La Cineteca de Madrid ha exhibido por primera vez este verano la trilogía ‘Franco ha muerto’ del escritor, guionista y director ecijano Carlos Pérez Merinero, un particular “ajuste de cuentas” con la dictadura

Mª Angeles Robles
1 Oct 2019
Mª Angeles Robles

El nombre de Carlos Pérez Merinero (Écija, 1950 – Madrid, 2012) no está en los manuales ni en los libros de literatura pese a haber sido uno de los autores más prolíficos y originales que ha dado nuestro país. Nació en Écija, vivió su infancia en Jerez de la Frontera y llegó a la capital de España con dieciséis años el 18 de julio de 1966. Desde entonces, se jactaba de no haber dormido ni un solo día fuera de la comunidad de Madrid.

Siempre fue por libre, intentando recorrer un camino que lo llevó por derroteros insospechados, tanto en el cine como en la literatura, aunque también participó como guionista en producciones de renombre como Amantes de Vicente Aranda o La buena estrella de Ricardo Franco e incluso tuvo éxito como director con Rincones del paraíso, que protagonizó su amigo Juan Diego.

Autor prolífico y comprometido con su tiempo y sobre todo con su propia forma de entender el cine y la vida, Carlos Pérez Merinero grabó, entre los años 2001 y 2003, tres películas en Betacam que tuvieron como destino el olvido y que su hermano, David Pérez Merinero, rescató hace muy poco tiempo.

Juan Diego en ‘Rincones del paraíso’.

Las cintas de Valor facial, Hoy toca lección de historia y Digamos que fue entonces estuvieron perdidas durante mucho tiempo. El azar y la persistencia de David Pérez Merinero las devolvió a la luz y la Filmoteca Española las pasó a formato blu-ray para poder conservarlas y que por fin puedan estrenarse.

El cine clandestino

El testigo lo recogió la Cineteca de Madrid, que proyectó este verano un ciclo con el elocuente nombre de Carlos Pérez Merinero y el cine clandestino. Para los espectadores, sin duda, será toda una sorpresa y para los organizadores de las proyecciones, promovidas por David Pérez Merinero, una manera de reivindicar un trabajo que se aleja del cine convencional para definir una línea que muy pocos han sido capaces de traspasar.

Para Antonio Delgado, responsable de la Cineteca, resulta interesante “descubrir algo que no se había visto hasta ahora” y poder disfrutar de una propuesta que “no había trascendido y que es de una modernidad absoluta”. Se trata de “un cine hecho en democracia y muy maduro para su época” y que produce “una sensación de extrañeza” en el público.

Valor facial

La primera pieza de la trilogía, Valor facial, que lleva el subtítulo “fragmentos de una correspondencia (francamente improbable) mantenida en España 1939-1975)”, reproduce la historia de una larga y vieja amistad a través de la correspondencia que mantienen un excombatiente de la Guerra Civil y su “madrina”, una cantante de cierta fama. El espectador ve pasar imágenes de sellos de Franco mientras la banda sonora describe la historia a través de dos actores, que ponen voz a las cartas que se intercambian los dos protagonistas, y un narrador.

Carlos Pérez Merinero.

En Hoy toca lección de historia, Carlos Pérez Merinero propone al espectador la lectura comentada del periódico ABC del día después de la muerte de Franco. El director, guionista y productor Pedro Costa hace los honores y con su repaso a la prensa y sus acertados comentarios pone sobre la mesa qué ocurría en nuestro país en esa importante época de nuestra historia reciente.

Junto a los artículos dedicados a loar al dictador o los detalles en torno a su muerte, la vida sigue a través de artículos de sucesos, vida social y cultural e inserciones publicitarias que, en algunos casos, como ocurre con la de Codorníu, tiene un irónico doble sentido. Los comentarios de Pedro Costa sobre cómo vivió personalmente la muerte de Franco ponen sal al documental.

Con ironías al franquismo

Completa la trilogía Digamos que fue entonces, en la que un grupo de directores, actores y amigos de Carlos Pérez Merinero se plantan ante la cámara para leer discursos del dictador. La retórica del régimen, la propia visión que los fascistas tenían de sí mismos y de la alta misión que la historia les había encomendado, la soberbia y la mezquindad de Franco se revelan a través de las palabras leídas, a veces con naturalidad, otras con sarcástica solemnidad, otras con humor, por los participantes en el documental.

La idea original de esta trilogía difiere del resultado final. Carlos Pérez Merinero escribió dos guiones, el de Valor facial y el de otra película, Señales de vida, que iban a interpretar Juan Diego y Juan Echanove, pero que finalmente no se rodó por problemas con los permisos de algunas localizaciones. La tercera pata quería que fuese una historia personal narrada por su propia familia sobre su llegada a Madrid el día del aniversario del alzamiento nacional en 1966, que tampoco fue posible.

Franco ha muerto supone, en palabras de David Pérez Merinero, el “personal ajuste de cuentas” del director sevillano con el franquismo, que sufrió durante veinticinco años. David cree que cualquier artista que haya vivido esa época tiene necesidad de “hacer algo sobre ella” porque Franco era “un personaje familiar, que uno veía constantemente, en el NODO y por todas partes. No era como los políticos de ahora, que también están por todas partes, pero por lo menos cambian, desaparecen”.

Con la trilogía Franco ha muerto, explica David, “estamos en otra dimensión, las tres películas forman un conjunto que es una curiosidad, es cine que está al margen de la industria y mucho más allá. Son películas que ponen la ética en primer plano”.

Carlos Pérez Merinero tenía muy claro qué pretendía conseguir con esta propuesta dura y rompedora, que no hace concesiones, que plantea una forma de hacer cine al límite, capaz de despertar de un golpe la conciencia dormida del espectador; y así lo recoge una entrevista que con motivo del rodaje de estas películas le hicieron en El País: “A ver si con esta trilogía la gente se entera de que (Franco) ha muerto, porque a veces no lo parece”.


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