Néstor Cenizo
15 Mar 2019 - Néstor Cenizo

Taxi a Gibraltar, fuera de concurso, inaugura la 22ª edición del Festival de Málaga. Es una de las dos películas protagonizadas por Dani Rovira y narra la búsqueda del tesoro de tres perdedores. “La comedia no consiste tanto en ser gracioso como en parecer desesperado”, dice Alejo Flah

No hay duda de que Dani Rovira es un tipo popular, y no parece que a él le sea aplicable eso de que nadie es profeta en su tierra. A Rovira en Málaga se le quiere, y mucho. Mantiene una imagen de tipo normal que conecta con la gente, hace patria de Málaga y del barrio de La Luz y, por si fuera poco, cada Navidad regresa a hacer un puñado de “galas solidarias” a beneficio de entidades sociales.

Por eso no extraña que este año el festival de Málaga haya decidido empezar y acabar con sendas películas del cómico malagueño, al que ha reconocido como “embajador de Málaga ante el cine español”. La primera de esas películas es Taxi a Gibraltar (Alejo Flah), una road movie.

“Da un poco de pudor cuando en tu tierra se vuelcan tanto contigo. Te toca inaugurar, clausurar… Es muy bonito romper el refranero. Málaga siempre me ha cuidado mucho. Si te están dando cariño, déjate querer. ¿Qué ganas siendo arisco? Poca cosa”, dice Dani Rovira para explicar el hecho de que sus películas, ambas fuera de concurso, sean “el alfa y el omega” del festival. Taxi a Gibraltar se estrena esta noche y el omega será Los Japón. Dos comedias que demuestran que, como dice Juan Antonio Vigar, el director del festival, parece que la cosecha de este año va a permitir tomarse las cosas menos a la tremenda.

Pegado a la realidad

Esto no quiere decir que Taxi a Gibraltar se despegue de la realidad. Ironías de la vida, el guion de Fernando Navarro mete el dedo en acontecimientos de plena actualidad. Por la pantalla pasan la amargura de los entrampados, la gentrificación de las ciudades a manos de los hípsters, la guerra del taxi y el Brexit. No es poca cosa para un guion con tres años de antigüedad, o quizá es que las cosas no pasan tan rápido.

En el contexto que acabamos de contar, Taxi a Gibraltar narra la historia de tres perdedores que atraviesan Andalucía en busca de un tesoro. Dice el director que el interés de una comedia no es sólo plantar un gag detrás de otro, sino mostrar unos personajes en conflicto. “La comedia no consiste tanto en ser gracioso como en parecer desesperado”, resalta Flah, que define su película como “una comedia de aventuras”.

La desesperación es el motor común que mueve a sus protagonistas a buscar un tesoro en Gibraltar. No es casual que el pícaro argentino encarnado por Joaquín Furriel se llame Diego Manfredi. Es un homenaje al actor que encarnó al gran desesperado de la historia del cine español: Nino Manfredi y El Verdugo (Luis García Berlanga, 1963).

El otro protagonista masculino es Rovira, más contenido de lo habitual. Encarna a un taxista enfurruñado y a la gresca con todos, “la pared en la cual estos dos locos rebotan la pelota”, según el propio Rovira. La tercera pata es Ingrid García-Jonsson, casi nueva en esto de la comedia.

La cárcel de su personaje es su pueblo, su madre, su novio al que no quiere. Estos tres desesperados buscan el oro escondido en los túneles de Gibraltar, y en la búsqueda del tesoro sale lo mejor de cada uno, como siempre ocurre. Ahí están La isla del tesoro o El Bueno, el Feo y el Malo para demostrarlo.

El acento llanito

La condición especialísima de Gibraltar y el acento llanito se usa, pero sin abusar, y esto se agradece. “El llanito se maneja con otras leyes y otro lenguaje. Es una peculiaridad que me asombra que no se haya retratado antes”, señala Flah.

No podía faltar el inevitable “Gibraltar español”, pero más que un eje de la película, Gibraltar acaba siendo un recurso cómico muy útil, sin empachar. En Taxi a Gibraltar las fronteras acaban saltando por los aires, porque absolutamente a todos los une la incertidumbre: tampoco los gibraltareños saben qué va a pasar con el Brexit y si se van a quedar sin saladitos.


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