El cineasta Ezekiel Montes estrena ‘Hombre muerto no sabe vivir’, un violento film noir andaluz sobre la lealtad y la traición, con el narcotráfico como trasfondo

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5 Jul 2021
Alejandro Ávila
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Un niño observa cómo la policía llega a sus barrio. Los agentes se acercan al camello de turno y, tras hablar con él, se marchan, mientras el chiquillo se pregunta por qué no lo arrestan, cuando saben de sobra que él es el que mueve la droga en esa zona del barrio.

Cuenta Ezekiel Montes que la película andaluza que ha producido, dirigido y escrito, Hombre muerto no sabe vivir, se basa en sus propias vivencias en un barrio humilde de Málaga, donde “la policía hablaba con el camello y seguía vendiendo droga, porque mientras hubiera orden todo estaba bien”.

Violencia seca

Cine negro, violencia seca. Hombre muerto no sabe vivir presentada en el Festival de Málaga y con estreno este viernes 2 de julio- es una película de bajos fondos y narcotráfico en la Costa del Sol. Un juego de traiciones y lealtad, que cuestiona, como en la saga de El padrino (Francis Ford Coppola), los valores del viejo régimen.

Los jóvenes buscan asaltar los cielos, para hacerse con su lugar en el mundo, y no tienen el menor reparo en matar al padre, llegado el momento. En el caso de Hombre muerto no sabe vivir, ese arribismo social está representado por un excelente Rubén Ochandiano (Ángel), que sabe jugar sus cartas con ingenio y oficio.

Lealtad, honor, amistad

“En el barrio había unos códigos, que para mí eran muy importantes. Quería contar cómo la lealtad, el honor, la amistad se están muriendo”, añade Montes durante la rueda de prensa en el Teatro Cervantes de Málaga.

Ese viejo régimen lo encabezan Antonio Dechent (Tano), Paco Tous (Eduardo), Juanma Lara (McCoy), Nancho Novo (Paul), Roberto García (Roberto) y, por supuesto, Manuel de Blas (Manuel), que es el patriarca del narcotráfico de la zona. Un reparto de lujo, al que se suman otros jóvenes intérpretes andaluces como Elena Martínez o Jesús Castro, entre otros.

Con trazas de noir coreano y cine gore (algunas escenas salpican hasta el patio de butacas), el guionista, director y productor de la película se declara admirador de Martin Scorsese, Robert Rodríguez y Robert McKee en los títulos de crédito. “Admiro mucho a Martin Scorsese. Cuando era joven, veía sus películas para hacer cine”, señala.

Entre la ostentación y la humildad

La película transita entre la ostentación marbellí y la humildad de La Palmilla malagueña, adonde acudió Montes “para hablar con los patriarcas. Me senté con Justo Rodríguez y le dije que quería hablar de estos códigos (honor, amistad y lealtad): nos dimos la mano y me abrió el barrio“, para que pudieran rodar una película con un amplio equipo técnico y artístico andaluz.

Tanto Ochandiano, como Jesús Castro y Elena Martínez alaban su trabajo de actores, a pesar de la dureza del rodaje. Así, el ganador de Silencio roto afirma que el trabajo fue “muy al límite y jugoso. A Ezekiel le gusta mucho el trabajo con actores, porque te cuida y te mima”.

Para Castro, “todo el equipo ha remado en la misma dirección”, mientras que Martínez cuenta que ha sido duro ponerle piel a su papel, Aitana, porque “es complejo darle vida a este tipo de personajes” que viven rodeados de violencia y pobreza extrema.

En cualquier caso, Antonio Dechent ve en Hombre muerto no sabe vivir un western crepuscular: “el tiempo se acaba y empiezan otros nuevos”, sentencia.

Publicado inicialmente: 10 de Junio de 2021.


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