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Alejandro Ávila

Es domingo por la tarde en Gijón. Ha oscurecido temprano y las calles brillan con la humedad y la luz artificial de las escasas farolas. El domingo te cala hasta los huesos. El azar quiere que este sea el escenario ideal para entrevistar a Ramón Salazar, el director malagueño que estrena mundialmente su cortometraje El domingo. Prólogo en el Festival Internacional de Cine de Gijón. Es el aperitivo de siete minutos, que, como su nombre indica, prologa su cuarto largometraje La enfermedad del domingo, que se estrena el 16 de febrero de 2018.

 

Alejandro Ávila (AA): El azar quiere que esta entrevista sea un domingo por la tarde. ¿Las tardes de domingo le siguen provocando el mismo malestar que en su niñez?

Ramón Salazar (RS): Ya no, pero a los 8 años recuerdo que me causaba una sensación muy plomiza y triste, que acababa el lunes por la mañana. Caía el sol y lo único que podías hacer era esperar a que llegara el lunes, era un tiempo muerto en el que no podías empezar nada. Los recuerdo como un infierno: lo asocio a unos dibujos animados muy concretos, como Pumuki o Candy Candy. Cuando se acababan, ya no tenía distracción. Creía que era algo que sólo me ocurría a mí, pero, al hablarlo con más gente, reconocían esa sensación. Esa sensación fue el arranque para contar el corto y el largo. El corto es un prólogo, pero puedes ver el corto sin el largo o el largo sin el corto. El corto es como un momento emocional del domingo, un cuento. Qué ocurriría si se produce algo importante, el abandono de la madre.

 

AA: ¿Cuál es el origen del proyecto, cuánto tiempo le ha llevado y quién le ha acompañado durante este tiempo?

RS: Empieza porque trabajé muy bien con Susi Sánchez en 10.000 noches en ninguna parte y quise escribirle un papel protagonista. El punto de partida es la sensación que me causaban los domingos por la tarde en mi infancia, la necesidad de trabajar solo con dos actrices, las referencias fotográficas (dos fotos: una niña asomada a una ventana y una mujer en un lago). Le pasé el guion a Paco Ramos, que produjo Piedras, y me dijo que si yo quería, lo hacíamos. Así fue como Zeta entró en la producción. Se ha rodado en Barcelona, otras zonas de Cataluña y un pueblo francés. Trabajé todo el guion con Susi Sánchez. Trabajar el guion con una actriz ha sido muy interesante. Bárbara Lennie no me encajaba en el papel por la edad, pero arrasó en la prueba y se quedó con el personaje desde que abrió la boca.

 

AA: ¿Durante cuánto tiempo han estado trabajando en la película?

RS: En 2015 hicimos el guion, la preproducción comenzó en 2016 y el rodaje ha sido en 2017. Tardas un año en escribir el guion, luego otro año para conseguir la financiación y finalmente, un año más para el rodaje y la postproducción. Tres años se ha convertido en un tiempo normal, pero cuando rodé Piedras (2002) hacías una película en año y medio. Ahora es más fácil sacar una película de género que una dramática, de corte independiente, como ésta.

 

AA: “El cine que me interesa es el que tiene que ver con los personajes. Me gustan las historias de sentimientos que cuentan muy a fondo las vidas de las personas”. ¿Sigue estando de acuerdo con estas palabras que pronunció siendo un veinteañero hace 16 años, recogidas por el diario El País?

RS: Sí, de hecho, cada vez soy más estricto con eso. Siempre me ha gustado mucho abrir las historias, en Piedras había seis mujeres y en mi nuevo largometraje lo cierro, solo hay dos personajes. Quería encerrarme con dos actrices (Susi Sánchez y Bárbara Lennie) y disfrutar de este proceso de principio a fin. También quería hacer un ejercicio sin el artificio de meter secundarios que le den color a la historia. En el corto, ocurre lo mismo: son dos personajes (interpretados por la niña Bruna González y el actor David Kammenos) que prácticamente no hablan y en los que yo quería depositar lo que sentía los domingos por la tarde.

 

AA: Tras el paréntesis de 10.000 noches en ninguna parte, el peso de su película vuelve a recaer sobre dos mujeres: ¿Son necesarias más historias de mujeres?

RS: Sí, son necesarias hasta que la balanza esté igualada. Hay que reivindicarlo hasta que no haya que reivindicarlo. Ese objetivo no está cerca y hay que darle peso también a que sean las mujeres las que dirijan esas historias.

 

AA: Se ha declarado harto de que se le considere un director de cine femenino: ¿Le parece correcto hablar de cine femenino?

RS: El calificativo de cine femenino es restrictivo. No considero mi cine femenino, considero que como creador me interesa más el punto de vista de una mujer.  El domingo o La enfermedad… son historias interpretadas por mujeres, pero no se cierra a que el espectador sea solo mujer. Toca el sentimiento humano desde la parte más profunda, para llegar a un público, pero sin descartar a uno de los géneros.

 

AA: ¿Por qué cree que le interesa más el punto de vista de una mujer?

RS: Quizás es algo tan personal y profundo que me resisto a querer entenderlo. Supongo que una de las explicaciones es qué desde pequeño me he relacionado mejor con las mujeres de mi familia o del colegio, por el hecho de ser homosexual. Las mujeres me han protegido más. Me parece que tiene más interés, profundidad y emoción el punto de vista de una mujer o el de un personaje masculino movido por las mujeres de su entorno.

 

AA: Verónica Forqué lamentaba en este festival que había dejado de hacer cine, porque a sus 60 años nadie le ofrecía papeles: ¿Se atrevería a hacer una película del estilo de Gloria (Sebastián Lelio) con Forqué?

RS: Claro que sí me atrevería. Hay actrices que trabajan poco porque no abundan los buenos papeles para ellas. Yo tengo debilidad por la mujer adulta. Mis personajes no son de 20 años, porque cuanto más recorrido vital hayan tenido más interesantes me parecen. He trabajado con Susi Sánchez o Ángela Molina, que son actrices que me fascinan por todo lo que han vivido. Una de las cosas de las que carece el cine actual no es ya de personajes femeninos mayores de 60 años, sino de 40. El universo pasa a ser más interesante a partir de los 40 años, tanto para hombres como para mujeres, pero para ellos sí hay papeles interesantes.

 

AA: En su anterior película rodaba al protagonista en una escena bajo el agua. En este corto vuelve a hacerlo: ¿Qué le seduce de estas escenas subacuáticas?

RS: Me atrae eso de que alguien esté en este mundo y que, solo sumergiéndose, se traslade  a otro universo cuyo funcionamiento es totalmente diferente. Hay algo en cómo se transforma el universo bajo el agua, ralentizado, y cómo se oyen los ruidos. Tiene mucho que ver con el útero y los lazos madre-hija. El pantano tiene una resonancia especial en el largometraje.

AA: ¿Tuvo dificultades para que la niña aguantara sin respirar bajo el agua?

RS: El metraje está ralentizado, de manera que está bajo el agua menos tiempo del que se muestra. Hizo muchas pruebas en piscina. Se sumergía con una bombona y luego se soltaba. La niña aprendió a estar tranquila y eso le permitió aguantar más tiempo sin respiración.

 

AA: Guion, guion y guion: ¿Es lo más importante de una película?

RS: Sea guion o escaleta, siempre tiene que haber una guía, no creo en la inspiración divina. Es muy de adolescente pensar en la inspiración como algo divino. En este corto y este largometraje he sido muy estricto con el guion. En la película anterior teníamos una especie de escaleta y, cuando llega a Berlín, dejamos que los actores improvisaran, mientras íbamos descubriendo los sitios que queríamos filmar con lo que teníamos en la escaleta.

 

AA: ¿Qué otros elementos considera básicos para contar una buena historia?

RS: Tener buenos actores. Hay que acertar con el casting que eliges para contar tu historia, contar la implicación de los actores y del resto del equipo, para que tú puedas estar lo más cómodo posible mientras ruedas. Es primordial confiar en un equipo, mientras tu tienes libertad para desarrollar la parte creativa.

 

AA: Vemos un regreso a la infancia en directores como Carla Simón (Verano 1993), Marc Recha (La vida lliure), o la nueva escuela sevillana (Carlos Rivero, Alonso Valbuena o Miguel Rodríguez): ¿a qué se debe esta necesidad de volver la vista atrás?

RS: En La enfermedad del domingo muestro cómo las heridas de la infancia afectan al presente. El corto cuenta algo que ocurrió en la infancia y que cambio la vida de la protagonista para siempre. En el largometraje se cuenta lo que ha ocurrido justo después de aquel día: o qué le pasó después a la que abandonó (la madre) y a la abandonada (la hija). En nuestros traumas y en las relaciones con nuestros padres están todas las historias. Me gustan mucho las historias de madres con hijos. Y es que el personaje de la madre es el que más posibilidades tiene de contar historias a su alrededor.

 

AA: El productor Gervasio Iglesias asegura que es necesario que los andaluces contemos nuestras historias para que no las cuenten por nosotros: ¿Está de acuerdo? ¿Ha pensado en contar su propia historia andaluza?

RS: Es una cosa que siempre me planteo cuando termino un proyecto. Cuando me fui de Málaga, hace 20 años, las opciones de hacer cine en Andalucía no eran las que hay ahora. Soy de una generación que se tuvo que ir para poder hacer cine. Estoy desarrollando un proyecto en el que está presente Torremolinos, sobre todo el que unió a mis padres. Mi madre es holandesa y mi padre es español, así que yo soy hijo del turismo de la Costa del Sol. Es una historia que siempre he querido contar y que ahora voy a tener la oportunidad de contar en forma de serie.

 

AA: ¿De qué vive un director de cine de autor?

RS: De no cerrarse a ser exclusivamente un director de cine de autor. Prácticamente es imposible vivir solo de hacer películas de autor. He escrito las películas de Federico Moccia (Tengo ganas de ti, Tres metros sobre el cielo), por ejemplo. Ser director de cine de autor no es una meta en mi vida: quiero estar donde pueda disfrutar y pasármelo bien.


Un comentario sobre “Ramón Salazar: “Me interesa más como creador el punto de vista de la mujer”

  1. Leer las palabras de un hombre maravilloso me resulta igual de sensible que ver sus historias. Saber que GRACIAS a sus relatos me he construido y deconstruido ratifica que el trabajo creativo de Autor es necesario, funcional y efectivo. Ramón, sos mi faro favorito.

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