Juan Gabriel García
Juan Gabriel García

La crítica la ha ensalzado pero, ¿es para tanto o todo responde a una exageración en tiempos de verano? Dunkerque se nos presenta como la película del año, el relato novedoso y definitivo del cine bélico. Por lo menos así lo piensa la mayoría de la crítica, que ya ha elevado a los altares la última película de Christopher Nolan.

Uno de los problemas a los que se enfrenta Dunkerque es precisamente ese, la altísima expectativa que ha generado el aluvión de críticas positivas que ha recibido de forma unánime. Si estas se analizan antes de verla, uno puede acudir al cine abrumado, pensando si será capaz de apreciar una película que nada más nacer ha encontrado los elogios de clásico u obra maestra.

La película es fascinante pero, desde mi punto de vista, no alcanza el grado de excelencia que se la ha otorgado. Un uso enfático de la música y un relato que a veces cae en la confusión si el espectador baja un poco la guardia, hacen que podamos considerar a Dunkerque como una obra realizada por un ser humano, y no por una deidad. A pesar de esto su visionado resulta indispensable y confirma a Nolan como uno de los cineastas de mayor talento del cine actual.


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