Néstor Cenizo
18 Dic 2018 - Néstor Cenizo

José Antonio Hergueta dirigirá ‘Caleta Palace’, un proyecto que recrea los días previos a la caída de la ciudad a partir de los testimonios de Arthur Koestler, Gerald Brenan, Gamal Woolsey o André Malraux

El 18 de julio de 1936 Málaga dejó de ser la ciudad del paraíso. Fue entonces otra cosa, algo caótico y atroz, muchas veces despiadado, y desde sus atalayas un puñado de testigos de excepción vieron el horror. No cayó en manos de los sublevados hasta el 7 de febrero de 1937, pero en esos siete meses ocurrieron cosas que Gamal Woolsey y Gerald Brenan, Arthur Koestler o André Malraux reflejaron en algunas obras que no marchitan. El director y productor José Antonio Hergueta quiere tirar de esos relatos para su nueva película, Caleta Palace, producida por MLK con apoyo de la Junta de Andalucía, y guion de Regina Álvarez y el propio Hergueta.

Hergueta conocía esos textos desde que hace doce años trabajó con abundante documentación de la Guerra Civil para dirigir Operación Úrsula. “En todos había un impacto humano muy grande y una reflexión sobre lo que sucede a nivel revolucionario: la toma del poder por el pueblo, que por un lado era un anhelo muy grande, pero que se gestiona pésimamente, y se convierte en un periodo de desastre y terror”, explica.

Una revolución de siete meses

Durante esos meses Málaga se convirtió en una especie de isla, en un enclave de segunda importancia para la República, que se concentra en la defensa de Madrid, y cuya conquista retrasa el Ejército del Sur comandado por Queipo de Llano. “En ese periodo no hay un poder claro, los anarquistas dominan la ciudad y se vive una revolución que dura siete meses”, señala el director de Caleta Palace.

Para recrear ese tiempo, Hergueta quiere recurrir a la mirada del otro. Son casi todos escritores y periodistas, aunque también hay diplomáticos o empresarios. La mayoría, implicados a favor de la República, pero también Mercedes Formica, que es falangista y capaz de narrar esas horas “de una manera muy humana y excepcional”. Todos narran los mismos sucesos desde un punto de vista a veces coincidente.

Los acontecimientos ocurren en ese barrio burgués y residencial de El Limonar, donde el tiempo parece quedar suspendido, en palabras de Hergueta, y donde estaba el Hotel Caleta Palace, reconvertido hoy en la sede de la Subdelegación del Gobierno. La idea de Hergueta y Regina Álvarez, ambos malagueños, es construir un relato coral, y que Caleta Palace sea un falso documental que imbrique aquellos días tumultuosos con las incertidumbres del presente.

Narradores ilustres: Koestler, Malraux, Gerald Brennan y Gamal Woolsey

La Guerra Civil en Málaga tiene mucho de historia no contada. Algo tiene que ver la vergüenza que para la República supuso su caída casi sin apenas resistencia, porque nunca llegaron las armas prometidas desde Valencia. Tampoco al franquismo le convenía airear la masacre cometida con decenas de miles de malagueños que huyeron de la ciudad en dirección a Almería, mientras eran bombardeados desde el mar por el Baleares, el Canarias y el Almirante Cervera, tiroteados desde el aire por los Heinkel alemanes y hostigados por tierra por los regulares marroquíes, fascistas italianos y tropas sublevadas al mando de Queipo de Llano, que desde Radio Sevilla lanzaba sus brutales amenazas a Málaga La Roja: “Malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna”.

Si sobre la caída y la represión franquista inmediatamente posterior se extendió un vergonzoso manto de silencio, los meses previos quedaron relegados a un oscuro rincón de la memoria. Sin embargo, a algunos les sirvieron para escribir libros. El Laberinto Español de Gerald Brenan, que también recogió el oscuro episodio en sus memorias; Málaga en llamas, de Gamal Woolsey; o La Esperanza, de André Malraux, a cuya escuadrilla se le encomendó la defensa de Málaga, están entre los más conocidos.

Otros testimonios habían pasado más desapercibidos hasta ahora. La brigadista. Diario de una dinamitera de la Guerra Civil es la obra escrita por Elizaveta Parshina, una voluntaria soviética que acudió a Málaga a traducir y acabó en el escuadrón encargado de volar los últimos puentes. También está el caso del relato de un soldado italiano integrado en el departamento de propaganda de Mussolini, cuyo primer noticiero da cuenta de la conquista de Málaga.

O el del diplomático mejicano Porfirio Smerdou, que lo mismo procuró refugio y huida a perseguidos sospechosos de simpatizar con los sublevados, que luego a republicanos en el punto de mira de los franquistas.

Málaga, un microcosmos

La historia de Smerdou refleja hasta qué punto se había creado un microcosmos en Málaga y El Limonar, el coqueto barrio burgués donde vivían los diplomáticos, tan verde y tan brillante, tan aparentemente alejado de las miserias y el horror de la guerra.

Smerdou estaba casado con Concha Altolaguirre, hermana del poeta Manuel Altolaguirre y prima de Luis Bolín, el periodista adscrito a la Oficina de Prensa y Propaganda de los sublevados. Bolín había jurado matar “como a un perro” a Arthur Koestler porque este, en un episodio memorable, lo había burlado para conseguir una entrevista con Queipo de Llano.

Protegido por el aristócrata y zóologo Peter Chalmers, también protagonista de la película, Koestler fue extrañamente apresado en Málaga, condenado a muerte, y canjeado por Josefina Gálvez, la esposa del aviador franquista Carlos de Haya. Koestler, periodista y espía, también había conseguido pruebas de la participación alemana e italiana en las tropas sublevadas. Luego volcaría sus recuerdos de prisionero de los sublevados en su inmortal  El cero y el infinito.

Lo maravilloso y lo trágico

“Todos están entrecruzados. Daría para una serie de televisión”, admite Hergueta, que se ha decantado por trenzar un guion más ambicioso que el de la pura narración. “Mi objetivo no es vestir a un montón de gente de milicianos ni recrear la guerra civil, porque la oportunidad que ofrecen estos testimonios es ver cómo es posible que se abra lo maravilloso y el horror dentro de la cotidianeidad de una ciudad cualquiera”, comenta el director y guionista.

“La guerra se va a ver y sentir de una manera más sutil”, señala Hergueta. Caleta Palace contará lo que ocurrió a través de la mirada de unos hombres y mujeres con una capacidad extraordinaria para observar los días convulsos de la revolución. El momento “maravilloso y a la vez trágico” en el que Málaga dejó de ser la ciudad del paraíso.


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