Icíar Bollaín inaugura el Festival de Málaga con la comedia ‘La boda de Rosa’, una mirada surreal y acertada sobre una mujer al borde del colapso, interpretada magistralmente por Candela Peña (‘Hierro’)

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22 Ago 2020
Alejandro Ávila

Las primeras 24 horas de esta inédita edición del Festival de Málaga han transcurrido con las emociones a flor de fiel dentro y fuera de la pantalla. Hecha una exhalación y al grito de «¡Qué alegría, un cine!!», la actriz Candela Peña entró el viernes en la sala donde acababa de proyectarse La boda de Rosa (Icíar Bollaín).

Málaga ha resistido el primer envite de la pandemia. Con unas exigentes condiciones de seguridad sanitaria, el festival malagueño ha logrado, con éxito, cambiar de fecha su celebración del mes de marzo (su inauguración estaba prevista para el 13 de marzo) a la última semana de agosto.

Muy bronceada (rueda la serie Hierro en la isla canaria), con gesto rockero y gritando de júbilo, Candela Peña ha celebrado el regreso a las salas de con la comedia dirigida por Icíar Bollaín, que no solo inaugura el festival malagueño, sino que se estrena este fin de semana en las salas de cine. Peña protagoniza a Rosa, una mujer incapaz de decirle que no a su jefa, familia, amigos y pareja. Hasta que un día revienta, lo deja todo y decide… casarse consigo misma.

Icíar Bollaín, directora de películas como Te doy mis ojos o También la lluvia, confiesa que la idea de la cinta surgió, como tantas obras cinematográficas, a partir de una noticia sobre bodas de gente que se casa sola. «Tras la idea absurda, surreal, me di cuenta de que había un temazo de autoestima. De cuidarse, escucharse y serse fiel. Tardamos en encontrar el mecanismo, pero terminamos construyendo toda la historia con alegría y vitalidad. Podríamos habernos puesto densas, pero la idea era que entrara como agua fresca».

Candela Peña borda un personaje aparentemente sencillo en el que cualquier mujer puede verse reflejada, pero que entraña mucha dificultad. «Es un personaje que anda y se comporta de una manera muy determinada. No es ponerse y decirlo, hay que hacer a esa gente y no resulta fácil».

La acompaña un lujoso reparto de secundarios -orquestados por una excelente dirección de actores-, como Ramón Barea (padre) y Nathalie Poza y Sergi López, con una vis cómica contenida que funciona de maravilla. Son una familia «apisonadora», como bien define el propio Sergi López. Son una familia que, sin maldad, silencia y coarta los proyectos de una mujer al borde del colapso. La mano de Bollaín logra que la tragedia transite hacia el absurdo, sin perder esa mirada militante que la ha acompañado toda su carrera.


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