El Festival de Cine Africano de Tarifa y Tánger suma una nueva edición con una programación que da buena cuenta de la riqueza y diversidad de los cines del continente africano y su diáspora

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25 Abr 2019
Mane Cisneros

El Festival de Cine Africano de Tarifa y Tánger suma una nueva edición, la número dieciséis, con una programación que da buena cuenta de la riqueza y diversidad de los cines del continente africano y de su diáspora.

Con una sección competitiva paritaria con casual e idéntico número de obras dirigidas por mujeres y hombres, la presencia del fútbol femenino en África, historias que nos hablan del protagonismo que está adquiriendo la mujer en sus países de origen, los feminismos negros que abordamos también desde la literatura y la obra de la ilustradora marroquí Zainab Faisiki, cuyos dibujos inéditos están expuestos en Tarifa, confirman que la 16 edición del FCAT lleva nombre de mujer.

Y como parece que a este festival le gusta explorar otras orillas, este año damos el salto a las Américas negras a través de dos secciones no competitivas, una dedicada a los cines African American, la gran apuesta de esta edición. Esta retrospectiva, comisariada por Keith Shiri, programador del London Film Festival, surca por las primeras películas realizadas por cineastas negros, pasando por el cine en la época de la lucha de los derechos civiles, Blaxploitation, hasta nuestros días.

Se trata del mayor monográfico sobre el cine afroamericano que se ha presentado en España hasta el momento. Al mismo tiempo, programamos otra retrospectiva que toma el nombre de La tercera raíz, dedicada a los cines que nos hablan de la afrodescendencia en Colombia, República Dominicana y México. Una América en donde viven más de 200 millones de afrodescendientes hispanohablantes de los que tan poco sabemos. No es pues casualidad que esta edición abra con la película My friend Fela, firmada por el afrobrasileño Joel Zito Araújo.

De las demás secciones destacamos la siempre mayor variedad de procedencia, este año la programación incluirá obras de países habitualmente poco representados en el FCAT, como Lesoto, Ruanda, Mozambique o Ghana, a cuyo cine dedicamos una sección específica, o Libia, un país del que vemos por primera vez una película en 16 ediciones de festival.

El Árbol de las Palabras, espacio de formación y debate del FCAT que se celebra por séptimo año consecutivo, afronta este año las problemáticas de la distribución de los cines de África en el mercado global. La música llega de la mano de artistas procedentes de la diáspora africana en Europa y de artistas de nuestro país que se inspiran en sonidos afro, como Juno & Darrell (Guinea Ecuatorial/Egipto/España) y de los DJ y performers Nuri (Túnez) y Juani Cash (España).

Un festival transfronterizo

El FCAT es un festival transfronterizo que construye puentes de cine con nuestra vecina Marruecos. Este año, preocupados por la reducida asistencia en las salas de cine, hemos decidido ir en búsqueda de nuestro público multiplicando los espacios de proyección: el Instituto Cervantes, que abre su sede principal y su sala de exposiciones al cine, espacios habilitados especialmente en barrios periféricos, proyecciones al aire libre, así como en colegios, institutos, sedes de asociaciones y ONG de tres ciudades: Tánger, Tetuán y Chefchaouen. Una experiencia enriquecedora para un festival que nunca se cruzó de brazos ante la dificultad.

En un momento histórico en que la sociedad se hace cada vez más mercantil y gran parte de la riqueza se acumula en los bolsillos de unos pocos; en estos tiempos en los que se dedican cada vez más recursos a la construcción de muros y a reforzar las defensas militares, la inversión en cultura se hace aún más necesaria. La cultura nos enriquece, multiplica las perspectivas y las voces críticas, desafía las ideas y abre nuestras mentes. La cultura acerca a las personas, influye y abre interrogantes ante el orden establecido, proponiendo otras posibles soluciones. La cultura nos ayuda a reflexionar sobre cómo construir un mundo menos desequilibrado.

El FCAT es un superviviente del tsunami que se ha llevado por delante tantas manifestaciones culturales consideradas off. Después de 16 ediciones seguimos apostando por la independencia de los artistas de un continente del que nos cuesta reconocer su dinamismo y riqueza creativa.

Pero, por más que nos empeñemos en mirar hacia otro lado, los cines de África y su diáspora seguirán reclamando su lugar en el mercado global.

Por último, dedicamos esta edición a algunos queridos amigos que nos han dejado: la cineasta libanesa Jocelyne Saab, el cineasta mauritano Med Hondo, uno de los realizadores históricos del continente; el escritor y activista cultural Antonio Lozano, que nos ha acompañado desde hace años en esta aventura cinematográfica, y Blanca Orozco, cuya generosidad y obra donó al FCAT uno de sus mejores carteles. Seguirán vivos en nuestra memoria.


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