moonlight

Críticas a Trump y me­dia docena de estatuí­llas para el filme de­ Damien Chazelle, el ­director más joven qu­e gana un Oscar, pero­ esta edición pasará ­a la historia por el ­error al anunciar el ­premio más esperado

avila
28 Feb 2017
Alejandro Ávila
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En los Estados Unidos de Trump puede ocurrir cualquier cosa. Incluso que en uno de sus momentos más sagrados, la entrega del Oscar a la mejor película, se vaya todo al garete. La La Land se encaminaba a rematar su gran noche, con seis estatuillas ya en el bolsillo. Solo faltaba la guinda: Mejor película. Estaba cantado. Y así fue… pero solo por unos breves minutos, por no decir, segundos.

Faye Dunaway, que celebraba los 50 años de Bonnie & Clyde junto a Warren Beatty, lo cantó alto y claro: “Y el Oscar es para La La Land”. Con todo el equipo de Damien Chazelle sobre el escenario y varios discursos de agradecimiento leídos, de pronto se forma un tumulto. Caras de desconcierto.  Uno de los productores de La La Land alza el sobre. No deja lugar a dudas: Moonlight es la mejor película de la 89ª de los Oscar.

Independiente, gay, negra y con tan solo 1,5 millones de presupuesto. Moonlight venía de darse un festín la noche anterior en los Spirit, los premios del cine independiente, donde se había llevado los seis galardones a los que optaba: película, dirección, guion, montaje, fotografía y reparto. Hasta el fatídico momento, la gala no le había sonreído: optaba a ocho estatuillas y solo se habían llevado dos, a mejor actor de reparto y guión adaptado.

Moonlight, estrenada con éxito en el Festival de Toronto, se mete de lleno en el mundo de la triple discriminación de un chico que vive en un barrio marginado de Miami: pobre, negro, homosexual y de madre drogadicta. En la América militante contra Trump, con un presidente enfrentado a todo lo que huela a progre, la prensa, sus vecinos mexicanos, (algunos) países musulmanes, el Estado de Derecho y el mundo de la cultura, no parece descabellado que los académicos hayan votado con el puño en alto y hayan preferido irse con la música (y los musicales) a otra parte. Compromiso, en vez de evasión. Además, como una posible respuesta a una edición anterior en la que los candidatos negros brillaron por su ausencia, la Academia del Cine estadounidense no solo ha premiado una película negra, sino que ha repartido estatuillas a dos actores de reparto afroamericanos, Viola Davis (Fences) y Mahershala Ali (Moonlight), y se ha volcado con un documental de temática negra como O.J. Made in America.

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Aunque la noche comenzó de manera festiva con una actuación sorpresa de Justin Timberlake, el cómico Jimmy Kimmel, el presentador de la gala, no tardó ni dos frases en darle tintes políticos a la gala. “Nos odian. El país está dividido ahora mismo. Ya es hora de unir a la gente”, dijo, para, acto seguido, burlarse de Mel Gibson, uno de los pocos partidarios de Trump en la meca del cine. “Ha sido un gran año para el cine: Los blancos han salvado el jazz y los negros, la NASA”, ironizaba Kimmel sobre La La Land y Figuras Ocultas. El cómico no dejó pasar la desafortunada frase de Donald Trump sobre Meryl Streep para pedir “un aplauso inmerecido para una actriz totalmente sobrevalorada”.

El monólogo del presentador auguraba ya una ‘noche negra’: el primer galardón iba a manos de Mahershala Ali, mejor actor de reparto por su (breve) interpretación en Moonlight, quien dedicaba el galardón “a mis maestros, que siempre me decían que mi trabajo debía estar al servicio de la historia, del relato de los personajes”. Moonlight sumaba su segundo galardón gracias a su guión adaptado, mientras que el de mejor guión original era para Manchester frente al mar (escrito por su director, Kenneth Lonergan).

A la tercera fue la vencida para Viola Davis: la intérprete afroamericana se llevaba el Oscar a mejor actriz de reparto por su emocionante papel en Fences. Tras ganar el Globo de Oro, el Bafta y los premios del Sindicato de Actores y la Crítica, su Oscar estaba más o menos cantado. Davis, con un impresionante registro haciendo de sufrida esposa, dedicó el premio a August Wilson, el autor del libreto en el que se inspira la película, y que no permitió que la película la rodara un director que no fuera negro. Se llevó 30 años en un cajón.

Hubo que esperar hasta el ecuador de la gala para que La La Land se llevara su primer Oscar. Y es que el musical protagonizado por Emma Stone y Ryan Gossling era la gran favorita de la noche, con 14 nominaciones en 13 categorías diferentes y,se había convertido en la película más nominada de la historia, junto a Eva al Desnudo y Titanic. El primer galardón llegó por el diseño de producción, mientras que el de mejor fotografía calentó motores para lo que estaba por venir: La La Land arrasando en las dos categorías musicales (Mejor banda sonora y Mejor canción, ‘City of Stars’) y armándose para la recta final: Mejor dirección para el joven Damien Chazelle, quien a sus 32 años es el cineasta más joven de la historia en ganar esta categoría; y Mejor actriz para Emma Stone. De ese modo, La La Land terminó la noche con seis estatuillas, frente a las tres de Moonlight, las dos de Machester frente al mar y las dos de Hasta el último hombre.

Emma Stone, que había arrasado en los Globos de Oro, los Bafta y el Sindicato de Actores, completó su póker con el premio grande y, visiblemente emocionada, agradeció al director “una experiencia única en la vida”. A Ryan Gossling, su compañero de reparto, le dio las gracias “por hacerme reír, por poner tan alto el listón y ser el mejor compañero”. Stone , que se prepara ya para su papel de Cruela Deville,  parecía sobre el escenario tan frágil como la propia Mia, el personaje de La La Land.

La de mejor actor era una de las categorías más reñidas: venció un Casey Affleck (Manchester frente al mar) en estado de gracia ante actores de la talla de Denzel Washington (Fences) o Ryan Gossling (La La Land). Affleck ha sido capaz de reflejar magistralmente todas las etapas emocionales que atraviesa su derrotado personaje. Tras ganar en las semanas anteriores el Bafta y el Globo de Oro a mejor actor, Casey ha agradecido el premio a Denzel Washington, “una de las primeras personas que me enseñó a actuar”, al director de la cinta, Kenneth Lonergan, y a Matt Damon, productor de la película y amigo de su hermano Ben.

Uno de las críticas más feroces al presidente de los Estados Unidos, le ha llegado desde uno de sus ‘países enemigos’: Irán. Irónicamente, la película que se ha llevado el premio a mejor película extranjera ha sido iraní: El Viajante, de Asghar Farhadi, quien, como muestra de protesta, no ha asistido a la gala. A cambio, le ha mandado a Trump un ‘ recadito’ contra su veto migratorio: “Mi ausencia tiene que ver por el respeto que siento a la gente de mi país y a la de los seis países que no han podido entrar en este país, dividiendo el mundo entre nosotros y nuestros enemigos. El cine puede crear empatía y unirnos”. Farhadi, que rodará en España con Penelópe Cruz y Javier Bardem su próxima película, ganó su primer Oscar con Nader y Simin, una separación en 2012.

Trump no se ha librado de las críticas ni desde el mundo de los dibujos animados. Zootrópolis se ha llevado el Oscar a mejor película de animación y  sus creadores han recordado que la película de Disney lanza un “mensaje de tolerancia: la tolerancia es más fuerte que el miedo al otro”. El cortometraje de animación recaía en manos de Pixar y su adorable polluelo aprendiz: Piper. La factoría Disney completaba su hat trick con El Libro de la Selva, galardonada por sus efectos visuales.

El actor mexicano Gael García Bernal, uno de los presentadores de la gala, le ha dirigido a Trump una de las críticas más duras de la noche. “Como mexicano, como inmigrante, como trabajador, estoy en contra de cualquier muro que pretenda separarnos”.

La guerra en Siria también ha hecho acto de presencia en la meca del cine con el mejor corto documental: The White Helmets. Se fue de vacío el corto español, Timecode, que venía de ganar decenas de premios por todo el mundo, incluido en Cannes. El vencedor ha sido el corto húngaro Sing.

No todo ha sido política pura y dura, sino que ha habido hueco para la nostalgia, el humor o las chuches cayendo en paracaídas sobre el público (sí, en serio). Dos de los mejores momentos ha venido de mano de Michal J. Fox, que ha entrado con su Delorean de Regreso al Futuro en pleno escenario, y de un grupo de turistas que creían que iban a entrar en un museo y se han visto en pleno Dolby Theatre rodeado de estrellas de Hollywood y aguantando las bromas pesadas de Kimmel.

Una de las grandes sorpresas de la noche fue la presencia de la nonagenaria negra Katherine Johnson, la calculadora humana de la NASA, interpretada por Taraji Henson en Figuras Ocultas. Las tres actrices protagonistas, todas ellas afroamericanas, fueron las responsables de entregar el galardón a mejor documental, por el que competían tres películas de temática racial. Vencía OJ. Made in America, un documental de ocho horas, cuyo director dedicaba el premio a las víctimas de la brutalidad policial.

Dos de los premios técnicos se los llevaron dos taquillazos (más de mil millones recaudados entre ambos): Animales Fantásticos (Mejor vestuario) y Escuadrón Suicida (Mejor maquillaje), que curiosamente también ha saboreado el reverso de los premios hollywoodienses, los Razzies, para los que tenía dos nominaciones. Kevin O´Connell se conseguía llevar por fin un Oscar tras 21 nominaciones (sí, han leído bien) por Mejor mezcla de sonido para el Hasta el último hombre de Mel Gibson, película en la que el mensaje pacifista y el ultarreligioso se dan la mano. El director australiano suma, finalmente, dos estatuillas, al llevarse el Oscar al mejor montaje. Por su parte, La Llegada ganaba Mejor edición de sonido, por el impresionante trabajo hecho en el interior de las naves extraterrestres, cuyos sonidos, que recuerdan a fondos y monstruos marinos, nos sumergen en un universo igual de desconocido.

A pesar del caos final, los Oscar han terminado despejando todas las incógnitas de manera satisfactoria: ha habido un relevo generacional personificado en directores treinteañeros como Damien Chazelle y Barry Jenkings, Hollywood se ha alzado en armas contra Trump con su mejor sonrisa y han demostrado fehacientemente que el cine norteamericano puede ser menos blanco y más diverso. Justo lo que necesita este país sumido en la confusión.


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