Fotografía de Julio Vergne durante un rodaje.

Faltan mujeres en el cine. La directora de producción Manuela Ocón (La Peste, La Isla Mínima) analiza la desigualdad en el reparto de “el tiempo de vida” y la necesidad de una corresponsabilidad social de profesionales, empresas y Estado

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8 Ene 2021
Manuela Ocón Aburto
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Manuela Ocón Aburto, directora de Producción y socia de AAMMA

Cuando miro a mi alrededor en un rodaje veo que no estamos todas. Faltan mujeres en los equipos técnicos de la producción de ficción audiovisual. Faltan directoras, productoras y guionistas. Pero también directoras de fotografía, compositoras de bandas sonoras y mujeres técnicas de efectos especiales mecánicos y digitales. Así hasta recorrer todo el listado, con escasísimas excepciones que confirman una regla: el cine es un trabajo de hombres.

Cada tanto asisto a una conversación que comienza en boca de compañeros y a la que algunas compañeras se unen y asienten. En esa conversación se pone a prueba la decisión de hacer una política de acción positiva para posibilitar que, al menos, las mujeres que están a punto de conseguir un puesto directivo den un último empujón y lo consigan. Estas políticas dan su fruto.

Ley de Igualdad de 2007

Lo vemos en cada proyecto. Sobra decir que esta decisión está enmarcada en una ley, la Ley de Igualdad de 2007, de la que nos dotamos entre todas y todos en una sociedad democrática. Sin estas acciones podríamos estar lustros esperando a que llegara la igualdad en números así es que bienvenida sean para acelerar el proceso. Pero no es suficiente. No lo es.

Desde las asociaciones de mujeres del sector audiovisual en España, y concretamente en Andalucía, visibilizamos a nuestras compañeras y se hacen más fuertes. También conseguimos que las más jóvenes y, por qué no, las más mayores tengan referentes. Peleamos para que tengan su hueco en los festivales. Pero sigue sin ser suficiente.

“Vivimos en una sociedad patriarcal y capitalista de la que el sector audiovisual no es ajeno”

Vivimos en una sociedad patriarcal y capitalista de la que el sector audiovisual no es ajeno. Este marco produce desigualdad de género. Pero necesitamos conocer los mecanismos que producen este hecho porque son complejos.

Seguimos siendo menos

Desde el Consejo de Europa se insta a la responsabilidad institucional para que se fomente la investigación al respecto. Y seguimos realizando estudios cuantitativos, seguimos contando cada año cuántas somos. Y seguimos siendo menos de las que deberíamos porque muchas se quedan por el camino. A la espera quedamos de los datos tras la pandemia de la COVID-19.

Veremos y estudiaremos los porcentajes de mujeres que han quedado atrapadas por las tareas de cuidados, tareas esenciales para la supervivencia. Más difícil será estudiar las acciones no realizadas por la falta de recursos económicos por parte de las administraciones públicas y de las empresas privadas para proveer de elementos que ayuden a la creación de una sociedad más igualitaria en este terreno.

Gestión del tiempo

La gestión del tiempo es una herramienta eficaz para reflexionar sobre la desigualdad. El 13 de junio de 2013, el Instituto Europeo por la Igualdad de Género presentó en Bruselas el Índice de Igualdad de Género, que se elaboró utilizando seis indicadores: trabajo, dinero, conocimiento, salud, poder y tiempo. En los dos últimos, poder y tiempo, encontramos los mayores niveles de desigualdad en nuestro país respecto al resto de la Unión Europea.

“El trabajo no remunerado se distribuye desigualmente y recae fundamentalmente en las mujeres”

Pongamos un ejemplo genérico: según las encuestas de empleo de tiempo, hombres y mujeres reparten su tiempo de manera diferente. Está cuantificado, según las horas del día, a qué dedican las personas ese tiempo según actividades laborales, familiares y de ocio. Queda demostrado que las mujeres trabajan, sea trabajo remunerado o no, más horas que los hombres.

Un trabajo desigual

Además, el trabajo no remunerado se distribuye desigualmente y recae fundamentalmente en las mujeres. Entre ellas, existe una superposición y acumulación de tareas que hace difícil medir e identificar los tiempos. Además de trabajar más horas, ellas hacen uso de la “doble presencia”, es decir realizar varias a la vez para poder asumir la carga de trabajo, esa carga a la que están obligadas por demanda de otros y no siempre por propia voluntad. Esta  situación multitarea provoca en las mujeres una situación de estrés que facilita el rechazo a puestos directivos donde se necesita tiempo y autonomía en su gestión.

Si nos colocamos en el entorno laboral de la creación de una obra de ficción la situación empeora para las mujeres. Por un lado, por la incertidumbre y la precariedad laboral, y por otro, por la falta de rutina que posibilite una organización vital. No existe la responsabilidad social en las empresas que ayude a paliar esta situación. Las propias empresas de producción son débiles en sus estructuras y tienen recursos muy limitados.

Un epígrafe específico

Por otro lado, hasta el momento no existe ningún epígrafe económico en modelo de presupuesto de obra audiovisual propuesto por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales donde se dote de ayudas económicas a la producción para estas cuestiones, que se mantienen en el ámbito de lo privado.

Esta ayuda estaría plenamente justificada para proyectos laborales donde las personas que participan no tienen posibilidad de conciliar la vida familiar y laboral. Tampoco existen recursos por parte de las administraciones públicas que cubran las labores de cuidados en un entorno laboral caracterizado por su carencia de rutina respecto al tiempo de trabajo.

“La desigualdad de género en el sector audiovisual provoca falta de libertad de expresión”

No es un reparto justo. Es un reparto que nace del sistema capitalista donde el beneficio económico está por encima del bien común. En ese sistema queda invisibilizada la sociedad del cuidado. Esa que hace posible el trabajo reproductivo, pero también el cuidado de personas enfermas, de personas ancianas. Esa que está dirigida por mujeres y que es necesaria para nuestra supervivencia.

De ahí que, desde el punto de vista masculino, la individualidad quede por encima del grupo. La persona queda más expuesta de cara al éxito o al fracaso, pero también más sola en sus relaciones sociales. Desde el punto de vista de la sociedad del cuidado, desde un punto de vista femenino, la identidad relacional es vital y más acogedora pero al no producir, supuestamente, un rédito económico, no es relevante ni digna de mención. Recordemos que lo que no se nombra no existe.

Equilibrar el tiempo de la vida

Visto así es un reparto donde todas y todos perdemos. No necesitamos sólo la conciliación. Necesitamos la co-responsabilidad: la co-responsabilidad social de las personas, de las empresas y del Estado. Debemos equilibrar el tiempo de la vida. Ahora mismo su eje referencial es el tiempo de trabajo y este hecho hace invisible las actividades domésticas.

“Una dotación económica y ciertas políticas de tiempo posibilitarían una vida más acorde con nuestro entorno social”

Una dotación económica y establecer ciertas políticas de tiempo en nuestro sector posibilitarían una vida más acorde con nuestro entorno social para todos y todas. Es muy probable que así, las cuentas salgan mejor y podríamos descubrir que hay más mujeres interesadas en el sector audiovisual de las que actualmente están. Y esto es importante por justicia social.

Tal y como se dice desde el Consejo de Europa, la desigualdad de género en el sector audiovisual provoca falta de libertad de expresión. No perdamos la tensión cuando pase -porque pasará- la pandemia, no dejemos que la crisis económica y de valores democráticos que llegará nos haga dar un paso atrás en lo concerniente a la sociedad igualitaria y a la provisión de cuidados.

Foto de portada: Julio Vergne

Un comentario sobre “Equilibrar el tiempo de la vida… también en el cine

  1. Interesantísima reflexión Manuela. Gracias por aportar un buen chorro de luz a este nuestro mundo audiovisual donde todavía existen muchas zonas de tinieblas.
    Y añadir que por desgracia esta iluminada reflexión se puede extrapolar a cualquiera otro ámbito laboral.
    ¡Gracias de nuevo por compartir y difundir!

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