Juan Gabriel García
5 Ene 2019 - Juan Gabriel García

‘Una historia de perros viejos’ (Manuel H. Martín) es un western crepruscular en forma de novela gráfica protragonizado por Munny, un perro viejo que un día decide abandonar a su amo

Una historia de perros viejos es una novela gráfica escrita por Manuel H. Martín con ilustraciones de Juanma Espinosa que presenta Dolmen Editorial. Manuel H. Martín es conocido por algunos de sus documentales, como el excelente 30 años de oscuridad y por ser uno de los socios fundadores de La Claqueta PC, además de llevar las riendas del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva desde 2016. Juanma Espinosa ha realizado los story boards de varias películas, como El corazón de la tierra, y es un estrecho colaborador de Martín en proyectos como el citado documental o en Bécquer desconocido.

Este trabajo se nos presenta con aires de western crepuscular. La historia la protagoniza Munny, un perro viejo que un día decide abandonar a su amo para emprender una aventura, una búsqueda personal e interior que le llevará a reencontrarse con su pasado y su yo, y a ayudar a una chihuahua llamada Chica a regresar con sus amos. La melancolía, el continuo sabor a estertor y la representación de la amistad viril ejemplificada en los personajes de Munny y otro perro solitario llamado Hiena, encierran una evidente referencia al universo de Sam Peckinpah en obras maestras como Grupo salvaje.

Aquí radica uno de los motivos por los que podemos referirnos a este trabajo como un western crepuscular o, incluso, un western perruno, como su propio autor ha denominado su obra. Además de estos conceptos, los guiños narrativos y estéticos al western están muy presentes. Los vemos en la escenificación de los duelos, las escenas de acción, la caracterización del villano, un temido chihuahua llamado General, o la idea de frontera personificada en el parque que buscan los personajes, un lugar que ven como un templo redentor en el que agotar los últimos días de su perra vida.

Otro sensación peckinpiana la hallamos en las continuas referencias al paso del tiempo, la angustiosa percepción de que todo se acaba y no se han podido cumplir los objetivos vitales impuestos en nuestra corta vida de perro. La misma referencia implícita a cómo el mundo que nos rodea ha evolucionado tanto que ya no hay sitio para nosotros, unos perros viejos, que vemos en No es país para viejos de los Coen, la apreciamos en este western canino. Y la venganza, siempre la venganza como motivación.

Y es que, sobre todo, Una historia de perros viejos es una historia de redención, de segundas oportunidades, del valor de la identidad y de descubrir el sentido de la vida, a pesar de que los protagonistas sean un puñado de perros.

Para ello los autores se valen de una fluida narración a través de una historia sencilla a priori pero que, si rascamos un poco en la superficie, nos invita a reflexionar sobre cuestiones más profundas, a la vez que recapacitar sobre el papel de las mascotas en nuestra sociedad. A pesar de la sencillez la historia contiene momentos especialmente dramáticos y hasta escabrosos.

Otro aspecto a destacar estriba en la atractiva portada. Pocos colores casan tan bien como el negro y el rojo, y más si jugamos con ellos como el negativo de una fotografía. Ya lo hizo Sergio Leone en los revolucionarios títulos de crédito animados de Por un puñado de dólares. Una historia de perros viejos te atrapa desde la portada.

En definitiva, estamos ante una original propuesta en el formato de la novela gráfica que, como mínimo, nos hará pasar un buen rato. Una obra que podemos entender, quiero pensarlo así, como una especie de tratamiento de un posible guión para un largometraje de animación, porque la historia reúne todos los ingredientes para ello, y para resultar atractiva a niños, jóvenes y adultos porque, en esencia, su mensaje es universal.

Ojalá las aventuras de Munny lleguen algún día a la gran pantalla.


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