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Alejandro Ávila

La huida perfecta de la guerra de Vietnam. Un paraíso dorado en un apacible rincón del Mediterráneo. Para muchos jóvenes norteamericanos, Rota (Cádiz) y su base militar se convirtió en el rincón ideal para esquivar las balas vietnamitas. Rota se convirtió también en un acuerdo perfecto de la Guerra Fría: el enemigo comunista unió a la España franquista con un Estados Unidos ansioso por controlar el Estrecho de Gibraltar. Entre las rendijas del pacto se coló el sueño americano en forma de música rock, anticonceptivos, chicles, converses y dólares. La cineasta Vanesa Benítez ha viajado en el tiempo para contarnos, con las tintas cargadas de ironía y nostalgia, la época dorada de Rota: Rota N’ Roll. El Festival de Cine de Sevilla la proyecta esta semana dentro de la sección Panorama Andaluz, al tiempo que ha sido merecedora del segundo Premio Imagenera a la Creación Audiovisual que concede el Centro de Estudios Andaluces.

Alejandro Ávila (AA): ¿Cómo describiría la relación del pueblo de Rotacon la base militar norteamericana a lo largo de estos 60 años?

Vanesa Benítez (VB): A los roteños les vino bien el establecimiento de la base americana, pero eso trajo otra serie de cosas con las que no estaban tan conformes, como los bares, los negocios turbios y el aumento de la prostitución. Era una época, la posguerra, en la que había mucha necesidad de todo. Eso ha hecho que vivieran en una contradicción: entre la opulencia y una serie de costumbres que no les gustaban.

AA: ¿Vive esa relación una época de decadencia?

VB: Desde hace unos años, la presencia norteamericana en el pueblo es mucho menor, los puestos de trabajo en la base han ido cayendo y apenas quedan algunos bares típicos de la época en la Avenida San Fernando. Es un pueblo que sigue dependiendo de la base. Si la quitaran, supondría una gran crisis, porque a nivel económico depende mucho de ella.

AA: ¿Se terminó superando el resentimiento tras las expropiaciones de terrenos para construir la base?

VB: Rocío Piñeiro, doctora en historia contemporánea, nos contaba que fue un proceso largo, de entre cinco y diez años. La cosa cambió cuando empezaron a ver la llegada de los americanos de otra forma: tenían trabajo, cobraban cada quince días, contaban con seguridad social y vacaciones… era algo que no se conocía en la España en aquella época, donde se vivía con lo que se labraba y se vendía.

AA: ¿Cómo ha trabajado el equilibro entre la nostalgia y la realidad?

VB: El documental es como una película muy bonita, pero que tiene otro trasfondo. He tratado de jugar con la ironía. Hay un plano que se ve a un padre con una niña y su perro paseando por la playa, mientras hay un buque de guerra al fondo. La realidad es que tras todo lo positivo, como la música o los puestos de trabajo, hay una industria armamentística.

AA: ¿De dónde surgió la idea de hacer este documental?

VB: Hablando con una chica de Rota, me di cuenta de que, aparte de los misiles,  aquella gente trajo su propia cultura. Su padre decía cosas como que: “No teníamos qué comer, pero comíamos chicle”. O: “No teníamos qué vestir, pero llevábamos zapatillas Converse”. Yo soy de un pueblo y me imaginé la que se tuvo que liar en Rota con toda aquella gente con los bolsillos llenos de chicles y dólares. Al ver fotos de archivo, la mezcla era rarísima: entre La Chaqueta Metálica y Bienvenido, Mr. Marshall.

AA: ¿Cuál ha sido el proceso de documentación?

VB: Ha sido como un viaje en el tiempo, ya que he estado cuatro años buscando fotos y contactando con gente de todo tipo. En aquella época, los que tenían cámara eran los americanos. Empecé a encontrar fotos que colgaban ellos en Facebook, internet… Me quedé flipado, porque me recordaban a las pelis americanas. Algunos me mandaron fotos y vídeos super 8, algunas están grabadas a finales de los 50. Un gran descubrimiento ha sido el de un señor en Rota, José Laynez, que tenía una cámarasuper 8 y grababa todos los eventos que había en Rota. Contactamos con su hijo y resultó que tenía una auténtica videoteca.

AA: ¿Qué parte ha sido más complicada?

VB: Lo más complicado han sido los permisos para entrar en la base militar. No fue inmediato y de hecho eso ha retrasado el documental. Sin embargo, yo creo que lo más difícil ha sido acotar la historia y dejarla en una hora, a veces pienso que podríamos haber hecho una serie. También ha sido muy complicado el proceso de documentación, que ha durado cuatro años, ‘buscando’ en los desvanes de americanos.

AA: ¿Qué hizo más por la modernización de Rota: la radio americana o el economato de la base?

VB: Quizás el economato, ya quedescubrieron cosas como la de verter un polvo y que saliera un bizcocho. Es muy divertido, ya que les parecía cosa de brujería. Tener cosas de la base era como estar a otro nivel, que influyó en su manera de vestir y comer.

AA: ¿Poder comprar preservativos y otros anticonceptivos fue una revolución?

VB: Al entrar a trabajar en casa de los americanos, muchas mujeres descubrieron la píldora anticonceptiva y la del día después. Veían también que había mucha facilidad en las relaciones y eso abrió mucho sus mentes. Fue una revolución para las mujeres, ya que eran medios que no existían en España, donde no se hablaba de relaciones fuera del matrimonio ni de divorcio.

AA: Las Vegas del Sureste, un Nueva York en pequeño, El Supermercado del Sexo… ¿son exageradas estas definiciones que ha acumulado Rota a lo largo de estos años?

VB: Desgraciadamente, Rota ha tenido siempre muy mala prensa. Es cierto que había mucha prostitución y trata de blanca, pero sí es verdad que sólo se hablaba de eso. Desgraciadamente, ha hecho que Rota tenga muy mala prensa. La Avenida de San Fernando era como las Vegas: neones y prostitutas. Losroteños tienen el resquemor de que la prensa internacional hablara así de su pueblo y ahora se han vuelto muy tradicionales, como intentando enseñar otra parte del pueblo.

AA: Habla de un accidente en el que un soldado  borracho atropelló a tres niños en burro, pero se ocultó todo lo posible: ¿es un buen símbolo de la época?

VB: Exacto. Pasaron muchísimas más tragedias, pero la mayoría no salían en prensa, ya que (al régimen franquista) no le interesaba vender esa cara de la base americana. Casi todo el mundo conoce a alguien que le pasó algo: asesinatos, violaciones… El coche es un símbolo de opulencia y de que podían circular como les diera la gana. Eso trajo sus consecuencias. He escogido esta tragedia como simbólica, porque se atropelló también al burro, un animal que ayudó a construir la base y que era muy popular en España.

AA: ¿Fue Rota un espejismo del sueño americano en España?

VB: Yo creo que sí, porque la gente la idea del sueño americano que le vendieron a los propios americano: tener un coche, una casa, una casa y muchas cosas. Es decir, el capitalismo puro y duro. No es que todo el mundo quisiera ser americano, pero sí vivir en esa opulencia. En una España gris, falta de tantas cosas y recién salida de una guerra, aquellos coches parecía que habían aparecido por arte de magia. Rota era un espejismo del sueño americano, del estado del bienestar.

AA: ¿Se reivindica hoy en día aquella época de culturización americana?

VB: Yo creo que es la primera vez que se ve aquella época de esta forma. Ni lo propios roteños se habían planteado que todo eso había pasado en Rota. Fue una de las mayores revoluciones culturales no de Andalucía o España, sino de Europa.Se debería valorar lo que supuso todo esto en Rota en la España de esa época.

AA: ¿Los roteños tienen la sensación de que corren riesgo por tener una base militar?

VB: Estábamos grabando en la bodega y pasó un caza con bombas. A mí eso no me da mucha tranquilidad. Creo que Rota puede  ser objetivo militar de terroristas o del presidente norcoreano (Kim Jong-un). Si pasase algo en la base, sería una desgracia tremenda, porque el pueblo no tiene plan de evacuación, ya que los accesos de la base cortan los del pueblo… están como en una ratonera. Es algo que no ocurre en Torrejón o Morón, donde las bases están alejadas del pueblo.

AA: ¿Cuál es su próximo proyecto?

VB: La Vida Chipén, un falso documental sobre fotógrafo que trabajaba para el diario Pueblo y fue uno de los primeros paparazzi que perseguía a los famosos por la Costa del Sol.


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