seis capítulos para Movistar+ que ya ha comenzado a grabarse.

Cobos, que también ha participado en la escritura de Ali (Paco Baños, 2012), El amor no es lo que era (Gabriel Ochoa, 2013) y Toro (Kike Maíllo, 2016), es sin duda en este momento uno de los guionistas españoles más reputados, pero él asegura que su vida no le ha cambiado mucho. Cuenta, por ejemplo, que el día después de la gala de los Goya cogió el tren de vuelta a Sevilla a las 9 de la mañana y a las 13:00 h. ya estaba tomándose una caña con sus amigos en un bar de su barrio. “Porque era lo que me apetecía” subraya.

Rafael Cobos

 

Juan Antonio Bermúdez (JAB): La de El hombre de las mil caras me pareció la historia más difícil que habéis contado Alberto Rodríguez y tú hasta ahora.

Rafael Cobos (RC): A nivel personal, es de los guiones más difíciles que he escrito, sí. No solo por la construcción del guion sino porque es difícil tratar un hecho tan reciente y tan paradigmático, tan precursor de todo esto que estamos viviendo con respecto a la corrupción; y hacerlo con cierta objetividad.

JAB: Necesitabais trasladar al espectador una gran cantidad de información y optasteis por la voz en off, que sabes que no tiene muy buena prensa en el cine…

RC: Yo odio la voz en off de hecho, no me gusta nada. Y desconfío de los diálogos. Soy cada vez más defensor de ir limpiando, limpiando, haciendo un ejercicio casi de desproveer la imagen de texto.

Pero habría que aclarar una cuestión fundamental: el libro de Manuel Cerdán del que parte nuestro guion es una especie de investigación sobre Paesa que arranca en el tardofranquismo, en 1968, y abarca un periodo larguísimo, de cuarenta años, hasta 2011. Al final, por razones de producción, nos quedamos solo con el episodio de Roldán, que cuenta en realidad la historia de un tipo metido 367 días en un piso. ¿Cómo hacer interesante eso y que al mismo tiempo nos sirva para contar todo lo que había detrás? Había que falsearlo, dramatizarlo. Y para llenar esos huecos creamos a Camoes  [interpretado por José Coronado], que está basado en un personaje real pero no deja de ser un trasunto. Y llegamos al off casi por reducción, porque no había otra opción, no encontramos otro mecanismo dramático que nos permitiera trasladar al espectador tanta información.

JAB ¿Cómo es eso de escribir un guion a cuatro manos? ¿Cómo os organizáis Alberto y tú?

RC: Hace años que utilizamos el mismo proceso. Lo primero que hacemos es hablar mucho, en torno a la idea, a la historia, y después en torno al argumento. Después, yo me retiro y escribo una especie de primer acercamiento a la historia, un argumento (antiguamente eran extensísimos, pero cada vez son menores); volvemos a reunirnos y él, que se mantiene un poco más fuera y por tanto tiene más perspectiva, va dirigiendo –nunca mejor dicho– el proceso, hasta que llega el momento de escribir la primera versión de guion. Yo me retiro de nuevo entonces aproximadamente unos 20-25 días y vuelvo con una primera versión. Y a partir de ahí son sucesivas labores de edición, sucesivas reuniones, hasta que llegamos al consenso en la versión final. Depende del proyecto pero hacemos como mínimo 6 o 7 versiones.

JAB: Para La Peste, ¿esa dinámica de trabajo ha cambiado en algo?

RC: Cuando salió el proyecto de La Peste, Alberto estaba en el rodaje de la película sobre Paesa y se incorporó cuando yo tenía escritas las primeras versiones de todos los guiones, así que sí ha sido un procedimiento diferente.

JAB: Y la historia también es bastante distinta a todo lo que has hecho hasta ahora, una historia de época. ¿Eso te ha supuesto un reto mayor?

RC: Bueno, lo más difícil de La Peste es pensar como pensaba un hombre del siglo XVI, eso juega casi como un obstáculo en la historia. Hemos necesitado mucha documentación. Por lo demás, es verdad, está ambientada en una época lejana pero estamos hablando de cosas muy actuales. La peste es una gran metáfora: la peste como crisis, como momento difícil, como estado de excepción de una ciudad. Y yo creo que eso tiene mucha correlación con lo que vivimos. Se habla de la corrupción en todos los sentidos, de la condición humana, que es lo que nos interesa al final.

JAB: En otros guiones tuyos también la historia ha funcionado como metáfora.

RC: Claro, es una especie de Macguffin. Aquí la peste no es solo una enfermedad que acabó prácticamente con la mitad de la población: la peste es el hombre en definitiva.

JAB: ¿Participar con continuidad en los proyectos de Alberto Rodríguez te ha obligado a aparcar muchos otros proyectos personales?

RC: Sí, pero para bien. Yo estoy contentísimo, creo que hacemos un trabajo excepcional. Nos aportamos y de esa suma salen cosas que me parece que funcionan. No me preocupa que eso me reste para hacer proyectos individuales. Creo que poco a poco se irán maridando y habrá un momento en el que pueda hacer lo uno y lo otro.

JAB: Más allá de lo que haces tú, ¿qué es lo que te interesa del audiovisual que se está haciendo ahora mismo en Andalucía y en España?

RC: Un montón de cosas. Generalmente me interesa el cine y no puedo decir que me interese el cine andaluz o el español. Me ha puesto muy contento, por ejemplo, el premio que se ha llevado Verano 1993 en Berlín. Justamente ese proyecto lo elegimos Alberto y yo en un laboratorio que organizó la SGAE hace dos años.

En general, creo que vivimos un momento súper dulce, tanto en el plano más comercial como en otro tipo de cine un poquito más relacionado con lo independiente.

JAB: Una de las reivindicaciones más presentes este año en los Goya ha sido la de más papeles femeninos. ¿Te sientes aludido como guionista por esta reclamación?

RC: Yo veo la desigualdad en el cine, es un hecho absolutamente incontrovertible. Si hablas de lo que yo escribo, es verdad que los personajes femeninos escasean y que tenemos una visión un poco testosterónica, muy masculina, del asunto. No sé, probablemente es donde nado… Por otra parte, en las películas que hemos hecho no ha habido personajes femeninos con historias muy largas, pero sí con una determinación importantísima. En Grupo 7, el personaje de La Caoba por ejemplo era fundamental. Pero es verdad, somos conscientes de que es un problema que hay que afrontar.

En La Peste, hemos intentado que no fuera así, hemos buscado la paridad de forma muy premeditada y hay personajes femeninos muy potentes en las tramas principales.

JAB: Tú tienes una formación y una vocación literaria, confesada muchas veces. Sin embargo, también aprovechas cada vez que tienes oportunidad para insistir en la idea de que un guion no es literatura.

RC: Sí, a mí me encanta la literatura, pero creo que son cosas distintas, dos lenguajes distintos que se tocan y que tienen parcelas comunes.

JAB: De todas formas, en lo que escribes como guionista, ¿crees que hay muchos nutrientes de tu cultura literaria?

RC: Es evidente. Cuando pienso en una imagen tomo como referente muchas veces la propia literatura. No tengo ningún problema en decirlo: es más cómodo copiar de la literatura que copiar del cine, entre otras cosas porque no asociamos inmediatamente el referente con lo que copias. Creo que mi forma de escribir guiones, que insisto no es lo mismo que escribir literatura, se debe mucho a mi formación literaria. Y creo que se nota.

JAB Aunque sean lenguajes distintos, ¿es imprescindible tener cultura literaria para escribir para el cine?

RC No creo que sea imprescindible. Pero si sabes de pintura, de fotografía o de arte en general, se va a notar, va a alimentar lo que haces y sobre todo te va a enriquecer, va a hacer que tu pensamiento sea capaz de tener una visión mucho más amplia.

JAB: ¿Y has abandonado la idea de escribir literatura?

RC: Completamente. Me da miedo, la literatura me parece muy complicada.

JAB: Sin embargo, me han chivado que te han ofrecido escribir un manual de guion y que te lo estás pensando.

RC: Me lo han propuesto hace poco y me lo estoy pensando, sí. Doy cursos con frecuencia, tengo mi propia estructura de curso montada. Y me propusieron un manual bastante libre y creo que lo voy a hacer.

JAB: ¿Y cuál será el primero de los consejos que recoja ese manual?

RC: Lo primero que aconsejaría para escribir un buen guion es vivir mucho y hacerse muchas preguntas. Mientras más preguntas se hace uno mejor va a ser su guion.

Y después lógicamente recomendaría que la referencia de lo que se cuenta no sea el cine, si no hacemos un cine completamente autorreferencial. Cuando escribo, pienso en quién conozco, en cómo soy, en qué me molesta y qué me gusta de lo que me rodea. Vale tener referencias para la estructura, que al fin y al cabo es un soporte, pero el contenido tiene que ser algo más emocional.


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