juan antonio bermudez
10 Feb 2019 - Juan Antonio Bermúdez

Rodrigo Sorogoyen aspira al Oscar con un sencillo corto rodado en dos localizaciones que le bastan para desplegar todo su manejo de la tensión y los sentimientos

Título originalMadre
Duración: 17′
Nacionalidad: España
Dirección y guion: Rodrigo Sorogoyen
Música: Olivier Arson
Fotografía: Álex de Pablo
Montaje: Alberto del Campo
Dirección de arte: Lorena Puerto
Intérpretes protagonistas: Marta Nieto (Marta), Blanca Apilánez (abuela), Álvaro Balas (Iván), Míriam Correa (policía)
Visionado disponible en Filmin

Madre es el octavo corto español en conseguir una nominación al Oscar. Le precedieron en este reconocimiento Esposados (Juan Carlos Fresnadillo, 1996), 7:35 de la mañana (Nacho Vigalondo, 2004), Binta y la gran idea (Javier Fesser, 2006), Éramos pocos (Borja Cobeaga, 2006), La dama y la muerte (Javier Recio, 2009), Aquel no era yo (Esteban Crespo, 2013) y Timecode (Juanjo Domínguez, 2016). Todos, incluido Madre, participaban en la categoría de acción real (Academy Award for Best Live Action Short Film), salvo la animación de producción andaluza La dama y la muerte.

Si los Oscar de esas categorías se considerasen un balance de la producción mundial (algo bastante cuestionable), casi podría pensarse que en las últimas décadas España es una pequeña potencia del cortometraje. Pero es mejor abstenerse de usar verbos en condicional y sencillamente celebrar que los académicos estadounidenses se acuerden de vez en cuando de los cortometrajes españoles. Confiamos en que esa visibilidad deje, aunque sea de rebote, algo bueno en el margen precario en el que se mueve el cine de minutaje corto.

Rodrigo Sorogoyen, como en su día le ocurrió a Javier Fesser, llega en cualquier caso a esta nominación al Oscar siendo ya un cineasta avalado de forma muy sólida por la industria española. Los siete Goya recibidos por El reino, su segundo largo en solitario, son solo la prueba más reciente de ese crédito. Y Madre se plantará también el 24 de febrero en el Dolby Theater de Los Ángeles con cerca de un centenar de méritos previos en sus dos años de distribución internacional, del Premio del Público y la Biznaga de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de Málaga al Goya y el Forqué.

Ya que he planteado este texto como una crítica, llegados a este punto, considero justo mojarme con algo así como una contextualización muy personal. En los últimos dos años, calculo que he podido ver al menos unos quinientos cortos de producción española. Y podría citar al menos una veintena que me interesan más que Madre. Sin embargo, dentro de las lógicas de la industria audiovisual, considero justa y me parece comprensible (y hasta previsible) su nominación al Oscar.

A esa industria, de la que Hollywood es el paradigma máximo, le encanta que le presenten pruebas de que los discursos emocionales que la retroalimentan no necesitan tanto artificio como el que exhiben habitualmente. Valoran que una historia sencilla y despojada sea capaz de crear en el espectador los mismos efectos (tensión, emoción, euforia…) con los que carísimas superproducciones imantan la taquilla. Y en eso Rodrigo Sorogoyen es un maestro, como demuestran sus largos y también este corto suyo que ha llegado tan lejos.

Madre es una precisa bomba tensional sustentada en elementos muy básicos: una interpretación principal de Marta Nieto desbordante, pletórica en su acelerado sufrir; una explotación magistral del fuera de campo; una banda sonora (compuesta por Olivier Arson, colaborador habitual del director) que excita y raya con una discreción punzante; la suficiencia de dos localizaciones, un piso y una playa de la que apenas vemos un par de planos; y, quizá lo mejor, un naturalismo luminoso que se aleja de los tenebrosos lugares comunes del género. Todo ello, en función de un tópico de eficacia probada en el cine: la faceta más convulsamente protectora de la maternidad que le da título.

Hay una parte de la crítica que considera a Sorogoyen efectista y sobrevalorado. Yo reconozco que sus tejemanejes sentimentales por momentos me aburren, incluso en una pieza corta como esta. Y sin embargo, no dejo de valorar el hecho de que sus películas nos asomen a lugares incómodos, aunque para ello haya que pagar el peaje de cierto efectismo.

Hace tiempo que se anunció, por otro lado, la adaptación a largometraje de esta historia, ya en fase de postproducción y con estreno previsto para este mismo 2019. Es demasiado tentadora la invitación a asumirlo como un teaser. Y queda enturbiada así algo, de forma inevitable, la experiencia de ver el corto como lo que debe ser, una obra autónoma en la que además, una gran parte del valor, está en aquello que no llega a revelarse.


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