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Alejandro Ávila

La mitad de la humanidad está silenciada. “No se oye su voz”. Así ha arrancado la charla sobre la brecha de género en la industria del cine, organizado por la Asociación Andaluza de Mujeres de los Medios Audiovisuales (AAMMA) en las vísperas de los Premios del Cine Europeo (EFA).

En la tribuna, tres cineastas que ocupan puestos de responsabilidad: la exministra Ángeles González-Sinde, la presidenta de la Academia Europea del Cine, Agnieszka Holland y la presidenta de la Fundación SGAE, Ana Graciani.

Las cifras hablan por sí solas. Ana Graciani apunta que sólo un 16% de los socios de la SGAE son mujeres, mientras que Holland señala a unas estadísticas realizadas en Estados Unidos: sólo un 7% de los profesionales del cine y la televisión norteamericanos son mujeres.

Según la presidenta de la Academia del Cine Europeo, “la industria es muy patriarcal y todos los puestos claves los ostentan hombres o mujeres que esconden (su feminismo). El movimiento ‘Me too’ es un movimiento que parte de la industria cinematográfica que ha hablado de las opresiones profundas. Las estrellas famosas han visto que no cuentan con la protección suficiente contra el abuso sexual y laboral del poder. Son relaciones de poder cada vez más visibles, que muestran que es necesario cambiar y que hace falta un sistema de cuotas”.

Ángeles González-Sinde, Ana Rosa Diego y Concha Ortiz. Foto: Rafael Rodríguez

En este sentido, Graciani afirma que solo cabe “forzar la máquina” para que las profesionales tengan el hueco que le corresponde en el mundo del cine. Es el caso, recuerda Holland, del cine nórdico. “Las escandinavas se han propuesto que hay una cuota de presencia femenina paritaria en dos años. Puede que la calidad se vea mermada o no, pero permitirá que la voz de la mujer se oiga”.

Graciani: “Son medidas transitorias”

Para conseguirlo, la guionista de películas como El mundo es suyo afirma que las cineastas “deben ser contundentes, agresivas también. No tenemos que tener ningún complejo a la hora de hablar de las cuotas, de los incentivos directos a las mujeres. Tienen que comprender que son medidas transitorias y que ojalá dentro de 5 o 10 años, todo se haya normalizado” y no hagan falta dichos incentivos.

La desigualdad, recuerdan, es un problema global, que hunde sus raíces en la educación en casa y la escuela y se ramifica hacia los diferentes escalafones de la industria cinematográfica: escuelas de cine, financiación, producción, distribución, plataformas digitales, festivales y hasta la crítica cinematográfica.

Agnieszka Holland, guionista de la trilogía de Kieślowski, recuerda que, según un estudio, “la crítica cinematográfica utiliza un lenguaje muy diferente, más agresivo, personal y agresivo” cuando la película la dirige una mujer y que los festivales de cine europeos, “con la excepción de Berlín, no están dando cancha a las mujeres. Señalo a Cannes y Venecia, con la excepción de Sofía Coppola. Yo conozco el nombre de diez mujeres que podrían haber entrado perfectamente” en la programación.

Ana Graciani, Ángeles González Sinde, Agnieszka Holland, Concha Ortiz y Mar Arteaga. Foto: Rafael Rodríguez

Por su parte, Ángeles González-Sinde ha insistido en la falta de referentes para las mujeres más jóvenes. “¿Qué estamos haciendo mal las mujeres mayores para que las más jóvenes no deseen ser directoras de cine?”, se ha preguntado. Mirando la web de una escuela de cine, ha ironizado sobre la falta de referentes femeninos, a pesar de la abundancia de alumnas y exalumnas de dicha escuela con proyectos, películas y premios.

Hay un cuello de botella: no hay mujeres dirigiendo películas en “la misma proporción que mujeres que estudian en la Escuela de Cine de Madrid y además se mantienen solo en circuitos limitados”. Es decir, dirigen películas de menor presupuesto y no se ponen en sus manos proyectos más comerciales, como “comedias, thrillers o terror, que funcionan por otro camino”.

Como ejemplo de que algo está cambiando tímidamente en la industria del cine es que la primera serie de Netflix Polonia está dirigida por cuatro mujeres. “Estamos dándole un modelo a seguir a las cineastas más jóvenes, para que luchen por sus intereses” .

Y González-Sinde cita a Michelle Bachelet: “Si una mujer entra en política, cambia la mujer. Si muchas mujeres entran, cambia la política. Con el audiovisual debería pasar lo mismo”. Para que su voz y su mirada del mundo no se vea silenciada.

Foto de familia de AAMMA y público. Foto: Rafael Rodríguez


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