Cuchillo películas rodadas en Almería
Juan Gabriel García
Juan Gabriel García

Hace cincuenta años el western mandaba como género más recurrente de cuantos se rodaban en la provincia de Almería. Sergio Leone ya se había convertido en mito a través de la grandiosa trilogía del dólar (Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo) que fijó el universo iconográfico del subgénero conocido como spaghetti western en los áridos paisajes almerienses, en especial los de Tabernas y el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar.

En 1968 Almería atravesaba por uno de sus mejores momentos como plató de cine. La industria, de alguna manera, se había consolidado en esta tierra y aún en esta época coincidían varios rodajes en una misma semana. Los almerienses se habían acostumbrado a ver a las estrellas por el Paseo de Almería, tomando tapas en los locales de moda o en los toros, como así lo atestiguan numerosas fotografías.

Almería crecía y se adaptaba a las necesidades del cine. En esta época surgen, o se consolidan, los grandes hoteles que, a diferencia del pasado, donde solo había pensiones o establecimientos de baja calidad, tenían cierto glamour y podían acoger a las estrellas del séptimo arte.

El Aeropuerto de Almería, inaugurado oficialmente por Franco en febrero de 1968, se convirtió en una infraestructura que facilitó sobremanera el trabajo de las productoras. Ya no era necesario viajar hasta Madrid o Málaga y, por las terribles carreteras de entonces y tras muchas horas, llegar a Almería como el que llega al fin del mundo. La industria del cine dio el empuje definitivo para que el aeropuerto se hiciese realidad.

La lista que ofrecemos a continuación destaca diez títulos que, por su resultado artístico, popularidad o peculiaridades de diversa naturaleza, podemos considerar como significativas de este periodo. Abarcamos las películas que se rodaron en Almería entre 1967 y 1968 porque habitualmente se estrenaban al año siguiente de su rodaje, así que hablamos, en algunos casos, del cincuenta aniversario del estreno y, en otros, de su filmación. Seguro que hay olvidos importantes y disparidad de opiniones sobre las películas reseñadas.

Calma, que no panda el cúnico, como diría el Chapulín Colorado, al repasar de un vistazo la lista que proponemos echamos en falta con urgencia e indignación una de las, como mínimo, mejores películas que jamás se han rodado en Almería, por no decir en toda la historia del cine: Hasta que llegó su hora. Hemos dejado fuera el cuarto western de Sergio Leone porque esta joya merece una atención individual y pormenorizada en un próximo articulo donde la trataremos en profundidad.

A continuación, hacemos un flash back de cincuenta años para rememorar, y reivindicar por orden alfabético, diez buenas películas rodadas en Almería en aquel tiempo. Lógicamente el western sobresale con fuerza, pero hay otros géneros y alguna deliciosa rareza.

 

Cementerio sin cruces (también conocida como Una cuerda, un colt– Fono Roma / Les Films Copernic / Loisirs du Monde).

Dirigida y protagonizada por Robert Hossein, quien también firma el guion junto a Claude Desailly y Darío Argento (sí, el mismo que después transmutaría en estrella del género de terror) se nos presenta como una singular aportación francesa al spaghetti western de la época.

Cementerio sin cruces propone una historia de venganza abordada con cierto realismo, su tono no es paródico ni irónico, sino que muestra el drama interior de unos personajes que viven atormentados por la idea de venganza que taladra sus cabezas. Una venganza que se interpreta como una penitencia en vida y que desemboca en tristeza y frustración.

Michèle Mercier da vida a un potente personaje que se erige en el motor de la historia. Largos silencios, miradas que sirven por varias páginas de guion, y un respetuoso guiño/homenaje al estilo de Leone, constituyen la esencia de su personalidad. Una película sórdida que el paso del tiempo ha provocado que caiga en un olvido casi absoluto, tal vez por el sabor a derrota que desprende. En Tabernas y Cabo de Gata se ubicaron las principales localizaciones.

Como anécdota, Michèle Mercier y Robert Hossein acudieron el 8 de marzo de 1968, mientras rodaban en Almería Cementerio sin cruces, al Teatro Apolo para apadrinar el primer Festival Cinematográfico Francés que se organizó en Almería con el apoyo del consulado del país galo. Esa noche se proyectó la película La segunda verdad que, curiosamente protagonizan Hossein y Mercier bajo la dirección de Christian-Jaque. Antes de la proyección de la película el público del Apolo ovacionó a la pareja de artistas invitados.

 

100 rifles (Fox)

Las influencias del western europeo tuvieron tanta fuerza que, en plena eclosión del fenómeno, la cinematografía estadounidense empezó a producir títulos que contenían las constantes estéticas, narrativas y temáticas del spaghetti western. Renunciaron a sus propios códigos para emular los instaurados tras el éxito de Leone.

Uno de estos paradójicos casos lo representó 100 rifles, una producción estadounidenses rodada parcialmente en Almería, con el protagonismo absoluto de Rachel Welch en uno de los momentos de mayor popularidad de su carrera. Dirigió Tom Gries con un guion basado en la novela de Robert MacLeod, y en el que también participó Clair Huffaker y el propio Gries.

El reparto lo completaron Jim Brown, ex jugador de fútbol americano, Burt Reynolds y Fernando Lamas. En papeles pequeños podemos ver a actores que fueron muy significativos para este género, como Carlos Bravo, Aldo Sambrell o José Manuel Martín, o que luego se hicieron muy populares, como Sancho Gracia. El director de fotografía fue el almeriense Cecilio Paniagua.

Florencio Amarilla durante el rodaje de 100 rifles.

Florencio Amarilla durante el rodaje de 100 rifles.

A nivel artístico, 100 rifles no ofrece nada nuevo, pero por el nivel de la producción, y el impresionante elenco con el que contó, así como la gran cantidad de figuración local que se sumó al rodaje, aúpan a esta cinta como una de las más importantes de las que se rodaron en Almería en 1968.

Supuso el debut en el cine del almeriense de adopción Florencio Amarilla. Fue jugador de fútbol profesional. Tras despuntar con Paraguay en el Mundial de Suecia 58, fichó por el Oviedo de Primera División. En 1968, en el ocaso de su carrera deportiva, recaló en el Almería de la época. Guaraní de origen, contaba con su peculiar sentido del humor que “un día me vieron, y como tenía cara de indio me llevaron a las películas”.

Su estado de forma, que le permitía participar en las escenas de acción, su pericia montando a caballo, y un buen parecido físico que resistía los primeros planos, posibilitaron que Amarilla tuviese una efímera carrera como actor secundario. Su nombre aparece en los títulos de crédito de películas como El Cóndor, Chato, el apache o Caballos salvajes, entre otras.

 

¡Corre, Cuchillo, corre! (Chretien / Mancori)

Tercer y último western dirigido por Sergio Sollima (padre de Stefano Sollima, director de las series Roma criminal y Gomorra, o las películas Sicario: El día del soldado o la brillante y poco valorada Suburra), uno de los cineastas que, a pesar de lo poco que se prodigó en el género, disfrutó de una mayor consideración entre los aficionados.

¡Corre, Cuchillo, corre! es la secuela de El halcón y la presa, que recupera el personaje del mexicano protagonista, Cuchillo, al que da vida el temperamental y seductor Tomas Milian, para adentrarse en una nueva aventura. En esta ocasión no le acompaña Lee Van Cleef.

Inferior a la primera parte, el simple hecho de que contase con una secuela ya revela el éxito que tuvo el carismático personaje de Cuchillo, un caradura holgazán, pero de noble corazón, que hace honor a su apodo utilizando cuchillos, en vez de un revólver, para derribar a sus adversarios.

 

Los cuatro truhanes (Crono Cinematografica / Finanzia San Marco)

Segundo título de la trilogía de Giuseppe Colizzi (también autor del guion), protagonizada por Terence Hill y Bud Spencer, que se completa con las películas, también rodadas en Almería, Tú perdonas… yo no y La colina de las botas. Tiene el gran aliciente de contar como secundario de lujo con Eli Wallach, muy popular en el western tras su magistral interpretación de Tuco en El bueno, el feo y el malo, uno de los personajes más genuinos de todo el cosmos del western europeo.

El tándem formado por Hill y Spencer, alias de Mario Girotti y Carlo Pedersoli respectivamente, repite sus personas de Tú perdonas, yo no… pero aquí, a diferencia de la anterior, endulzan un poco el tono realista y todo se vuelve más paródico y exagerado, las hostias se reparten con alegría.

La importancia de este título, además de la presencia de Wallach, se encuentra en la consolidación de la pareja protagonista, que tan popular se haría un poco después con sus películas de mamporros y tortazos y humor blanco, “un western sin sangre”, como anunciaban Le llamaban Trinidad, su rotundo éxito, y que no se rodó en Almería.

 

El hombre, el orgullo y la venganza (Fono Roma / Regal Film / Terra-Filmkunst / Constantin Film)

Adaptación libre de la Carmen de Prosper Merimée, ambientada en Sevilla y con el sello del spaghetti western como estilo, subgénero al que se circunscribe tal vez erróneamente. Dirigida por Luigi Bazzoni, con guion del propio director y de Suso Cecchi D’Amico, una de las principales guionistas de toda la historia del cine italiano.

Franco Nero se mete en la piel del sargento José, al que en algunas versiones hicieron llamar Django, con la clara intención de confundir al espectador, por no decir engañarlo, y hacerle pensar que esta película se trataba de una secuela del Django de Corbucci, que también protagonizó Nero. Completan el trío protagonista  Tina Aumont y Klaus Kinski en los papeles de Carmen y su marido.

Rafael de España, en su libro Breve historia del western mediterráneo, achaca la confusión de que esta versión de Carmen se catalogue como un western por un planteamiento publicitario equívoco, probablemente apoyado en el estrecho vínculo de Nero y Kinski con el género.

Cartel promocional de la película 'El hombre, el orgullo y la venganza'.

Cartel promocional de la película ‘El hombre, el orgullo y la venganza’.

De España también ahonda en las triquiñuelas de la época para presentar estas películas como algo que no eran, con la finalidad de ganar espectadores: “En Alemania, desde luego, el afán de confundir al espectador ya quedó claro en el título Mit Django kam der Tod, en consonancia con el cual a don José se le convirtió en el teniente Django (el film de Corbucci había causado gran impacto en el público alemán) mientras que a Carmen, ya puestos, se la convertía en Conchita…”.

El hombre, el orgullo y la venganza tiene dos grandes anécdotas en Almería. Una de ellas fue la participación de la Hermandad de Estudiantes en una secuencia de una procesión y la otra, que casi acaba en tragedia, tuvo que ver con los efectos especiales.

Gumersindo Andrés, que en esta película participó en el equipo de decoración, recuerda así la anécdota: “Había una escena en la que una diligencia, en el desierto de las ramblas de Tabernas, era asaltada por unos bandidos. Para parar la diligencia ponían un explosivo y caía una piedra que le cerraba el paso. La primera vez, el de efectos especiales puso un explosivo insuficiente, la segunda vez tampoco funcionó y a la tercera, ya cabreado, no sé lo que pondría, que no fue la piedra, sino media montaña de la rambla lo que cayó”.

 

Mercenarios sin gloria (Lowndes Productions)

El desierto de Almería se transforma en el del Sáhara para ambientar esta historia que transcurre durante la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de mercenarios son contratados por el ejército británico para cruzar las líneas enemigas y destruir un depósito de carburante para debilitar la estrategia nazi en la zona.

El veterano André De Toth, uno de los ilustres tuertos de la historia del cine, dirige la película cuyos personajes principales interpretan Michael Caine y Nigel Davenport. El guión lo firman Melvyn Bragg, Lotte Colin y George Marton.

De Toth, que se despidió de la dirección con esta película, ya conocía Almería, pues había sido director de la segunda unidad de Lawrence de Arabia y tras Mercenarios sin gloria regresó en su faceta menos explotada de productor como uno de los responsables de El Cóndor, un importante western rodado en 1969 que dio origen a un decorado que llevó el mismo nombre que el de la cinta que lo vio nacer. En la actualidad solo quedan ruinas.

Mercenarios sin gloria muestra el absurdo de la guerra a través de unas situaciones límite a las que se enfrentan los personajes, en algunos casos muy escabrosas y violentas. Desprende un mensaje antibelicista e incluso contrario a las jerarquías que establece una institución como el ejército. Rodada con nervio y, como no puede ser de otra forma en un cineasta con tanto bagaje como De Toth, destaca por sus espectaculares escenas de acción.

 

Shalako (ABC Pictures Corporation / Palomar Pictures / CCC Filmproduktion)

Shalako, película basada en la novela de Louis L’Amour, escritor especializado en el género del Oeste, se presentó como un gran western de corte clásico con una atractiva pareja protagonista compuesta por Brigitte Bardot y Sean Connery. La adaptación de la novela corrió a cargo de J.J. Griffith, Hal Hopper y Scot Finch.

Edward Dmytryk, experimentadísimo cineasta autor de películas tan notables como El motín del Caine, El baile de los malditos o El hombre de las pistolas de oro, se puso al frente del proyecto. La pareja protagonista contó con compañeros tan reconocidos como Stephen Boyd, Jack Hawkins o Woody Strode en papeles secundarios.

Shalako es una película de calidad en la mayoría de sus aspectos, aunque vista hoy día se percibe que el paso del tiempo no ha jugado a su favor. El 22 de diciembre de 1968 el crítico J. Pedret Muntañola alabó la película en La Vanguardia: “El mejor cine del Oeste, de acción, de violencia, de hermosas galopadas, de amplios horizontes, de paisajes escarpados y desérticos requemados por el sol, nos vuelve, a través de los escenarios naturales almerienses, sorprendentemente adecuados a las exigencias del tema; casi diríamos más realistas, ásperos y duros que los habitualmente empleados en el país de origen”.

Pero como buen crítico, Pedret Muntañola no desaprovechaba la ocasión para darle algún palo al señalar algunas de las, a su juicio, carencias de la obra: “en Shalako falla el guion, que contiene algunas puerilidades absolutamente innecesarias y de excesivo efectismo que no concuerda con la sobria efectividad del conjunto. Falla, a veces, la ambientación y falta una visión de síntesis que haga más coherente la producción. Pero se acierta en la nota de originalidad que da el mismo guion, en escenas de elevado valor cinematográfico…”.

Hemos podido recuperar la ficha publicitaria que la distribuidora, Regia Films Arturo González, hizo llegar a los medios de comunicación de la época. Esa ficha es una hoja que muestra en la cara principal el cartel de la película a color, y en la parte de atrás viene una sinopsis que la palabra spoiler se queda corta para describir todos los destripes que contiene.

En esta ficha también se pueden leer las famosas frases publicitarias que se proponían en los años sesenta para cuando se hablase de esta producción en la prensa:

  • “Un western grandioso”
  • “Sean Connery y Brigitte Bardot: una pareja explosiva para un filme espectacular”
  • “Todo el dramatismo y toda la acción de las grandes películas del Oeste”
  • “Sean Connery, un hombre llamado Shalako”

 

Stress-es-tres-tres (Elías Querejeta Producciones Cinematográficas)

No podía faltar en nuestra lista una película española. En 1968 Carlos Saura era uno de los referentes del nuevo cine español, ese que proponía temas, estéticas y líneas narrativas completamente distintas al complaciente cine patrio con el régimen de aquel tiempo. En este sentido, Stress-es-tres-tres bebe directamente de la nouvelle vague para ofrecernos una road movie con un triángulo amoroso dominado por los celos y la venganza.

Geraldine Chaplin, Juan Luis Galiardo y Fernando Cebrián son los tres vértices de esta historia, escrita por el propio Saura y Angelino Fons con la producción de Elías Querejeta. La playa de Mónsul en San José, Níjar, una de las más cinematográficas de Almería, se convierte en la principal localización de este drama psicológico.

Carlos Saura en el 2016 durante los Encuentros con Directores de Cine de Unicaja en Almería.

Carlos Saura en el 2016 durante los Encuentros con Directores de Cine de Unicaja en Almería.

Muy lejos en cuanto al resultado artístico de las obras más notables de Saura de este periodo, como La caza, Stress-es-tres-tres ya ofrece las características más representativas de su cine, donde sobresale la sensualidad contenida y una potente carga simbólica.

En una entrevista Saura reconoció que Almería surgió como respuesta a su necesidad de encontrar una playa solitaria donde transcurre la mayor parte de la cinta. Y además desveló un dato muy interesante, Stress-es-tres-tres surgió como un proyecto mucho más pretencioso.

Como explicó el propio director: “No se pudo llevar a cabo por dificultades técnicas. Estos tres personajes que tenían problemas sentimentales y celos llegaban a esta playa. Había caído la bomba en Palomares y un equipo muy sofisticado, compuesto por técnicos y científicos enmascarados, llegaban a esta playa y se daban cuenta de que estos tres personajes estaban contaminados. Todos sus problemas personales desaparecían por una cosa mucho más importante, como era la caída de una bomba atómica”.

 

El valle de Gwangi (Morningside Productions)

Excepcional western fantástico que cuenta la historia de unos vaqueros de circo que descubren en el desierto a dinosaurios vivos que se creían extinguidos. Capturan a uno de ellos, al que llaman Gwangi, con la ‘brillante’ idea de exhibirlo de feria en feria hasta que, como no podía ser de otra manera, el dinosaurio escapa provocando terror a su paso.

Formidable película pre Parque jurásico que únicamente puede despertar admiración al tratarse de un soberbio ejercicio de ingenio artesanal, gracias a unos efectos especiales rebosantes de talento. El argumento es idéntico al de King Kong pero, en este caso, es lo de menos. Dirigida por Jim O’Connolly con guion de William Bast, el nombre propio que destaca entre sus creadores es el de Ray Harryhausen, en esta obra como productor y responsable de los efectos visuales a través de la popular técnica del stop motion.

Un dinosaurio en la Plaza de Toros de Almería en El valle de Gwangi.

Un dinosaurio en la Plaza de Toros de Almería en ‘El valle de Gwangi’.

Por arte de magia, en realidad por juegos con las perspectivas, superposición de fotogramas y la animación de criaturas a través de la tradicional y paciente técnica del plano a plano, Harryhausen se adelantó a su tiempo para hacer posible que el séptimo arte abordase historias como ésta, donde únicamente los efectos visuales la podían sacar adelante.

Además de las localizaciones almerienses más populares, El valle de Gwangi rodó algunas de sus escenas en espacios poco concurridos por el celuloide, como las plazas de toros de Berja y Almería, que simulan los lugares donde el circo representaba sus espectáculos. Indispensable ver la secuencia del dinosaurio en la Plaza de Toros de Almería cuando lucha con un elefante. La figuración tuvo que rodar esas escenas imaginándose a las criaturas que siembran el caos.

Jasón y los argonautas, Hace un millón de años, El viaje fantástico de Simbad o Furia de titanes, representan el gran legado cinematográfico de Harryhausen. Películas que evidencian que el cine se enciende en nuestro cerebro cuando una ilusión permite engañar a nuestros ojos.

 

Las Vegas, 500 millones (Capitole Films / Eichberg-Film, Franca Film / Isasi P.C.)

Antonio Isasi-Isasmendi dirigió este thriller policíaco como si se tratase de una gran superproducción internacional. Se basó en una novela de André Lay, adaptada a la gran pantalla por Lluís Josep Comerón, Jo Eisinger, Jorge Illa y el propio director.

La película tuvo un enorme éxito, y se comercializó en casi todo el mundo con muy buenas cifras de taquilla. A su carácter cosmopolita contribuyó el reparto, encabezado por Gary Lockwood, protagonista de 2001, una odisea en el espacio, Elke Sommer y el siempre recurrente Jack Palance, un asiduo a la provincia de Almería.

Los paisajes almerienses se transformaron en esta ficción en los del desierto de Las Vegas. La cinta narra la historia de un grupo de delincuentes que deciden robar un furgón blindado que porta 500 millones de dólares. Tras el golpe se esconden en una especie de zulo en medio del desierto, la situación provoca que se enfrenten entre ellos por el botín mientras investiga la policía.

Afiche de Las Vegas, 500 millones.

Afiche de Las Vegas, 500 millones.

En su libro Memorias tras la cámara. Cincuenta años de un cine español, Isasi-Isasmendi recordaba este rodaje y una curiosa anécdota que protagonizó Elke Sommer. En las dunas del Cabo de Gata la actriz tuvo la necesidad de ir al baño. Amablemente le indicaron que tenía un desierto entero para ello, pero negó el ofrecimiento. La tuvieron que llevar al pueblo para que fuese a un servicio acondicionado con sus exigencias. El director recuerda en su libro que al día siguiente producción adquirió un váter, un lavabo y un depósito de agua y se instaló un completo aseo en medio de la nada.

En un artículo escrito por Diego Galán en El País bajo el título Isasi-Isasmendi, un hombre de acción, el director rememoraba cómo solucionó muchos problemas de rodaje gracias al montaje: “Y dirigí Las Vegas 500 millones, que es una película de acción trepidante, sin mover la cámara, solo en planos fijos. Me siento orgulloso de ello. Y no se dio cuenta nadie”.

Antonio Isasi-ISasmendi recibió en el 2000 el Goya de Honor como reconocimiento a su carrera. Falleció en 2017 a los 90 años. Además de la película que nos ocupa, Estambul 65, Un verano para matar o El perro, le sitúan como uno de los cineastas españoles que mejor ha rodado la acción. En su caso, cuando se comparaba su cine con “una película americana”, se interpretaba como un elogio por la espectacularidad, dinamismo y veracidad que desprendían sus imágenes.


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