La gala de los premios EFA se celebra este sábado en Sevilla y ya hay un claro ganador: la gran cosecha de cine europeo. Importada desde Cannes, la gran favorita es ‘Cold War’… pero hay mucho más. Nos lo cuenta el crítico Víctor Esquirol

Victor Esquirol Molinas
14 Dic 2018
Victor Esquirol Molinas
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Suena obvio y, efectivamente, lo es. Pero no por ello deja de ser reseñable: con la temporada de premios debe sintetizarse lo bueno y mejor del año cinéfilo. También es naïf quedarse con la impresión de que las películas que optan a los grandes galardones lo hacen única y exclusivamente por sus méritos artísticos.

Pero la verdad es que viendo la lista de títulos nominados en la 31ª edición de los Premios EFA del Cine Europeo European Film Awards, que se van a entregar el 15 de diciembre en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, entran ganas de aparcar, aunque solo sea por una vez, las lecturas malintencionadas que acostumbran a envolver (y con razón) la confección de cualquier lista en la que se cometa la osadía de rescatar lo supuestamente más rescatable.

Es decir, que toda lista estará incompleta por definición, porque en el propio gesto de acotar, hay imposición de límites. Hay criba, ergo hay elementos que han quedado dentro y otros que han quedado fuera. Es legítimo echar de menos a los del segundo grupo. Lo saben los Globos de Oro y los Oscar, y los Feroz, y los Goya…

Las opciones españolas en los Premios EFA
una escena de 'Un día más con vida’ basada en la obra de Kapuscinski.

una escena de ‘Un día más con vida’ basada en la obra de Kapuscinski.

Hablando de renegados, nuestra cinematografía tiene representación en categorías que peligrosamente podríamos considerar como “secundarias”. En Animación, Un día más con vida, vistoso acercamiento a la figura legendaria de Ryszard Kapuściński por parte de Raúl de la Fuente y Damian Nenow.

Tendrá que vérselas contra dos vacas sagradas del género europeo: Nora Twomey con su El pan de la guerra, y la factoría Aardman con su Cavernícola. En documental, la llamada a la memoria histórica por parte de Almudena Carracedo y Robert Bahar en El silencio de otros se enfrentará a Meteorlar, grito de socorro que Gürcan Keltek hizo desde Siria, y a Bergman, su gran año, de Jane Magnusson.

El resto de esperanzas estarán puestas en el que actualmente es, sin lugar a dudas, nuestro mejor activo. Bárbara Lennie, musa de Jaime Rosales en Petra optará a ser considerada como la Mejor Actriz Europea. Un reconocimiento que, de llegar, seguramente aplaudirá Carmen Maura, quien compartirá premios honoríficos con Ralph Fiennes y Costa-Gavras.

En fin, que los galardones (y los EFA no marcan la excepción) tienen esto, que su ejercicio memorístico parece estar diseñado, irónicamente, para incidir en los olvidos. Pero para esta y otras muchas quejas ya están las redes sociales. Compete aquí centrarnos en el primer grupo, es decir, en aquellas películas que, siempre según la Academia, deben ser recordadas. Y a esto vamos.

Barbara Lennie

A falta de horas para que conozcamos todos los destinatarios de los antaño conocidos como Félix (pues ya se anunciaron los vencedores en unas categorías “técnicas” que ya pueden ser indicativas de por dónde van a ir este año los tiros), cuesta resistirse a la tentación de considerar 2018 como una gran cosecha para el cine europeo.

Premios EFA: cinco candidatas a mejor película europea

En la categoría estrella (la de Mejor Película, claro) el Festival de Cannes hace pleno con el corte final de cinco candidatas: por estricto orden alfabético encontramos Border, de Ali Abbasi; Cold War, de Paweł Pawlikowski; Dogman, de Matteo Garrone, Girl, de Lukas Dhont y Lazzaro feliz de Alice Rohrwacher. Tres candidatas que optaron hará unos meses a la Palma de Oro, y dos que se presentaron (y triunfaron) en la sección Un Certain Regard.

Monopolio de La Croisette que se extiende, aunque disuelto, en las demás categorías: los candidatos a la Mejor Dirección se repiten a excepción de Lukas Dhont, que desaparece en favor del israelí Samuel Maoz, hijo predilecto de la Mostra de Venecia, vencedor en 2009 del León de Oro con su ópera prima Lebanon (Líbano), y del Gran Premio del Jurado el año pasado con Foxtrot, su segundo trabajo, sobre el absurdo de las últimas actuaciones militares hebreas.

Foxtrot

Mientras, entre las finalistas a la Mejor Comedia encontramos Diamantino, de Gabriel Avrantes y Daniel Schmidt, presentada en la Semana de la Crítica de Cannes, escenario en el que -inexplicablemente- se erigió como MVP.

A este errático evangelio apócrifo dedicado a Cristiano Ronaldo le acompaña la candidata más potente, es decir, La muerte de Stalin, nueva sátira política made in Armando Ianucci, menos afilada en el guion que su celebrada In the Loop, pero mucho más incisiva en la dirección. Completa la tripleta cómica la dupla compuesta por Eric Toledano y Olivier Nakache y su última celebración crowd-pleaser: C’est la vie, presentada (cómo no) en el Festival de San Sebastián.

Así pues, tenemos un mapa de películas que nos habla de un liderazgo incontestable, primero de la considerada como la Meca del cine de autor (al certamen comandado por Thierry Frémaux y Pierre Lescure me refiero), y después del resto de grandes celebraciones, que se tienen que conformar con las migajas que Cannes no puede engullir.

En cualquier caso, los EFA atestiguan el poder de estos certámenes para convocar a todo el talento que, ya sea desde el drama, la comedia o la fantasía, marcan tendencia (cinematográfica, se entiende) en el viejo continente. Una serie de autores que, como veremos a continuación, nos sugiere cierta renovación en el panorama fílmico-creativo, pero a la vez, las dificultades regeneradoras de dicha vanguardia.

‘Dogman’, vuelta a los orígenes de Garrone
Dogman. Matteo Garrone

Dogman. Matteo Garrone

Volviendo al Premio a la Mejor Película, tenemos a dos cineastas que ya se coronaron en el pasado. El primero, Matteo Garrone, quien alcanzara la gloria en los EFA hará exactamente una década, con Gomorra. Ahora vuelve a estar en la pomada con Dogman, que es, no en vano, una película que bien podría marcar un “regreso a los orígenes” del director, después de las escapadas más o menos oníricas que supusieron Reality y, sobre todo, El cuento de los cuentos.

En esta ocasión, el cineasta romano se mueve en latitudes muy similares a las de El taxidermista, título que a la postre marcaría las líneas maestras (o por lo menos más reconocibles) de su carrera. Tenemos pues a personajes marginales que intentan sobrevivir en parajes claramente marginales. Cine negro que bebe de la crónica negra, para un retrato sin lugar a dudas oscuro de la sociedad.

De un colectivo en el que hace tiempo que hombres y bestias se confundieron en la gestación y ejecución de los mismos negocios, deshumanizadores donde los haya. El resultado de todo esto es un drama irónicamente (pero sobre todo trágicamente) muy humano, en el que el thriller parece que sea el único mecanismo cinematográfico apto para entender una realidad que, a fin de cuentas, no es tan lejana como sugieren los dialectos que escuchamos y las arquitecturas en las que éstos habitan.

En medio de tanta devastación brota, eso sí, un motivo para la esperanza. Un descubrimiento; una revelación: la de Marcello Fonte, protagonista de la función, actor casi por accidente… fuerza de la naturaleza incontenible. Como el mejor cine de Garrone.

‘Cold War’, la frágil belleza del amor

El otro candidato que podría sentarse en el trono por segunda vez es Paweł Pawlikowski, quien ya tocara el cielo (o el infierno, según como se mire) en 2014 con Ida. Una olimpiada después, repite jugada con Cold War, al menos en el plano estético.

Retomando el formato de pantalla 4:3 y el blanco y negro como único espectro cromático posible, el cineasta nacido en Varsovia nos devuelve a su país natal, en el período comprendido entre los años 1949 y 1962, para narrarnos, en forma de romance imposible, la historia de sus propios padres. Unidos originariamente por la música y separados, una y otra vez, por los crueles designios de la Guerra Fría… y los aún más devastadores caprichos del amor.

Cold War

El uso constante de las elipsis en la narración ponen en peligro la construcción y el dibujo de los personajes, pero por suerte, queda todo salvado (y elevado) por un mimo extraordinario de las formas. En el apartado visual y sonoro, Pawlikowski se muestra como un maestro de categoría mundial. Y así luce su película. Como una preciosa filmación de la música (cantada, tocada, bailada…), una energía que parece ir más allá de cualquier tipo de comprensión, pero que a pesar de esto (o quizás precisamente por esto) se descubre como imprescindible para encontrar (y comprender) la frágil belleza del amor.

‘Lazzaro feliz’, humanismo desbordante

La tercera candidata a Mejor Película (y Dirección) es la primera debutante de este año a tales honores, y seguramente se trata del título que más consenso y admiración ha levantado esta temporada entre los círculos más cinéfilos.

Me refiero a Lazzaro feliz, nuevo trabajo de Alice Rohrwacher después del boom (también estrictamente cinéfilo) marcado por El país de las maravillas. Como en aquella ocasión, la cineasta de Fieosole se las ingenia para sorprender, pero sobre todo para desconcertar (más para bien que para mal), en un ejercicio continuado de «neorrealismo mágico».

De vuelta a la vida en el campo, la joven autora, de apenas 36 años, dibuja un ecosistema muy similar al de Los santos inocentes… y al poco rato, lo borra para transformarlo en una aventura de supervivencia urbana.

'Lazzaro Feliz', de Alice Rohrwacher, una de las películas nominadas a los Premios EFA.

‘Lazzaro Feliz’, de Alice Rohrwacher, una de las películas nominadas a los Premios EFA.

Poco después, juega con la iconografía cristiana para insinuar el biopic de un santo moderno. A los treinta minutos (y aún queda hora y media de metraje) nos invade la mágica (y algo angustiosa) sensación de que a cada corte nos encontraremos en un sitio, una compañía y un tiempo totalmente distintos.

Milagro muy a la milanesa; muy influenciado por aquel Vittorio De Sica, y que, por lo visto, ahora mismo solo está al alcance de esta realizadora sin duda tocada por una mano divina. Alice Rohrwacher, superdotada de la técnica cinematográfica, y de un espíritu humanista desbordante, ya es uno de los talentos más imprescindibles del séptimo arte.

Su (omni-)presencia en los Premios del Cine Europeo era un peaje tan ineludible tanto para ella como para unos galardones que tienen que legitimarse, en parte, con el reconocimiento de estos nombres.

‘Girl’, valentía con uno mismo y complicidad con los demás

Y ya que hablamos del poder regenerador de la juventud, tenemos que mencionar los 27 años de edad del belga Lukas Dhont, quien con Girl se ha apuntado una de las películas con más potencial para alcanzar el siempre deseado equilibrio alquímico en este negocio que es el cine: esto es, conectar con el gran público sin necesidad de renunciar a la propia personalidad. Valentía y fidelidad para con uno mismo, y complicidad para con los demás.

Las cerradas ovaciones que cosechó en la Sala Debussy de Cannes fueron el preludio de lo que no tardaría en confirmarse como una de las sensaciones de la temporada, y efectivamente.

Lukas Dhont abordó el tema de la transexualidad con la naturalidad de quien habla de un tema mucho más conocido, y por ende, en el que se puede expresar con más tranquilidad… por mucho que los terrenos pisados (inestables donde los haya) inviten al berreo, a la pataleta y a otras reacciones histriónicas (e igualmente comprensibles, ojo).

Girl

El caso es que el mayor triunfo de Girl pasa por tratar al personaje solventemente encarnado por Victor Polster (un chico biológico en pleno proceso de transición para reivindicarse como la chica que ella siente que es) como “unx” adolescente más.

Desnudando al relato de las tensiones familiares que acostumbran a trufar de manera sistemática este tipo de películas, Dhont da con un hiriente retrato de una de las peores angustias vitales: la de sentir que no existe la posibilidad de sentirse mal. Terrible frustración emocional plasmada con estilo en la filmación pero sobre todo (y más importante aún) con sensibilidad desde la escritura y la dirección de actores.

Portentosa combinación de virtudes que trasciende cualquier separación -artificial- entre géneros (ahí está el verdadero encanto de la propuesta) y que desemboca en uno de los más lúcidos acercamientos que nos haya dado recientemente el cine a esa etapa tan dada al apocalipsis (interior).

‘Border’, las fronteras que separan al hombre del monstruo

Por último, damos con Border, de Ali Abbasi (director iraní de nacimiento pero danés de crecimiento), inesperada y, en parte por esto, más que bienvenida cuota concedida al cine fantástico.

Después de sorprender hará dos años en la Berlinale gracias a Shelley (virtuosa mezcla de referencias y nacionalidades para un remake de La semilla del diablo pasado por el filtro de Hans Christian Andersen), el hombre siguió con sus endiablados juegos.

Su nuevo trabajo sigue el día a día de una peculiar agente de aduanas sueca dotada de un don sobrehumano: un olfato mucho más sensible que el de los perros adiestrados, y que le permite, entre otras cosas, detectar las fechorías pasadas de quienes se plantan ante su mostrador.

Border

Un punto de partida atípico para un film con sobrado gusto por la rareza, y que a medida que va avanzando, se va enrareciendo más y más. Uno de los muchos golpes de efectos con los que nos atiza Abbasi (y que obviamente no desvelaré aquí) se descubre, al poco rato, como una pista visual del número de malabares que realmente se está efectuando delante de nuestras narices.

Border, como insinúa el propio título, se mueve constantemente en los bordes; en las fronteras que separan al hombre de la mujer… y del monstruo. Así, lo que empieza insinuando un drama íntimo, muta lentamente en thriller policial, y poco a poco se convierte en intriga fantástica… para terminar siendo una compilación de carácter etnográfico.

Por el camino, sobra tiempo y espacio para reír, para estremecerse y casi para gritar de terror. Una montaña-rusa de tonos y actitudes que parece detenerse en todas las paradas propuestas por cada género visitado.

Una candidata estupenda para cerrar un año igualmente magnífico, que nos habla del carácter polifacético y versátil de un cine, el nuestro, cuyos límites, fronteras o bordes merecen ser visitados… ya veremos si premiados.


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