La Berlinale le abre sus puertas al maestro coreano Bong Joon Ho, cinco años después de triunfar en los Oscar. Lo hace con Mickey 17, una frenética distopía en la que vapulea a Donald Trump y Elon Musk y nos invita a reflexionar sobre el derecho a la vida, la bondad y la armonía con la naturaleza

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16 Feb 2025
Alejandro Ávila
the nest

Cuando el presente se vuelve distópico, el futuro puede ser aún más aterrador. Y, para conjurarlo, nada mejor que una buena historia que destile nuestros temores, haciéndolos manejables y arrojando un hálito de esperanza, bajo la promesa de haber aprendido la lección.

Niega Bon Joon Ho que el tirano de Mickey 17 esté inspirado en personajes políticos del presente. Cuando la realidad es que, bajo cualquier análisis, podrá haber su pizca de Mussolini, su muchito de Hitler, pero a quién representa el insoportable personaje interpretado por Mark Ruffalo es a un híbrido perfecto entre Donald Trump y Elon Musk. Y si no, que se lo digan a sus mohines infantiloidoes o a sus enfervorecidos seguidores de gorras rojas.

Que lo niegue para evitar represalias trumpistas sí que es aterrador… y no las dulces cochinitas gigantes que pueblan el planeta colonizado de Mickey 17.

Protagonizada por un (doble) Robert Pattinson, Mickey 17 aborda algunas de las grandes cuestiones de la filmografía del oscarizado director coreano: la tensión interclasista, el totalitarismo, la crisis de la democracia, la destrucción de la naturaleza, la deshumanización de los humanos y la humanización de los animales. Se podría decir que, de alguna manera, esta fábula distópica es un compendio que reúne lo mejor de Crónicas de un asesino en serie, El huésped, Madre, El expreso del miedo o de, por supuesto, Parásitos.

Bon Joon Ho nos sorprende con una original idea: un futuro en el que no solo se puede clonar a los humanos, sino que se puede retar el inalienable derecho a la vida, con una suerte de casta de parias voluntarios usados ad infinitum como conejillos de india y pioneros especiales. Esa es la misión de Mickey. Ser Mickey 1, Mickey 2, Mickey 3, Mickey 4, Mickey 5… y regresar a la vida, y con la memoria intacta, a través de una suerte de impresora gigante.

El derecho a la vida, la dignidad humana y el respeto a otras vidas no humanas queda destilado a lo largo de una obra en la que Bon Jon Hoo demuestra, una vez más, que es capaz de enfrentarse a los grandes retos de la humanidad, manteniendo a raya los discursos grandilocuentes, a base de ritmo, humor y acción.

Lo hace, además, un control magistral de las interpretaciones caricaturescas, en las que podemos vernos reflejados como individuos y como sociedad.

Frente al totalitarismo trumpista y elonmuskista, Bon Jo Hoo rehúye del cinismo y, apoyándose en un profundo humanismo, emplea el humor para afrontar el futuro con esperanza. Una esperanza sustentada en los valores democracia, la ternura y la armonía con la naturaleza. Ya sea de este planeta… o de uno, en las que las adorables cochinitas gigantes nos dan una imprescindible lección de humanidad.


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