juan antonio bermudez
Juan Antonio Bermúdez

El término road movie solo puede entenderse vinculado a la motorización del transporte: a ese momento, mediado el siglo XX, en el que las motocicletas y los automóviles se convierten en símbolo de la libertad individual. El desarrollismo capitalista maneja a su favor una gran paradoja: propicia el escapismo puntual de las vacaciones individuales como otro modo de controlar, integrar y rentabilizar el ocio de sus trabajadores. Y el cine refleja esa ilusión del viaje individual motorizado por carretera entroncándolo con otra categoría narrativa mayor y mucho más antigua, la del viaje iniciático, que transforma en el camino a su protagonista.

De todas formas, se ha terminado aplicando la definición road movie, como género cinematográfico, a cualquier filme que ocupe gran parte de su argumento con un desplazamiento terrestre, sea cual sea su impulso: una visita, una fuga, una convocatoria… Por acotar algo la vastísima lista de títulos que podríamos reunir bajo esa etiqueta, nos vamos a quedar con trece de aquellas películas en las que los protagonistas se echan a la carretera de una manera voluntaria, con el mesurado espíritu aventurero que corresponde a las vacaciones o al viaje de placer.

 

La escapada / Il sorpasso (Dino Risi, Italia, 1962)
En su argumento, un cuarentón seductor, juerguista y fanfarrón, interpretado por un Vittorio Gassman en la cúspide de su carrera, y un joven estudiante tímido al que da vida Jean-Louis Trintignant se conocen en el abrasador Ferragosto romano y se embarcan en un alocado viaje en coche por la costa italiana. Considerada un hito de la popular comedia a la italiana, Dino Risi aprovecha el tono divertido de muchas secuencias para expandir el género y hacer disimuladamente un reportaje detallado y sutil de su país.

 

Dos en la carretera / Two for the Road (Stanley Donen, Reino Unido, 1967)
El trayecto desde Londres a la Riviera francesa de un matrimonio que regresa a los lugares en los que fueron felices, enmarca esta radiografía del vaivén del amor, el desamor y la pareja como institución siempre amenazada de derribo. El relato no lineal, en el que Donen utiliza los flashbacks sin complejos y sin las habituales cortinillas, le valió en su día la atención de cierta crítica y ciertos jurados; fue así, por ejemplo, Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Pero lo mejor es que ha sabido mantener su encanto, emanado en gran parte de su pareja protagonista: Audrey Hepburn y Albert Finney.

 

Weekend / Le Week-End (Jean-Luc Godard, Francia, 1967)
Inspirada de forma muy libre por La autopista del Sur, un relato de Julio Cortázar, estamos ante el Godard más destroyer. Un viaje en automóvil de una pareja burguesa sumida en una crisis autodestructiva deriva en una sátira apocalíptica en la que un atasco y una violenta serie de accidentes e incidentes aspiran a reflejar el colapso de la sociedad de consumo, que encuentra en las salidas en coche de los fines de semana uno de sus rituales más paradigmáticos. Plagada de referencias históricas y literarias, el provocador registro subversivo nos sitúa en plena efervescencia revolucionaria previa a Mayo del 68.

 

Carretera asfaltada en dos direcciones / Two-Lane Blacktop (Monte Hellman, Estados Unidos, 1971)
A la sombra de la mucho más exitosa Easy Rider (Dennis Hopper, Estados Unidos, 1969), esta otra cinta de Monte Hellman se ha convertido con el tiempo en un filme de culto en el que dos chicos recorren las carreteras de la América profunda en un mítico Chevrolet del 55. Definida por Richard Linklater como “una película de autocine hecha por un director de la Nouvelle Vague”, ese aire autorial la diferencia de otras películas de carretera y de otros retratos generacionales que se hicieron en Hollywood en esos años en los que la juventud estadounidense asimilaba ya casi masivamente ciertas señas contraculturales.

 

En el curso del tiempo / Im Lauf der Zeit (Win Wenders, Alemania Occidental, 1975)
Título fundamental en la historia del cine europeo contemporáneo y del despegue internacional de la carrera de Wenders, gran parte de su sencillo secreto reside de nuevo en reunir a dos insólitos compañeros de viaje: un hombre que se dedica a reparar proyectores de cine y otro que se acaba de separar. Solitarios y descubicados, recorrerán juntos los lugares fronterizos entre la Alemania del Oeste y la del Este, constatando desde una nostalgia nada exhibicionista el paso del tiempo, la pérdida de algunos de sus referentes y sus propias dificultades para comunicarse entre sí y con el resto del mundo.

 

El puente (Juan Antonio Bardem, España, 1977)
Tras sus brillantes y comprometidos largometrajes de la década de los 50 (Muerte de un ciclista, de 1955, y Calle mayor, de 1956, especialmente), la carrera de Bardem sufrió un hostigamiento por parte de la censura franquista del que ya nunca conseguiría recuperarse, ni siquiera en democracia. Sin embargo, con gran esfuerzo conseguiría levantar alguna otra buena película, como esta El puente, en la que dirige a Alfredo Landa para dignificar al actor y deconstruir no solo al personaje en el que había estado encasillado en los años previos sino al mismo landismo como concepto sociológico. Landa interpreta aquí a un mecánico que decide viajar a Torremolinos en moto para pasar un puente y ligar con turistas extranjeras, pero en el camino vivirá una serie de peripecias que le enseñarán un país que está cambiando, en plena Transición.

 

Thelma y Louise / Thelma & Louise (Ridley Scott, Estados Unidos, 1991)

El hecho de que las dos protagonistas sean mujeres ya la convertía en una feliz vuelta de tuerca del género, acostumbrado a asociar en la gran mayoría de los casos la aventura de carretera con una reafirmación de la identidad del macho alfa. Aquí, por el contrario, el viaje tiene un cariz emancipador para dos mujeres ahogadas en la rutina. La celebración de esa libertad se les irá complicando, hasta enredarse en la violencia y el drama, pero queda siempre flotando ese empoderamiento. Y eso le debe mucho a las extraordinarias interpretaciones de Susan Sarandon y Geena Davis.

 

Hola, ¿estás sola? (Icíar Bollaín, España, 1995)
En el debut cinematográfico de la hasta entonces solo actriz Icíar Bollaín, algunos quisieron encontrar un cierto paralelismo con Thelma y Louise. Pero como recordaba en su día la crítica de Fotogramas, La Niña (Silke) y La Trini (Candela Peña) “son mucho más jóvenes que Susan Sarandon y Geena Davis, no atraviesan Monumet Valley, no matan a nadie y, por no tener, no tienen ni coche”. Esta fresquísima película apuesta así por dos veinteañeras despojadas de estereotipos y que viven unas peripecias cercanas, reconocibles y precisamente por eso interesantes, lejos de las situaciones extremas en las que acostumbramos a ver a los personajes de las road movies.

 

Una historia verdadera / A Straight Story (David Lynch, Estados Unidos, 1999)
Muy particular es también la historia verdadera que nos cuenta David Lynch en la que podría considerarse su película más lineal y menos especulativa. La sola idea de un achacoso anciano (interpretado con maestría por Richard Farnsworth) que decide emprender un largo viaje en el único vehículo del que dispone, una cortadora de césped, para reconciliarse con su hermano antes de que los separe definitivamente la muerte tiene de por sí unas dosis altísimas de poesía crepuscular. No le hace falta más.

 

Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, México, 2001)
El energético magnetismo del trío protagonista, formado por la española Maribel Verdú y los mexicanos Diego Luna y Gael García Bernal (reconocidos los dos en el Festival de Venecia con el Premio Marcello Mastroianni), impulsa esta vibrante comedia dramática. Emprenden un viaje sin rumbo por varios estados mexicanos que irá dejando al fondo muchos apuntes sobre la realidad política y social del país, al mismo tiempo que completa un complejo retrato de los personajes y sus relaciones. La excelencia de su guion, el ritmo trepidante y la explicita carnalidad de muchas de sus escenas la convirtieron en una referencia del denominado Nuevo Cine Mexicano.

 

Diarios de motocicleta (Walter Salles, Argentina, 2004)
Surge de nuevo el nombre de Gael García Bernal, esta vez en un papel muy diferente, encarnando al icónico Ché Guevara, en su juventud, cuando siendo aún estudiante de medicina recorrió junto a su amigo Alberto Granado gran parte de Sudamérica en una destartalada motocicleta. La atenta mirada del director brasileño Walter Salles sabe sacarle un excelente partido cinematográfico a un viaje que no solo cambiaría la visión del mundo de sus protagonistas sino que también resultaría decisivo en el fluir del pensamiento político del siglo XX.

 

Pequeña Miss Sunshine / Little Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, Estados Unidos, 2006)
Una familia que no encaja en los patrones de la modélica clase media estadounidense viaja desde Nuevo México a California en una entrañable Volkswagen Combi para arropar a la pequeña Olive, seleccionada en un estrambótico concurso de belleza. Concebida como una típica obra Sundance, este debut en la dirección del tándem Dayton-Faris consiguió trascender el ámbito independiente y colarse por la puerta grande en la Academia, con cuatro nominaciones y dos Oscar, convirtiéndose en un clásico del cine familiar de lo que llevamos de siglo.

 


Goodbye Berlin / Tschick (Fatih Akin, Alemania, 2016)
Aunque no está entre los títulos más reconocidos de su director, nos parece que esta pequeña película merece cerrar esta lista. Sus protagonistas son dos adolescentes que apenas tienen en común su marginalidad: Maik, un chico solitario que se está criando en una familia berlinesa acomodada pero disfuncional, al cuidado de una madre alcohólica y un padre que se desentiende de él; y Tschick, un joven inmigrante ruso con el que coincide en clase. Juntos, robarán un coche y vivirán numerosas aventuras y desventuras en una nueva vuelta de tuerca a un género que parece inagotable.

 


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