Marta Jiménez
Marta Jiménez

En La peste, la Sevilla del siglo XVI tiene olor. Se trata de un paseo en distintas dimensiones por aquellas calles encerradas dentro de una muralla. Al menos, esa será la sensación del telespectador que siga la primera serie de superproducción española que está dirigida por el sevillano Alberto Rodríguez. 10 millones de euros -1’8 por capítulo- 100 actores, 2.000 figurantes, 200 profesionales tras la cámara y más de 250 escenas localizadas en Andalucía son sus cifras. MoviStar + está detrás de este encargo que le hicieron al director hace ahora dos años, con la invitación a que se inventase una serie sobre lo que quisiese y para la que tendría libertad absoluta. El resultado se verá en enero, pero sus dos primeros capítulos se han pasado en pantalla grande en la presente edición del Festival de San Sebastián. Otro signo de que los tiempos están cambiando, ya que por primera vez el festival donostiarra acoge a una serie en su Sección Oficial, aunque fuera de concurso.

El glorioso siglo XVI se muestra en estos dos episodios con unos claroscuros muy barrocos, en realidad, iluminados por velas y antorchas, y con una puesta en escena brillante y verosímil. Es una Sevilla llena de fango y de charcos, de suciedad, de mancebías, de ratas, de suburbios, de mercados y también de palacios suntuosos. Pablo Molinero y Paco León encabezan un reparto llenos de rostros del cine andaluz. Ambos capítulos llevan grabada la marca Rodríguez y la de su equipo habitual, esa gran familia andaluza de profesionales del cine, la misma que ha firmado títulos como La Isla Mínima, Grupo 7 y Siete vírgenes. Director y guionista -su inseparable Rafael Cobos- atienden a Filmand en el hotel María Cristina de San Sebastián, unas horas antes de la gala de estreno en el cubo grande del Kursaal.

¿Produce vértigo llegar por vez primera a la Sección Oficial de San Sebastián con una serie?

Alberto Rodríguez. Sí que produce, pero en mi caso es peor cuando vengo con una película en competición. Tengo, todos la tenemos, la sensación de estreno y ese hormigueo. Pero cuando vienes con una película en competición, pesa más.

¿El cine y la televisión están condenados a entenderse?

A.R. Por supuesto. Bueno, a entenderse, a convivir, simplemente.

Rafael Cobos: Son vasos comunicantes. Ambos son ficción e imagen.

¿Estáis preparados para que el espectador vea vuestra serie en un móvil o en una tablet? ¿Se rueda y se mira de otra manera pensando en eso?

A.R. Uf, esa es una pelea constante desde que empezamos la serie. Desde el principio creí que debíamos hacer la serie para la gente que la va a ver con calidad en su casa, y los otros deberían aprender y aspirar a verla con la misma calidad, a verla en la tele como mínimo. Para eso trabajamos, no para que se infrautilice luego la imagen en una pantalla pequeña. Me da mucha pena, la verdad.

R.C. Es cierto que es la única manera de verlo si vas en un tren o estás en una sala de espera, pero se convierte en mucho diálogo para ver en el móvil, como bustos parlantes. Como si fuera una audioguía.

A.R. Aparte, nosotros siempre intentamos rodar historias muy visuales lo que hace más complejo que se pueda seguir la historia en un móvil. La televisión también es otra cosa. 

Tal vez es que somos de otra generación

A.R. (Risas) Puede ser, pero creo que no hay nada que supere a la gran pantalla, a ese sonido… Así se disfrutan más las películas y creo que es como hay que verlas. Tiene que ver con los sueños, en los que todo se oscurece para que puedas ir a otro sitio.

R.C. Y eso no excluye lo de verlo en un tren. No debe ser un obstáculo el poder verlo en cualquier formato

A.R.  Yo todos los clásicos del cine los he visto en televisión porque no los ponían en ningún cine. O sea, que no hemos inventado nada ni nada es nuevo, en realidad.

¿Teníais el sueño de contar una historia que mirara al pasado?

A.R. No, lo de esta serie ha sido un cúmulo de azares. La planteó Movistar hace dos años…

Pero la idea fue vuestra…

A.R. Nos propusieron hacer una serie y les respondimos que tal vez podíamos hacer un thriller ambientado en la Sevilla del siglo XVI.

R.C. Teníamos ya un par de historias trabajadas de esa Sevilla lo mejor del mundo que una vez lo fue, por decirlo de alguna manera.

A.R. lo que ocurrió es que cuando comenzamos a escarbar, fue maravilloso. No teníamos idea de tantas cosas, hay tantos sevillanos que no saben cuál es su historia, que fue alucinante, me lo he  pasado en grandes. Hemos encontrado cada cosa, como que el agua solo llegaba a tres casas de la época por los caños de Carmona y todos los demás se abastecían de los antiguos acueductos, por ejemplo.

Pero aparte del trabajo de archivo municipal, en la serie se ven los referentes pictóricos y literarios de la picaresca..

R.C. Hombre, pictóricos en mi caso no, pero me he leído mucha literatura picaresca de la época. La luz y las casas sí que las hemos sacado de ver mucha pintura.

A.R. Sí porque las casas tenían ventanas muy pequeñas y la luz entraba como la pinta Caravaggio. Y por la noche no se veía nada, por lo que la gente tenía más capacidad de visión de la que tenemos ahora. Y se encendían pocas lámparas de aceite para ahorrar.

R.C. y luego estaba caminar por la noche por la ciudad a oscuras, que podía ser muy peligroso porque estaba llena de rufianes.

A.R. Sevilla era un sitio alucinante, acuérdate Rafa que incorporamos y luego quitamos la historia de una banda de rufianes…

R.C. Sí, que puede ser el origen de algún rasgo de una personalidad sevillana concreta que ha pervivido.

¿Qué conexión política tiene la serie con la actualidad?

R.C. La tiene. De alguna forma ya lo hicimos en La isla mínima, utilizando el thriller para hablar de otra cosa. La Peste no es más que una metáfora y una de sus lecturas está relacionada con la crisis, con la que hemos vivido y con la que vivimos. En los dos primeros capítulos vemos como echan de su casa a la gente por culpa de la peste, hablamos de la corrupción cuando no se quiere cerrar la ciudad por la amenaza ya que los intereses son muchos… sí, hemos querido que la actualidad esté presente en la historia porque es algo que nos preocupa y ha sido una oportunidad perfecta para hacerlo.

¿Habrá segunda temporada de La Peste?

R.C. Estamos desarrollando ya la segunda temporada. Uno de los elementos fuertes será ese barrio rojo, esa mancebía que había en la ciudad en un espacio acotado con un muro y gestionada por nobles, por el propio ayuntamiento y la iglesia. Será el eje central.

¿Y la dirigirá, Alberto?

A.R. Aún no lo sé. Estoy agotado y necesito un descanso.


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