Elegir una película favorita es una cuestión compleja, íntima, en la que la razón y la emoción tratan, quizás en vano, de darse la mano.
Manuela Ocón, ganadora del Goya por Modelo 77, suma un nuevo reconocimiento este fin de semana: el Premio de Honor del 19º Festival de Islantilla, en su provincia natal, Huelva.
Nacida a orillas del Atlántico, la respuesta sobre esta cuestión casi filosófica, aúna razón, emoción y sabiduría. Quizás tenga trazos de su propia personalidad, de sus orígenes, que su película favorita sea Master & Commander, protagonizada por Russell Crowe y Paul Bettany.
No es solo su espectacularidad, sino los recuerdos familiares asociados a ella, la historia de amor encubierta, la emoción, la música. Unámosle a todo ello unido a un descubrimiento insólito, a través de su making of, sobre la meticulosidad con la que se rodaron las olas, con la que se consiguieron las telas de los barcos, con la que se seleccionó (por todo el mundo) a la tripulación.
Y hallaremos ahí, quizás, a la propia Manuela Ocón haciendo un trabajo, entre bambalinas, en la producción de la filmografía dirigida por Alberto Rodríguez y, desde hace cuatro años, como directiva de Movistar+, de algunos de los mayores éxitos del cine español.
Tus primeros créditos en el cine son en Más allá del jardín (Pedro Olea), la adaptación de la novela de Antonio Gala. ¿Qué ves al revisar estas tres décadas de oficio en la producción cinematográfica?
Veo mucho trabajo, muchas aventuras y muchísimo aprendizaje. No solo aprendizaje del audiovisual, sino de la vida. Yo creo que la producción te enseña a adquirir muchas habilidades sociales, a empatizar con la gente, a ponerte en el lugar del otro, a negociar. Aprendes toda esa psicología, sobre la organización de equipos y sobre cultura general: desde la obra de Francisco Goya, a la hora de pedir los permisos de sus obras, hasta el oficio de un buzo industrial con Los Tigres y los peligros reales a los que se enfrentan estas personas.
¿En qué momento decidiste que querías dedicarte a la producción audiovisual?
Fue algo absolutamente casual. Empecé a hacer producción cuando estaba estudiando Comunicación Audiovisual, sin saber muy bien lo que estaba haciendo. No quería ponerme delante de la cámara ni tampoco dirigir. Cuando me di cuenta estaba firmando los créditos de todos aquellos trabajos como productora.
Tu trayectoria profesional está unida a la filmografía dirigida por Alberto Rodríguez, ¿de qué manera consideras que has contribuido creativamente o en otros sentidos a crear una de las cinematografías más sólidas del cine español?
En primer lugar, diría que su trabajo ha contribuido al mío. Su nivel de exigencia hace que crezca el de los demás. Sus películas son muy complejas, diría que cada vez más: desde 7 vírgenes, en la que éramos muy jóvenes, hasta Los Tigres, en la que hemos tenido un I+D tecnológico importante. En esa complejidad, siempre ha habido que ser muy imaginativos para conseguir los recursos, que la organización de la producción fuera posible y que que Alberto tuviera lo que necesita, ya que los presupuestos no eran todo lo elevados que debían. Las primeras tenían un presupuesto muy ajustado y nunca bajamos el nivel creativo. Creo, humildemente, que ha sido un trabajo de producción muy satisfactorio.
En alguna ocasión hemos hablado de Grupo 7 como una de las películas favoritas de vuestra filmografía. Creo que la consideras una de las más complejas. ¿Es así?
Grupo 7 supuso un trabajo de producción fantástico, porque teníamos pocos recursos y la exigencia era muy alta. La realización de esa película era compleja, con muchos movimientos de cámara. Era una película muy rápida, con una figuración muy particular… todo era muy exigente y los recursos muy limitados. (José Antonio) Félez siempre nos ayudó muchísimo a tener todos los recursos posibles, pero aquella no era una época de grandes presupuestos. Aprovechamos hasta el último euro, con un plan de rodaje perfecto, realizado con Adán Barajas, para aprovechar muy bien todos los recursos. Grupo 7 y El hombre de las mil caras son las películas mejor rentabilizadas.
Has mencionado al productor José Antonio Félez, recientemente fallecido: ¿Qué ha supuesto él en tu carrera?
Félez lo ha supuesto todo. Ha sido familia, ha sido mi padre. José Antonio me ha enseñado muchísimo, como la honestidad en el cine, que no hace falta hacer trampas, que se puede hacer lo más difícil siendo honestos, sin tirar la toalla, desde la educación y el buen talante. Me ha enseñado a trabajar en este oficio.
¿Qué película dirías que te cambió la vida?
Mi trabajo ha sido bastante consecuente: una película me ha llevado a la otra. La Peste fue una producción tan gigante, que de repente me di cuenta de que se podían hacer cosas muy grandes y que éramos capaces de hacerlas. No tengo una peli de antes y después, sino que una ha sido consecuencia de la otra. Me ha cambiado la vida tener hijos o cosas personales más tristes.
Tu trayectoria volvió a dar un giro hace cuatro años, cuando te incorporaste en septiembre de 2022 al equipo de producción de Movistar+. Querer, La Mesías, La bola negra, Sirat, Anatomía de un instante… ¿tienes la sensación de estar haciendo historia en el audiovisual español?
Eso sí que ha sido un cambio importante. De la producción de campo a la de plataforma. Ha sido un aprendizaje brutal, abordar tantos proyectos en diferentes fases, en una época en la que Movistar+ ha producido cosas muy importantes. Tengo la sensación de haber formado parte de un equipo, de una plataforma nacional que produce obras nacionales en un momento muy interesante de la historia y me siento muy afortunada de haber estado ahí. Siento mucho orgullo de haber formado parte de un equipo con tantos éxitos en festivales y plataformas.
¿En qué momento dirías que se encuentra el cine español?
Desde el punto de vista de la producción, se encuentra en un momento fantástico, generando mucho trabajo. Eso sí, de manera muy desigual en el territorio por el tema de los incentivos. Eso habría que corregirlo. Como andaluces, se está produciendo muchísimo y con un nivel profesional muy alto. Podemos estar muy contentos. Sin embargo, no sé si el cine está pensado adónde va toda esa producción. Me parece bien que exista, pero sí es verdad que el cine es un medio de comunicación de masas y que las películas que no se ven son una oportunidad perdida. Se produce muchísimo, pero habría que ordenar un poco la producción. Estamos en un momento estupendo, pero a la vez nos enfrentamos a retos como la inteligencia artificial o la tensión entre plataformas y salas de cine.
¿Y el cine andaluz?
El tema de los incentivos es clave, porque produce una desigualdad importante. El nivel de técnicos, actores, directores y guionistas es muy alto y es una pena desaprovecharlo y que se vayan a otras comunidades. no deberíamos permitirlo. Ese es el reto de la administración pública y del sector privado, retener ese talento. Yo siempre he querido trabajar desde Andalucía y más o menos lo hemos conseguido, pero hay que seguir trabajándolo.
Recibes el Premio de Honor del Festival de Islantilla: ¿Qué supone para ti un reconocimiento de tu tierra natal, Huelva, donde además habéis rodado una película tan compleja como Los Tigres?
La verdad es que me encanta que me den un premio en Huelva, después de que una de nuestras producciones más importantes se rodara allí, con un tema muy autóctono, pero muy desconocido. Todo eso junto me hace mucha ilusión.
Aparte de tu labor como productora, cuentas con una carrera académica en la que has investigado sobre la desigualdad de género en el audiovisual. ¿Qué carencia hay respecto a otros sectores? ¿Cuánto queda por hacer?
La cuestión es que la industria audiovisual es un reflejo de la sociedad, no es diferente de lo que ocurre en otros sitios. Sin embargo, nuestro trabajo es poco rutinario, tiene poca seguridad, y eso hace que todo el tema de los cuidados, que es lo que marca la diferencia entre hombres y mujeres, sea una dificultad añadida, muy difícil de corregir. Creo que la única manera de que haya más igualdad es la corresponsabilidad, que nos hagamos corresponsables de los cuidados de los niños pequeños, de las personas mayores, de las que no se puedan valer de sí mismas, de proveer comida, limpieza… en fin, lo indispensable para vivir. No solo a nivel personal, sino de un Estado fuerte, que lo regularice y esté mejor repartido.
Los datos de AAMMA y de CIMA, en cuanto a la violencia sexual contra las mujeres en el sector, son muy preocupantes, con unos niveles de incidencia e impunidad altísimos. ¿Qué podemos hacer a nivel individual y colectivo para frenar esta injusticia?
La mejora consiste en que muchas mujeres y muchos hombres tomemos conciencia de que hay un problema, de que existe un lado muy oscuro y de que eso es violencia. Me sigue sorprendiendo mucho lo normalizadas que tenemos esas violencias. Es fundamental tomar conciencia de que eso no es normal, de que no solo es altamente reprobable, sino un delito… y de ahí no nos podemos mover. Esa toma de conciencia tiene que ser cada vez mayor y cada uno tiene que poner su granito de arena. Las leyes antiacoso están, pero hay que utilizarlas.
Sé que te preocupa el reemplazo generacional. ¿Qué podemos hacer por los más jóvenes a nivel sectorial e institucional?
Cuando les veo, les veo muy fuertes. Creo que habría que preguntarles a ellos. Son gente que sorprende muchísimo. Lo que hay que hacer es no poner muros, acercarles a todos los foros de decisión y debate posibles, que estén presentes, para enriquecernos mutuamente, y confiar en ellos para que desarrollen sus proyectos. Por otro lado, debemos aprender de ellos, ya que están buscando formas de exhibición en cualquier sistema y formato. Debemos estar atentos a lo que hacen.


















