Del Mastroianni que se refugiaba de su vértigo creativo en ‘8 ½’ al que se sumergía con su inmaculado traje blanco en el estanque de ‘Ojos negros’, los balnearios han enmarcado grandes películas

juan antonio bermudez
10 Sep 2019
Juan Antonio Bermúdez

Las vacaciones son en cierto modo un tiempo de resurrección. Los balnearios, lugares asociados al descanso sanador, han generado incontable literatura. Y el cine tampoco se ha resistido a darse frecuentes chapuzones en sus aguas reconstituyentes. Del Mastroianni que se refugiaba de su vértigo creativo en la memoria de su infancia en 8 ½  al que se sumergía con su inmaculado traje blanco en el estanque de barro de Ojos negros, los balnearios han enmarcado grandes películas. Revisamos nueve de ellas.

Charlot en el balneario / The Water Cure (Charles Chaplin, EE.UU., 1917)
Como advierten los rótulos didascálicos al comienzo de este mediometraje, en el año de su rodaje (1917), la biempensante sociedad estadounidense empezaba a tener conciencia del alcoholismo como problema muy extendido en las clases populares. Por ello, a pesar de que el título traducido mantenga la referencia a Charlot, Chaplin curiosamente renunció aquí a su personaje vagabundo para adoptar otro rol, con señas de clase social alta (canotier y traje claro). Las peripecias de un hombrecillo alcohólico que visita un elegante balneario y lo pone patas arriba quedan ya a salvo de la crueldad y desplazan toda su tensión al slapstick más blanco, en el que Chaplin se mueve como pez en el agua, sobre todo cuando se trata de liarse a mamporros y fintas con los grandullones Eric Campbell y Henry Bergman, habituales villanos de sus películas.

Los jueves, milagro (Luis García Berlanga, España, 1957)
Berlanga en estado puro. Retrato social de una España en la que la sátira era la mejor forma de reflejar situaciones tan disparatadas como la que urde aquí el maestro valenciano con la complicidad de un reparto de lujo. Un pequeño pueblo afamado por sus aguas termales atraviesa ahora una crisis en la cantidad y la categoría de sus visitantes. Sus fuerzas vivas intentarán recuperar el esplendor de su balneario ideando un milagro que sirva de revulsivo para el turismo: San Dimas, el buen ladrón, se encarnará en Don José, un peculiar y acaudalado vecino al que Pepe Isbert interpreta en estado de gracia, nunca mejor dicho.

El año pasado en Marienbad / L’Annèe dernière à Marienbad (Alain Resnais, Francia-Italia-Alemania-Austria, 1961)
Resnais sitúa este filme icónico de la Nouvelle Vague más experimental en Mariánské Lázně (Marienbad en alemán; en español podría traducirse como “Baños de María”) famoso balneario de la cinematográfica Karlovy Vary, en la actual República Checa. Su guion es de Alain Robbe-Grillet, referente del noveau roman, con la reconocida inspiración de la novela de Adolfo Bioy Casares La invención de Morel. Su abierta estructura narrativa (flashbacks desordenados, cambios de contexto, repetición de situaciones en espacios diferentes…) deja entrever una ambigua relación entre tres personajes que apenas son identificados por sus iniciales: un hombre, X, está convencido de haberse citado en Marienbad el año anterior con una mujer, A, que a su vez está alojada en el balneario con otro acompañante, M. La realidad y el deseo se cruzan y se superponen en este artefacto dramático de apabullante belleza visual.

Fellini. ocho y medio (8 ½) / 8 ½ (Otto e mezzo) (Federico Fellini, Italia, 1963)Guido (Marcello Mastroianni), trasunto bastante claro de Fellini pero que el de Rimini asumía o negaba según la entrevista que se consulte, es un director que atraviesa una crisis creativa y existencial. Huyendo de su vida social y de las expectativas de los que le rodean, solo encontrará cierta calma gracias al conjuro de su memoria y en especial a una fórmula mágica, Asa-Nisi-Masa, un enigmático fraseo que le evocará su infancia y sus recuerdos más vivos, vinculados en muchos casos a su relación con las mujeres. Más que un escenario, el balneario es aquí un espacio mítico, recurrente también en otras películas de Fellini como La ciudad de las mujeres (1980) o La voz de la Luna (1990). Y por él desfilarán, desde la mente de Guido, un completo catálogo de personajes fellinianos.

Ojos negros / Ochi chyornye (Nikita Mikhalkov, Italia-URSS, 1987)
De una creación a otra del legendario Mastroianni, afrontando ya aquí la recta final de su carrera. Tres cuentos de Antón Chéjov, entre ellos el memorable La dama del perrito, sostienen el entramado de esta bella estampa de la decadencia decimonónica en la que un maduro arquitecto italiano evoca sus amores de balneario con una tímida y encantadora mujer rusa de ojos negros.

Ruby en el paraíso / Ruby in Paradise (Victor Nuñez, Estados Unidos, 1993)
Puro cine Sundance de un director (Victor Nuñez) que después se ha prodigado poco (sus dos últimos largometrajes apenas han tenido distribución comercial). Aquí escribió y dirigió un excelente retrato de personajes que dejó además un buen fresco social de Palm City Beach, en Florida, una ciudad balneario que como ocurre en muchos otros casos fuera de la temporada de baño es una ciudad fantasma. A ella llegará Ruby, una joven que intenta dar un giro a su vida, interpretada con gran brío por una debutante Ashley Judd.

El balneario de Battle Creek /The Road to Melville (Alan Parker, Estados Unidos, 1994)
Sobre un superventas de Thomas Coraghessan Boyle (también conocido como T.C. Boyle), al que algunos califican como el escritor estadounidense más divertido de la literatura contemporánea, Alan Parker edificó esta ácida parodia de la vida sana. Anthony Hopkins reencarna a un personaje real, el Dr. Kellogg (el mismo de los cereales, sí), director del Balneario de Battle Creek (en Míchigan) en el que puso en práctica excéntricas terapias naturalistas basadas, entre otros pilares, en la abstinencia sexual o el uso terapéutico de enemas, además de en una militancia acérrima en el vegetarianismo y el ejercicio físico.

La juventud / YouthLa giovenezza (Paolo Sorrentino, Italia-Suiza-Francia- Reino Unido, 2015)Con la exuberancia estética a la que nos tiene acostumbrados, Sorrentino reincide aquí en algunas de sus obsesiones, como la decadencia personal y social o los conflictos entre arte y poder, trazando una cierta continuidad con la exitosa La gran belleza (2013), aunque sin llegar a la brillantez de aquella. Rodada en inglés, transcurre en un balneario de los Alpes suizos, donde un director de orquesta retirado (interpretado por Michael Caine) pasa unos días con su hija (Rachel Weisz) y con un amigo director de cine en crisis (Harvey Keitel en un personaje que puede recordar inevitablemente al Guido de 8 ½).

Spa Night (Andrew Ahn, Estados Unidos, 2016)
Mucho más modesta es la película que hemos elegido para el chapuzón final: Spa Night es otra de las grandes perlas del cine estadounidense independiente de los últimos años. Su acción no transcurre en los elegantes balnearios que nos evocan muchas de las obras anteriores sino en su versión low cost, los spas urbanos de Los Ángeles, que son un punto de encuentro para la comunidad coreana de la ciudad y funcionan en cierto modo como lejana conexión con sus tradiciones. En uno de estos spas trabaja el protagonista, un joven de origen coreano que irá explorando en ese espacio su sexualidad.


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