Laura Hojman firma, con Un hombre libre, su cuarto largometraje. Y lo vuelve a hacer con éxito. La inmersión en la vida del escritor Agustín Gómez Arcos -que vivió con dolor tanto el exilio como una transición que lo trató injustamente- ha recibido un caudal de críticas positivas, salas llenas y un fructífero paso por festivales y premios

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30 Dic 2025
Alejandro Ávila
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Laura Hojman firma, con Un hombre libre, su cuarto largometraje. Y lo vuelve a hacer con éxito. La inmersión en la vida del escritor Agustín Gómez Arcos -que vivió con dolor tanto el exilio como una transición que lo trató injustamente- ha recibido un caudal de críticas positivas, salas llenas y un fructífero paso por festivales y premios.

Candidato a los Premios Goya y triplemente nominado a los Carmen, Un hombre libre, producido por Summer Films, acaba de ganar tres Premios ASECAN del Cine Andaluz (No Ficción, Guion de Cine y Música Original), ha sido preseleccionado en el Premio Feroz Arrebato de No Ficción, y seleccionado en los festivales de San Sebastián, Sevilla (Sección Oficial), Málaga, Toulouse, Huelva, Almería y Córdoba. Ha triunfado en Islantilla y Casares y recibido una Mención Especial en los Premios Imagenera.

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Con un hombre libre estrenas tu cuarto largometraje documental. ¿Hablar sobre las obras de otros autores te ayuda a hablar sobre tus inquietudes sociales, políticas, culturales…?

Entiendo el documental como un espacio de reflexión y en estos cuatro documentales me he apoyado en la trama de distintos autores para profundizar en temas que me preocupan y me interesan como la memoria, los relatos dominantes, los márgenes, o la propia idea de España y cómo se ha construido. Así que sí, siempre hay un deseo de generar un contrarrelato frente a lo que se considera inamovible y me parece que el cine, la literatura o las artes en general nos permiten eso precisamente. 

¿Qué te impactó más al leer la obra de Agustín Gómez Arcos?

El primer libro que leí fue El cordero carnívoro y sentí que nunca en mi vida había leído algo así. Me removió, me maravilló, me incomodó, me emocionó, todo a la vez. Me impresionó que es un libro radical hoy en día y se escribió en 1975. Dijo David Uclés que está escrito con las tripas y es exactamente así. 

¿Qué deuda tiene o tenía este país con un autor de la talla de Gómez Arcos?

Para mí la deuda va más allá de algo individual con un autor en concreto, la deuda de este país es con su propia memoria. La guerra y la dictadura dejaron a un país traumatizado y el hecho de hacer borrón y cuenta nueva dejó heridas supurando, silencios y vacíos, que todavía están ahí y que nos hacen daño. Creo que el silencio es otra forma de violencia, más sutil, pero que por eso se ha prolongado hasta nuestros días. Que no supiéramos nada de Agustín Gómez Arcos, de María Lejárraga, o de tantísimas otras personas no es más que un síntoma de esa forma de violencia. La deuda es cambiar ese silencio por narración, por memoria, por palabras… Como dice Alberto Conejero, vamos a pasar de página, por supuesto, pero antes, vamos a leerla. 

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¿Dirías que, tras cuatro largometrajes, has alcanzado una voz propia, un sello reconocible?

A decir verdad creo que mi voz es reconocible en todos mis documentales, incluso en los que he hecho por encargo o he escrito para otros directores. Mi manera de trabajar es partir siempre desde mi posicionamiento ante las historias, saber quien soy yo y dónde me coloco para contarlas. El cine es una creación profundamente subjetiva y para mí lo más interesante siempre es la mirada. En todo lo que he hecho he puesto mi sensibilidad, mis inquietudes, mis emociones… Y pienso que eso es precisamente lo que ha hecho que muchas personas conecten con mi trabajo. 

Eres reconocida por la visión feminista de tu filmografía. ¿En qué dirías que coincide la lucha por los derechos LGTBI, como es el caso de Gómez Arcos, y el feminismo?

Para mí es el hecho de crecer en una sociedad que te dice que tu forma de existir, de estar en el mundo, es marginal, una rareza, un nicho, no es la universal. Y eso te hace sentirte extraño, pequeño, menos importante. Contar la historia desde estos márgenes para mí tiene el sentido de ponerlos en el centro, de decir: “esto sí es importante”. Nuestras experiencias, nuestros relatos deben formar parte de ese imaginario colectivo que ha sido construido desde la mirada masculina heterosexual porque es algo que tiene implicaciones en todos los aspectos de nuestra vida. Los relatos nos construyen como personas y como sociedad. 

¿Cómo podemos hacerle llegar a los más jóvenes estas ideas, este compromiso, en un momento de avance de las ideas coercitivas, represoras… fascistas, en definitiva?

Es muy complicado en un momento en el que el tiempo para la conversación, la reflexión o el pensamiento están en crisis. Ahora todo es inmediatez y eso favorece eslóganes facilones y vacíos. Pero cuando voy a un coloquio después de una proyección siento mucha esperanza. Los cines, los clubes de lectura, los cineclubs, son reductos donde todavía existe la conversación, el intercambio de ideas y ese sentido de comunidad que estamos perdiendo. Así que creo que deberíamos protegerlos con todas nuestras fuerzas. 

Marisa Paredes, Pedro Almodóvar, Lara Moreno, Bob Pop. ¿Cómo construiste esta visión coral sobre la figura de Gómez Arcos?

Fue algo muy orgánico, siempre intento huir de la figura del “especialista” en los documentales porque no me interesa representar una tesis doctoral sobre el personaje. Busqué personas que me interesan por su pensamiento, su peso en nuestra cultura o el punto de vista propio que podían aportar a la historia. Algunos eran lectores de Gómez Arcos, otros, como Almodovar, habían sido amigos y a otros les dije, “ey, léete esto y charlamos”. En realidad no se trataba tanto de construir una visión sobre Agustín, sino sobre lo que representa Agustín en nuestra identidad como país. Busqué voces que hablaran de la censura, de lo queer, del feminismo, del exilio, de la memoria… ese era el relato que quería construir. 

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¿Imaginabas que Un hombre libre iba a tener este impacto, este recorrido tan amplio por festivales y premios nacionales e internacionales?

No tenía ni idea de cómo iba a funcionar. Que el Festival de Sevilla apostara por tenerlo en su Sección Oficial para mí fue muy especial y en el estreno, en el Cine Cervantes con las 400 butacas ocupadas estaba como un flan. Solo escuchaba silencio y al ser un documental tan diferente a los anteriores, no sabía si iba a conectar con la gente. Cuando terminó y todo el cine se puso en pié a aplaudir durante un montón de minutos, me eché a llorar. Después ha sido emocionante ver cómo ha ido creciendo, he estado todo el año acompañándolo por festivales y salas de cine de toda España. Estar en el Festival de San Sebastián fue un sueño o verlo en el luminoso del Rio Cinema en Londres. Ahora, cuando entro en las librerías y veo los libros de Agustín en los recomendados, cuando me cuentan en las bibliotecas que tienen listas de espera, siento ese pequeño sabor de victoria del que hablaba Gómez Arcos cuando elegía a las víctimas entre sus protagonistas. Y pienso que como con María Lejárraga, ha vuelto a pasar. 

¿Qué nos puedes contar sobre tus próximos proyectos?

Ahora mismo estoy en proceso de escritura y lo que puedo decir es que no será un documental relacionado con un autor literario. Aunque me riñan porque me dicen que ahora tengo que hacer el de tal o cual, cosa que me hace mucha gracia. Pero me apetece contar desde otros lugares y mostrar otras cosas que también forman parte de mí. Ojalá que sigan siendo acogidas con tanto cariño. 

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