La protagonista de ‘Poniente’ o ‘El camino de los ingleses’ participa el lunes 24 de junio en una sesión de Los Oficios del Cine que estará dedicada a la interpretación

juan antonio bermudez
22 Jun 2019
Juan Antonio Bermúdez

Madrileña de nacimiento, Cuca Escribano pasó su infancia y su adolescencia en Utrera, antes de estudiar en el Centro Andaluz de Teatro (CAT) y encontrar así un camino parar convertir en oficio la que siempre había sido su vocación: la interpretación. Tras participar en numerosos montajes de teatro, fue una histórica serie de Canal Sur, Plaza Alta, la que le abrió una primera gran puerta al audiovisual y desde entonces hemos podido verla a menudo tanto en la pequeña pantalla, con series como El secreto de Puente Viejo, Tiempos de guerra o La reina del sur, como en la grande, en películas como Poniente (por la que ganó el Premio ASECAN en 2002), El camino de los ingleses (2006), Atlas de geografía humana (2007), Los tontos y los estúpidos (2014)  o La ignorancia de la sangre (2014).

Estará el lunes 24 en la sede en Sevilla de la Fundación Cajasol, acompañando a Paco Tous y Mari Paz Sayago en una nueva sesión de Los Oficios del Cine que dedicaremos a la interpretación. La asistencia a esta actividad es gratuita, previa inscripción en este enlace.

 

¿Cómo llegaste en tu caso al mundo de la interpretación?

Pues un poco por vocación y un poco por casualidades de la vida. Cuando era niña, no me planteaba ser actriz, pero sí es verdad que en el colegio y en el instituto, si había que escenificar algo por ejemplo en la clase de historia o en la de griego, era yo la que me encargaba. Cuando terminé COU, me lo seguía planteando en todo caso como una actividad secundaria, en mi familia no había ningún referente y yo no conocía a nadie de ese mundo, le quedaba muy lejos a una chica que vivía en Utrera.

Lo más fácil para dar rienda a mi vocación artística fue matricularme en Filología, porque a mí me gustaba escribir, pero había algo que no me terminaba de convencer en esa decisión, estaba tristona. La casualidad fue que, el mismo día que me matriculé en Filología estaba tomando una cerveza con dos compañeras del instituto que también se habían matriculado en la misma carrera y conocimos a dos chicos que eran actores y estudiaban en el Instituto del Teatro de Sevilla. Y ahí empezó todo, al día siguiente fui a matricularme yo también. Por eso digo que fue mitad por vocación y mitad porque la vida me lo puso delante por casualidad.

 

Y después de pasar por el CAT, tus primeros papeles para el cine en concreto, ¿cómo te llegaron?

Hice pruebas para protagonizar Solas (Benito Zambrano, 1999) y Yerma (Pilar Távora, 1998), pero ahí tuve solo dos pequeños papeles. Mi primera película realmente importante fue Poniente (Chus Gutiérrez, 2002). Estaba haciendo haciendo televisión, como protagonista de Plaza Alta, para Canal Sur. Me enteré de que Chus estaba buscando a una actriz nueva y me presenté a un casting del que salí con muy buenas sensaciones pero convencida de que seguramente le darían el papel principal a una actriz famosa, ya que era un personajazo que está en 87 de las 92 secuencias que tiene la película. Sin embargo, lo conseguí y la protagonicé junto a José Coronado. Y luego ya vinieron Los aires difíciles, El camino de los ingleses y ya otros títulos.

 

El paso por series de la televisión autonómica como Arrayán o Plaza alta ha sido importante para muchos actores de tu generación.

Importantísimo. Ha sido una escuela estupenda para quien lo ha sabido aprovechar. Hacerte ocho, diez o hasta doce secuencias diarias es una barbaridad. Además parece que antes había más diferencia entre ese tipo de producciones y las películas; hoy hay televisión que se hace incluso con más medios que muchos rodajes de cine. Para entender marcas o posiciones, para intuir donde está la cámara y saber qué plano tienes, aquella tele fue una gran escuela. Y para probar mil cosas de interpretación, porque en una misma temporada el personaje pasaba por situaciones tremendas: se le moría el marido, le secuestraban a un hijo, le metían en su casa a su peor enemiga… Le pasaba de todo.

Tú has vivido esa época intensa de las series autonómicas y luego te fuiste a vivir a Madrid, pero has podido seguir de cerca el auge del cine andaluz. ¿Cómo lo ves y cómo lo has vivido?

Yo creo que ese crecimiento ha tenido que ver sobre todo con la aparición de figuras individuales, de directores, guionistas y técnicos. Está vinculado al esfuerzo y al talento individual que ha ido surgiendo en estos años en esos campos, porque los actores estábamos, pero teníamos que irnos a Madrid para hacer nuestra carrera. Mi pena personal es no haber podido participar más de este crecimiento, aunque bueno, mi carrera también ha ido por otro lado y algunas producciones andaluzas sí he hecho.

Los procesos en el cine y la televisión tienen muchas similitudes pero también muchas diferencias. ¿En qué medio te sientes más cómoda?

Yo me siento más cómoda haciendo cine, aunque como te decía la televisión se está haciendo cada vez en mejores condiciones. En el cine se da más eso de sentirse “todos a una”.  Me siento más segura y más arropada por la dirección y por los jefes de departamento en el cine, me parece que es más fácil ir todos en la misma dirección. A veces, en la televisión te encuentras que hay muchos directores y muchos guionistas para una misma serie. Y resulta más difícil la coordinación, eso exige un mayor esfuerzo y a mí en concreto me crea más inseguridad.

Pero también podría decir que a veces es bueno que las circunstancias obliguen a cambiar los planes. he aprendido a tomarme eso como parte del trabajo y a ver que tiene algo positivo. Creo que a los actores no nos conviene tener todo tan seguro y tan cerrado. A mí me gusta saberme muy bien el texto, llegar y tener muy clara la idea de lo que le está pasando a ese personaje, pero que luego ocurra lo que tenga que ocurrir en el set. Algo de magia debe de haber siempre para no estar cerrado a los cambios improvisados que puedan enriquecer. Y también hay otra cosa que creo importante: los actores tenemos que aprender a convivir con la frustración. Supongo que todos los departamentos, pero nosotros en especial dependemos de muchas personas para crear nuestro personaje. Y a veces cuando vas con algo muy preparado y hay cambios, se dan unos momentos de frustración con los que tienes que aprender a convivir. Hay que ser más flexible y estar dispuesto a los cambios.

En todo este entramado del cine y la televisión, los actores sois los que dais la cara. Y eso puede suponer muchas veces ceder en el control sobre vuestra vida privada. ¿Cómo has vivido tú eso que podemos llamar «la popularidad»?

Mira, hay algo curioso. Yo creo que el fenómeno fan afecta más a los actores hombres que a las mujeres. A nosotras nos suelen molestar menos. No hay una nube de quinceañeros esperando a casi ninguna actriz, no lo he visto nunca. Y sí he visto nubes de quinceañeras a veces persiguiendo a actores como Hugo Silva o Miguel Ángel Silvestre. A veces he estado comiendo con ellos y hemos tenido que salir por la puerta de atrás de un restaurante. Y sin embargo en otras ocasiones he estado comiendo con Maribel Verdú, que es una de las guapazas de España, y no me ha pasado eso.

Por otro lado, yo no he tenido un boom mediático tan grande como para que me llegue a molestar la popularidad. Es más, cuando se me acerca alguien es porque ha visto algún trabajo mío y siempre que sea con respeto no tengo ningún problema. Al principio de mi carrera, sí que me violentaba algunas veces que me mirasen mucho o que cuchicheasen sin dirigirse a mí. Prefiero que se me acerquen y me hablen, me pidan una foto o lo que sea. Pero también he desarrollado la capacidad de no ver a la gente que me señala o que me mira por la calle. Y también es verdad que soy muy despistada y ese despiste me salva de estar incómoda.

 

¿Y sientes que has tenido que cambiar tu vida en algún aspecto por ser conocida?

No he cambiado nada. Voy a la playa como me da la gana, salgo por la noche a tirar la basura en zapatillas y bajo a pasear a mis perros en chándal. Creo que con las redes sociales también se ha normalizado todo un poco, se ve que los actores somos iguales que las demás personas, ya no somos estrellas inalcanzables como las del Hollywood de los 50. Ahora mismo cualquiera puede hacerme una foto y subirla a Instagram. No se puede luchar contra eso y hasta tiene cierto encanto que te vean que tienes arrugas o que vas en chanclas. Eso se ha normalizado y hay que darle la vuelta en positivo.

Una imagen tuya en los Goya de 2017, luciendo un mantón bordado en el que podía leerse “Más papeles femeninos”, se viralizó. ¿La respuesta a esa demanda pasa por que haya más mujeres en puestos de dirección en el audiovisual? ¿Más mujeres directoras, guionistas y productoras?

Más mujeres con una mirada feminista. No vale cualquier mujer, desgraciadamente. A nosotras mismas nos cuesta quitarnos el chip del machismo, porque lo hemos mamado. Y es necesario sobre todo que haya más mujeres guionistas para que no pasen cosas como que el personaje femenino más representado en el cine español sea el de prostituta, según un estudio de CIMA. Yo ahora mismo estoy haciendo de exprostituta y vengo de una serie en Colombia donde he hecho de prostituta. Es algo que ya he sido en no sé cuántos personajes… Chiquillo, ¿es que no tenéis más imaginación? ¿Es que no hay más cosas en este mundo que podamos hacer las mujeres?

Y además es que es fundamental que haya más personajes femeninos con registros diferentes porque eso es lo que educa, lo que crea modelos. Si contamos que todas somos putas y que no vamos a llegar nunca a ser cirujanas y nos tendremos que conformar en todo caso con ser enfermeras, ese es el modelo que estamos transmitiendo. El cine no es cualquier cosa, crea modelos.

 

Y también te posicionas claramente a favor de la discriminación positiva en las ayudas.

Claro, también estoy muy a favor de esos puntitos que dan las ayudas del Ministerio si la película tiene una directora o una guionista. Mucha gente se queja por eso pero creo que es porque no lo entiende o porque desconoce la desigualdad tan abrumadora que hay. Tiene un sentido, hay estudios previos que dicen que saliendo el mismo número de chicas de las escuelas de cine no llegan a dirigir ni una cuarta parte.

 

¿Qué consejos le daría a alguien que quiere dedicarse a la interpretación?

Como a mí me apasiona esto, ¿qué le voy a decir? Pues que se anime y que busque las mejores opciones. Te puedes formar de manera autodidacta, porque tengas cerca una compañía de teatro, unos amigos que hacen cortos o situaciones así. Pero yo creo que también es importante entrar en una escuela, que además de darte una base formativa te va a facilitar el contacto con los compañeros, algo que es muy importante sobre todo en esos primeros años. Las escuelas son también una manera de poner un piececito en lo laboral, porque puedes conocer a profesores invitados, por ejemplo, o porque simplemente pasados unos años un compañero puede acordarse de ti para un papel concreto.  Luego, puedes picar con cursos especializados de aquí y de allá, y con cada nuevo trabajo también vas a seguir aprendiendo.

Para terminar, ¿qué nos puedes contar de los proyectos en los que estés trabajando ahora mismo?

Estoy terminando una serie de TVE que se llama Malaka, muy cuidada. Se rueda en Málaga, con equipo andaluz. Y este verano voy a hacer una película de la que me pasaron el guion hace diez años, La mancha negra, de Enrique García, también malagueño. Ya he trabajado con él en 321 días en Míchigan y me hace ilusión volver a rodar con él. Es una película con poco presupuesto pero esperemos que vaya muy bien, tiene un buen equipo, un buen guion y una buena localización.


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