Zumban las moscas machadianas en un piso de DF. O, si nos ponemos más contemporáneos, al modo del famoso capítulo cápsula de Breaking Bad o las moscas caseras de Shakira. Da igual. El resultado el mismo: su carácter insidioso y molesto.
También es molesto Cristian. Que, como una mosca, enloque a Olga zumbando en su propio hogar. Y es que Cristian es un crío que vive con su padre, alquilado en una habitación de esta señora madura que lo (mal) tolera a cambio de unos pesos. En este particular universo, Cristian espera a que su madre se recupere, que permanece ingresada en el hospital y quien, fuera de foco, lucha en el área oncología contra sus propias (y mortales) moscas.
Como hacía Víctor Moreno en La ciudad oculta, el México D.F. de Moscas (Fernando Eimbcke) se convierte en un espacio exterior propio, donde Cristina vive, cada día, una aventura estratosférica en la que no faltan aliens, astronautas, botones, palancas y paseos más o menos ingrávidos.
Suenan los 8 bits. La música que nos acompañó, desde las recreativas y gameboys, en los 80 y los 90. Es un matamarcianos. El ficiticio Cosmic Defenders Pro (alter ego de Space Invaders), donde Cristian lucha a diario por derrotar a esos pequeños invasores pixelados, tan insidiosos como las células cancerígenas de su madre o las moscas de la casa donde se hospeda.
La ficción, el videojuego, se convierte así en evasión de la realidad, pero también en comprensión de la ella: su madre, como él, agarra un joystick imaginario para pelear, una a una, contra esas células malignas que se han colado en su cuerpo enfermo. Así se lo explica su padre y así, como en una fábula, él consigue entender lo que le pasa a su mamá.
Ficción y realidad se dan así la mano para no solo ofrecernos una metáfora de la vida, sino un agarre con el que comprenderla.
En su particular, duro y prematuro viaje a la madurez, Cristian deberá entender que la muerte no se reduce a un pixel, que la vida no es una imaginada aventura espacial. Que la lucha contra las moscas de la muerte, a veces, puede ser real. También lo comprenderán los mayores que, en su viaje al universo del pequeño, volverán a encontrarse con ellos mismo.
Moscas (Fernando Eimbcke) es, en fin, una bella fábula sobre la vida, la muerte y la madurez, que guiña ya de reojo al Oso de Oro… o quizás de Plata. Al escenario del Berlinale Palast subirá seguro. Con insidiosas moscas o sin ellas.



















