El cómic, los sueños y la ciencia ficción como puentes entre la realidad y la fantasía. Un futuro prometedor (Rokyn Animation), nominado a los Premios Carmen como Mejor Cortometraje de Animación, se sumerge entre dos universos, una apacible sociedad antigua y un mundo apocalíptico, donde los robots tienen el control y el ser humano sobrevive entre escombros.
Sus directores, Olga de Castro y Chema García, acuden a la ciencia ficción y la animación para preguntarse: ¿Puede un sueño cambiar por completo el curso de nuestra historia? Nominados a Mejor Cortometraje de Animación, charlamos con los dos.
¿Cuál es el origen de Un futuro prometedor?
Olga: Un futuro prometedor surge de una idea primigenia de un cómic de Chema. El cómic forma parte de nuestras inquietudes artísticas; somos parte de una generación que ha crecido con ellos, y Un futuro prometedor tiene mucho de eso.
Chema: Es una adaptación de un antiguo cómic que hice hace años y que quedó sin publicarse. Un día se me ocurrió hacer una secuencia para ver cómo quedaba, con el protagonista sentado frente a la hoguera. Y todo empezó a moverse…

¿Cómo le fuisteis dando forma a esa idea inicial?
Olga: A partir de la historia de Chema, fuimos evolucionando. Como suele suceder, se descartan ideas y se da paso a otras; de hecho, esto implica a veces llevar varias escenas hechas y terminar descartando fondos o alguna animática que no termina de cuajar.
Chema: Trabajamos durante un par de meses, a un ritmo tranquilo, todo estaba un poco en el aire hasta que Francesca Nicoll y Manuel Sicilia, nuestros productores, decidieron apoyar el proyecto y entonces el cortometraje comenzó a ser, verdaderamente, una realidad.

¿Por qué os decidisteis por este tipo de animación 2D tan llamativa? ¿Qué nos podéis contar sobre ella?
Olga: La animación 2D es la forma creativa más cómoda en la que nos movemos actualmente y, volviendo al universo del cómic, tiene algo que los une. Un ejemplo es Heavy Metal (1981), un largometraje compuesto por varias historias que, en mi caso, cambió el concepto que tenía de la animación, ya que hasta entonces me habían influido muchísimo los dibujos clásicos de Walt Disney, Warner Bros. Y Hanna-Barbera, así como personajes tan memorables como la Pantera Rosa o Mr. Magoo.
Chema: El estilo del cortometraje es muy directo; no hubo un plan preconcebido. En mi caso, suelo dejar que el estilo fluya de manera espontánea, para que vuele solo, y Un futuro prometedor es un ejemplo de ello. Las decisiones estilísticas aparecieron de forma natural. A partir de ahí, como Olga y yo trabajamos juntos desde hace mucho tiempo, nuestros dibujos se mezclaron también de manera natural.
¿Es la ciencia ficción una buena manera de abordar los conflictos contemporáneos?
Olga: La ciencia ficción, en cierto modo, es un modelo de protesta. Te advierte de que estos mundos son posibles y lo estamos viendo: el cambio climático, la vorágine insaciable del consumo… El cine es uno de los medios que mejor lo muestra.
Chema: Sin duda, todo lo que hacemos hoy tendrá consecuencias mañana. Anticipar e imaginar esas consecuencias es clave para valorar nuestros actos.

El mundo que sueña el protagonista nos lleva a grandes clásicos apocalípticos: ¿Cuáles son vuestras grandes inspiraciones cinematográficas?
Olga: Me encanta esta pregunta. Si algo ha marcado mi infancia es la influencia de las películas apocalípticas de finales de los 60 y principios de los 70, basadas en novelas de ciencia ficción. Películas como The Omega Man (1971), con zombis setenteros encapuchados con el pelo a lo afro; El planeta de los simios (1968) y mi preferida por muchas razones —y por ser, de manera premonitoria, la última actuación de Edward G. Robinson (maravilloso final, por cierto)—: sin duda, Soylent Green (1973), aquí llamada Cuando el destino nos alcance.
Chema: A ambos nos han influido esos títulos míticos, a los que sumaría también algunas producciones posteriores como Mad Max y Blade Runner y, por supuesto, más de un título de estética exploitation como Los guerreros del Bronx. La literatura y los cómics han sido también determinantes en nuestra manera de trabajar. Soy muy fan de Moebius.
¿A qué universos nos lleva la animación a los que, quizás, no llega la acción real?
Olga: A los sueños de quien los imagina; justamente hace realidad lo irrealizable, pero con la mirada de la infancia, llena de color y de trazos.
Chema: La animación, hoy en día, tiene un importante valor en el universo adulto. Sin embargo, por su lenguaje característico, permite conectar al espectador directamente con la infancia. Es como cuando tenemos entre manos un bonito libro ilustrado. Esta propuesta creativa hace que la animación tenga algo más inalcanzable que la que se puede proponer con imagen real.
¿Cuáles son los próximos proyectos con los que soñáis?
Olga: ¡Me encantaría seguir contando historias y dibujar universos oníricos, si se puede!
Chema: Ahora estamos trabajando en una película internacional que va a sorprender en Rokyn Animation y tenemos otro corto en el que trabajamos a un ritmo menos frenético, pero sin descuidarlo; paso a paso.



















