Alexis Morante
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Redacción filmAnd

Era la oportunidad de contar la historia detrás del mito, de trasmitir por qué Camarón está a la altura de las grandes leyendas de la música internacional. Así describe el director algecireño Alexis Morante el documental Camarón: flamenco y revolución que conmemora el 25 aniversario de la muerte del cantaor. Se ha estrenado en cien salas comerciales de toda España y supone el segundo trabajo del cineasta este año, ya que también participó como co-director en Sanz: Lo que fui es lo que soy. Afincado en Los Ángeles desde hace diez años, Morante nos explica en esta entrevista el origen y el desarrollo de este trabajo que muestra una parte del archivo familiar del cantaor.

 

De Camarón se ha contado casi todo y además en muchas versiones. En YouTube está todo el material audiovisual oficial. ¿Qué quedaba por contar de este artista?

Cuando me propusieron dirigir este proyecto sentí vértigo. Camarón es una figura tan grande que parecía que todo estaba contado. Especialmente, en el 25 aniversario de su muerte. Me desprendí de cualquier presión para contar la historia de un modo personal, como si fuera una película de ficción en tres actos. No queríamos obsesionarnos con conseguir nuevas declaraciones o imágenes inéditas. Raúl Santos (co-guionista) y yo tomamos dos decisiones: no iba a hacer ninguna entrevista actual y se iba a contar todo con material de archivo. El narrador, que realmente es un personaje, nos contaría la historia como le diera la gana. Todo guiado por la emoción.

A pesar de la leyenda que describe a Camarón como una persona ensimismada, el documental sorprende porque ofrece una visión de Camarón sonriente y feliz.

Esa fue la sorpresa que yo me llevé al descubrir el material. Mi idea era buscar el lado de leyenda, el mito de la estrella del rock pero en el universo del flamenco. En el panorama internacional hay muchas leyendas de la música como Elvis Presley, Michael Jackson, Bob Marley, Miles Davis… Camarón, además de ser el revolucionario del flamenco, se convirtió en el representante de los gitanos en un entorno sociocultural adverso. Tiene la desgracia de morir joven y convertirse en un icono del siglo XX. No creo que haya nadie así en España. Camarón es mucho más de lo que creemos y el futuro lo seguirá poniendo en su sitio.

 

En la última etapa de su vida se muestra, en cambio, a un José Monje tranquilo, consciente de la muerte y casi místico, ¿crees que fue así, que encontró cierta paz al final?

No lo sé. Sí puedo decir que estaba muy bien cuidado y protegido por su mujer, La Chispa, y su familia. Eso es fundamental cuando alguien afronta la muerte. Camarón se diferencia de otros grandes de la música en algo muy importante: a todos los engulle el éxito y no lo soportan, se autodestruyen. Con Camarón esto empezó así (su problema con las drogas, su cambio de actitud, su declive…), pero se recuperó y comenzó su etapa más internacional, tiene un cuarto hijo, se siente cómodo, pero le llega un cáncer. Eso cambia totalmente la historia del mito y de la persona. Él sabe que va a morir cuando más ganas tienen de vivir. No se quiere ir, quiere seguir aportando, quiere ver a sus hijos crecer… pero la enfermedad es implacable.

Camarón en una fotografía de joven

Camarón en una fotografía de joven, en una escena de ‘Camarón: Flamenco y revolución’ de Alexis Morante.

¿Cómo surgió el proyecto?

Yo soy amigo y compañero de Curro Sánchez, director de La Búsqueda e hijo de Paco de Lucía. Estudiamos juntos un máster de cine en Nueva York hace ya diez años y siempre nos apoyamos en nuestros trabajos. A él le llegó que una productora de Sevilla buscaba a un director con una visión menos tradicional para hacer un documental sobre Camarón. Yo vivo en EEUU y acababa de dirigir un documental con Bunbury. Cuando la productora me dijo que tenía libertad para hacer lo que quisiera y que tenía a mi disposición todo el archivo de Camarón (incluyendo el familiar), no me lo pensé dos veces.

 

¿El objetivo de este documental era investigar sobre la persona detrás de la música, alumbrar y aclarar la importancia de su obra o dar a conocer al artista a un nuevo público que quizás ya no lo tenga tan presente?

El primer objetivo de todos era poner de relieve la figura de Camarón en el 25 aniversario de su muerte. Pero mi objetivo personal era el mismo que tengo en todos los proyectos cinematográficos: contar una historia y hacerlo de forma didáctica, entretenida y sobre todo emocional. Desde el respeto y la admiración, no evitamos ningún tema. Queremos contar la historia con todo lo necesario para construir el arco dramático del personaje, desde que nace en su barrio pobre en los años cincuenta, hasta que muere convertido en un mito en el año del despegue de la España del 92.

Camarón con Paco de Lucía.

Camarón con Paco de Lucía.

¿Cómo se enfocó el texto de la voz en off?

Aunque en un documental el verdadero guion se construye en montaje, en este caso, estaba totalmente escrito antes de empezarlo. Raúl y yo somos de Algeciras y los dos vivimos en EEUU. Hemos escrito juntos muchas cosas. El proceso de escritura fue muy reconfortante. Investigábamos, leíamos todo lo que había sobre Camarón, hablábamos con familiares, biógrafos… Teníamos localizados los tres actos, los puntos de giro, el climax… A medida que investigábamos sumábamos escenas a cada parte de la estructura. Para darle la literatura a la voz en off creamos un personaje que nos habla desde una mesa de una tasca como si nos contara una historia, una fábula. La penúltima fase era enviarle los textos a mi paisano y escritor Juan José Téllez, experto en flamenco de gran talento para la escritura.

 

¿Cómo fue el trabajo con Juan Diego?

No es un secreto que este guión está escrito expresamente para Juan. No creo que hubiera sido posible con otro actor. Por eso, cuando me dijo que le había emocionado, me quedé tranquilo. Trabajamos el personaje durante semanas. Él me proponía cosas, una expresión nueva, un chascarrillo, pero siempre las hablábamos previamente. El día que entramos en la sala de sonido para grabar la voz no se me olvidará nunca. Cuando Juan Diego empezó a recitar la voz en off en la oscuridad de la sala, el momento fue mágico.

Una escena de 'Camarón Flamenco y revolución' de Alexis Morante.

Una escena de ‘Camarón Flamenco y revolución’ de Alexis Morante.

Y respecto a las animaciones, ¿por qué se decidió ese montaje que en ocasiones va de las salinas de San Fernando al universo? ¿Cómo se trabajó?

Al ser todo material de archivo es necesario dejar que el espectador descanse con imágenes visualmente más atractivas. Además, a mí me gusta introducir elementos oníricos o de poesía visual que remarquen algún aspecto de la historia. Por un lado, imágenes desde el cielo que nos recuerdan el punto de vista de alguien que ya está muerto. Esos drones también sirven de transiciones para los cambios de ciudades de Camarón, que empieza y acaba en las salinas de su San Fernando natal, donde acude cada vez que tiene un problema en su vida. Otro elemento era el espíritu de libertad del caballo, del potro de rabia y miel. Y por último, las animaciones del artista José Luis Ramos, que además de dotar de soporte visual a lo que no teníamos en archivo, generan una atmósfera especial.

 

El documental apela a la emoción que genera el mismo personaje, ¿fue algo consciente?

Sí. Camarón nos emocionaba desde el principio, y eso tenía que ser la guía para la película. Mi primer recuerdo de Camarón fue su muerte. Yo tenía trece años y estaba en Algeciras. Recuerdo las imágenes del entierro como algo impresionante. Eso era emoción pura. Todo lo que tenía que hacer es intentar explicar por qué una persona tiene ese tipo de entierro tan emocionante.

Fotograma de una de las animaciones del documental.

Fotograma de una de las animaciones del documental.

Tienes mucha experiencia en el audiovisual relacionado con la música, ¿cómo te enfrentas a estos proyectos?

De la misma forma que me enfrento a cualquier otro trabajo de ficción: buscando la historia. En el caso de Enrique Bunbury o Alejandro Sanz la clave es la confianza con el propio artista, entablar una comunicación fluida con él, desde el respeto mutuo. La relación artista y cineasta tiene que ser sincera y transparente. Sólo así se puede sacar lo mejor de ellos, indagar en su interior. Con Camarón el proceso obviamente es distinto, ya que no está entre nosotros. Pero el mismo respeto y admiración con sus allegados hace que se consiga el mismo efecto.

 

¿Cómo fue el proceso de investigación? Creo que, además, habéis estrechado lazos fuertes con la familia y el entorno.

Lo primero fue crear un equipo formidable de documentación. A eso se le suma que éramos unos privilegiados porque contábamos con la ayuda y el favor de todo el entorno de Camarón. Eso hizo que el proceso de investigación fuera muy interesante. Además, los biógrafos de Camarón nos han ayudado en todo lo que les hemos pedido.

Y en cuanto a la distribución, ¿qué expectativas tenéis? Creo que se está proyectado en cien salas comerciales…

Karma Films es una distribuidora que le gusta cuidar sus películas. Con ‘Camarón: Flamenco y Revolución’ lo han vuelto a hacer y han sabido colocarla en muchas salas de España. Me siento un privilegiado por haber hecho dos documentales que se han estrenado en el intervalo de un mes en salas comerciales… También mueve la película internacionalmente Film Factory, una de las más grandes en España. Estamos muy ilusionados por la vida que va a tener la película.

 

Hasta ahora, ¿cómo ha sido la respuesta del público?

Siempre me ha dado buenas sensaciones todas las veces que he puesto la película con público en una sala de cine. La película emociona, y eso es gracias a Camarón y su potencia en pantalla grande. La crítica y la prensa han acogido muy bien la película. Estoy muy agradecido. En el estreno de Sevilla, con la familia de Camarón, se pudo comprobar la emoción que se siente al final de la película.

Una de las imágenes de 'Camarón: Flamenco y revolución'.

Una de las imágenes de ‘Camarón: Flamenco y revolución’.

Actualmente vives en Los Ángeles, ¿qué nos puedes contar algo sobre tu trabajo allí?

Hace ya casi diez años que vivo en LA, pero nunca pierdo la conexión con Andalucía. Este año  hemos terminado dos películas hechas aquí (la co-dirección de Sanz: Lo que fui es lo que soy y Camarón: Flamenco y Revolución). En Los Ángeles la industria audiovisual es más grande y hay muchas más oportunidades, pero a su vez hay más competencia. Yo por ahora me siento cómodo con proyectos a ambos lados del océano.

 

¿Cómo ves el sector audiovisual andaluz?

Lo veo en un momento de forma excelente. A la generación que abrió el camino hace más de una década, ya se ha sumado otra que están convirtiendo el panorama andaluz en algo que el resto del país debe tomarse en serio.  Y no solo con las producciones hechas allí: el cine andaluz también es el cine hecho por andaluces allá donde estén. Es una marca y yo me siento muy orgulloso de formar parte de ella. Hay que seguir trabajando para consolidarlo, pero creo que estamos en el buen camino. Hay que sentirse orgulloso de contar historias de una forma única que solo pertenece al universo andaluz. Cuando me preguntan en EEUU qué tipo de cine hago o me gusta hacer, si es thriller, comedia, drama… yo lo primero que digo es: andaluz. Y a partir de ahí buscamos el género que quieras.


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