En la quietud de la luz es, sin duda, un debut en el largometraje ambicioso para el cineasta mexicano Fernando Frater. Combinando la ciencia ficción de grandes efectos especiales con el drama psicológico, explora los efectos del aislamiento en la mente del astronauta James Browning (Gordon Peatson). Tras el fracaso de una misión para estudiar la habitabilidad de un planeta inhabitado, lleva cuatro años varado y consumido por la rutina de supervivencia, notando como su psique se quiebra cada vez más y atormentado por recuerdos de su mujer (Leticia Texidor) y su compañero de misión (Jordi Roig).
El proyecto ha sido producido por Ezekiel Montes, desarrollando el rodaje en localizaciones de Málaga y Tenerife, convertidas en ese planeta inhóspito y desolado. El equipo llega a la sección 5 minutos del Festival de Málaga para presentar En la quietud de la luz, que aún se encuentra en fase de postproducción.
¿Cómo nace esta película?
Fernando Frater: En la quietud de la luz es un proyecto que ha tenido muchas fases. Realmente, la primera es que en mi cabeza surgió la idea hace casi 10 años en México. Yo vengo de México, crecí allá y viví allá mucho tiempo, y en mi cabeza se formó esta idea cuando me pidieron hacer una publicidad para un festival, precisamente, de cine. Me dijeron: “es un millón de pesos (que eran, no sé, 100.000 euros), y haz lo que quieras”. Y dije: “voy a hacer algo de astronautas.” Y yo había escrito un poema, que se llama En la quietud de la luz, hacía mucho tiempo. Era la historia, no de alguien específico, como de una despedida-bienvenida: me despido del amor de mi vida, y nos veremos muy pronto en algún lugar. La carta se queda abierta como “coño, esto es una despedida de muerte, de irse de un lugar para llegar a otro…”
Ese es el planteamiento de la película: alguien que se está yendo al lugar de las sombras, donde no sabe qué hay del otro lado, y va a tener que dar esta nueva bienvenida al amor o a lo que venga. El progreso en su vida.
¿Cómo fue tomando forma el largometraje?
FF: Después de tanto tiempo escribiendo y escribiendo, inicialmente era una película muy científica, muy del espacio, y el planteamiento que tenemos hoy más bien surge de la necesidad de hablar de un tema, un problema que yo creo que cada día es más común en la vida contemporánea, que es la soledad. El aislamiento del hombre. Hoy, a pesar de que todos pensamos que estamos más conectados que nunca con las redes sociales y todo, estamos más desconectados.
Nos distancia.
FF: Así, es, estamos distanciados. No además del prójimo, sino de nosotros mismos, y estamos perdiendo el rumbo, vivimos de rutinas. La rutina de la mañana, la rutina de la tarde, la rutina de la noche, y así vamos creciendo, y así vamos desarrollándonos, y creyendo que estamos conectados. Esto está exacerbado, llevado en una metáfora muy linda que es el astronauta solo en un planeta. Hace referencia inclusive a El principito; es una parte importante para mí, para el desarrollo del planteamiento de esta historia.

¿Qué otras influencias han definido En la quietud de la luz?
Si bien tiene tintes de, obviamente, ciencia ficción, también de thriller. De pronto hay partes que son como si estuvieras viendo una película de miedo, porque esta cuestión del aislamiento es muchas veces lo que te hace sentir. Hay muchas influencias. Para mí es un pequeño tributo a 2001: Una odisea en el espacio, películas como The Martian, inclusive Alien… Está todo ahí implícito en esa forma, yo crecí viendo ese tipo de cine. Y bueno, también mucha literatura de la mente. Estamos hablando de alguien que se pierde en el aislamiento… Ahí está Solaris, tanto la película como el libro de Stanisław Lem. Es una historia psicológica.
Finalmente, hoy se convierte en una película que a mí me gusta describir no como una película del espacio, sino del espacio entre la gente. La historia trata de un astronauta que está solo en un planeta, que tuvo que dejar la Tierra por causas mayores y encontrar otro donde podamos seguir como raza. Todo se complica al grado que se queda solo, completamente solo. No lo está al principio de la misión, pero la película comienza con una persona que ya está sola, y se va descifrando qué fue pasando. ¿Qué sucedió, por qué está solo? Es un pequeño tratado de lo que genera el aislamiento en el cerebro humano, y en la condición humana, en el carácter humano. Al final del día siempre estamos buscando conectar con algo. Lo peor que puede pasar es cuando empiezas a desconectarte de ti mismo.
¿Es, entonces, una película de un solo personaje?
FF: Tenemos tres personajes: James Browning, Kate Browning, su esposa, y Vasily Lantsov, el otro astronauta. Son tres actores sobre los cuales gira toda la película, que a lo mejor se ve tan grande, soportada en tres personajes solamente. Para mí cada uno es como si fueran el mismo, como la mente de una persona dividida en tres.
Parece algo muy íntimo, en realidad, a pesar de la envergadura.
FF: Es agarrar lo más íntimo posible y ponerlo en un lugar que hace una semblanza de lo que es el mundo hoy. Estamos envueltos en algo gigante, en tantas cosas que vienen y van, y todas son… En inglés dicen deception, toda esta paja que hay alrededor y te hace pensar que todo es muy grande. Estás en otro lugar para contar algo muy íntimo.
Tal vez esta película podría ser en un departamento, tres personas con un solo tiro hacia el exterior, y todos dentro, pero lo lindo de esto es poder contar la metáfora completa; el aislamiento completo. El astronauta en un planeta inhabitado.
Has mencionado que al principio era muy científica, pero es curioso que nazca de un poema. ¿Crees que ha ido adquiriendo más esa lírica según ha evolucionado?
FF: En México tenemos un dicho, que se hace mucho “cine de semáforo”. Un productor y un director llegan en su coche y se encuentran en un semáforo en rojo: “¡Eh, coño, vamos a hacer una película la próxima semana!” “¡Sí, claro, te paso el guion el miércoles!” Pasó un mes y ya tienen un guion. Y creo que ese cine tan expedito y tan rápido no permite que las ideas… Tienes que ser un gran escritor, evidentemente, para poder llegar a escribir una película en un mes, ¿no? Que digas que es ya un guion final y todo está perfectamente bien contado, y no hará falta un segundo tratamiento, bla bla blá. Aún así, yo pondré en entredicho qué tan fácil es.
Las ideas maduran. Las ideas son como la fruta, van madurando y, claro, si las dejas madurar mucho se echan a perder. Pero llega un punto en que las ideas llegan a un lugar que son perfectas para comerse.
[En este momento llega Ezekiel Montes, productor de la película] ¿Cómo nace vuestra colaboración?
Ezekiel Montes: Nosotros teníamos muchos amigos en común allí en México, y de pronto me llegó el proyecto. Estaba montando un dosier y un teaser muy de puta madre. Nos conocimos, hicimos una videollamada y le dije: “Tío, tienes que venir a España para rodar esto.” Primero arrancamos para ver hacia dónde nos llevaba y cuando empece a ver cómo trabajaba, lo que hacía, y la calidad de lo que estábamos planteando, el proyecto ya se puso en su lugar.

¿Qué ha supuesto producir un largometraje de ciencia ficción entre Andalucía y México?
FF: Realmente el génesis de la película está en Andalucía—en Málaga—, y en Tenerife.
EM: Cuando Fernando decide arrancar el proyecto lo tiene ya muy claro. Conocía a los actores, había planteado todo el teaser y el dosier con ellos, que eran tres que habían trabajado ya en México con él. Sí hay una parte México en la esencia. También creo que la visión global del proyecto, si no fuera porque él viene de donde viene, no le daríamos ese toque internacional que tiene la película ahora mismo. Quiero decir, a nosotros no nos sale hacer una peli de astronautas aquí. Fue su iniciativa. Quería hacer esa peli, la tenía armada, pensada. Nosotros vimos lo que estaba proponiendo y dijimos “vale, okey, aquí hay película.”
Es cierto que en Andalucía, por lo general, no nos nace hacer películas de ciencia ficción con grandes efectos especiales. ¿Cuál ha sido el mayor reto en ese sentido?
EM: Bueno, traerlo, ¿no? [ríe] Cambió de vida. Estaba instalado en México, y se ha venido a trabajar en mi estudio. No sólo para esta película, sino de continuo. Llevas ya desde julio, ¿no?
FF: Para mí el reto más grande… Cuando yo pensé esto por primera vez, dije “coño, esto algún día lo haré, y será mi tercera o cuarta película, ahora tengo que enfocarme de verdad en cosas que pueda hacer.” Empecé a estudiar cómo hacer VFX, no por otra cosa que, si no lo hacía yo, me iba a costar una fortuna contratar a alguien. Y creo que el reto es poder haber buscado en la vida el lugar correcto para hacerla. No tiene que ver con geografía, creo que tiene que ver más bien con otros talentos. En este caso, alguien en otro lugar del mundo que ve lo que estás haciendo, le gusta lo que haces, y dice “¿por qué no vienes y lo hacemos juntos?”. De esa manera es como los proyectos grandes nacen y sacas adelante una película así.
EM: También porque estamos locos, eh. Una productora malagueña ve un talento mexicano, y dice “vamos a producir esta película, vente para acá.” Yo me miro desde fuera a mi mismo y digo “estoy como una puta cabra”, ¿sabes? Pero bueno, es un poco también el sello de la productora: hacer cosas que nadie se atreve a hacer. Esta peli es una de las que nadie se atreve a hacer, y la hicimos. Otra vez nos dijeron que no se podía hacer, y otra vez la hicimos.
FF: El lema que tenemos, tanto Ezekiel como yo, es que todo se puede hacer. Todo es posible. Es cómo lo planteas, y el tiempo que le pones para hacerlo.
Ahora que tenéis esta primera muestra en el Festival de Málaga, ¿cómo la afrontáis y qué depara el futuro?
EM: Estamos buscando un festival grande de género donde estrenar. El año pasado presentamos en Sitges un teaser, a Málaga venimos con un tráiler, y vamos a ver cuál es el recorrido en 2026. Todavía estamos afinando los últimos detalles de la película, seguramente en uno, dos meses tendremos un primer corte, y a partir de ahí veremos cómo y dónde lanzarla.
¿Diríais que es una película que sólo podría hacerse hoy en día?
EM: Es una buena pregunta. Es una peli donde no hay nada de inteligencia artificial.
FF: Esa es una de las cosas más importantes para Ezekiel y para mí. Es una película que todavía está hecha por manos humanas. Aunque mucho pase en un ordenador, en 3D, hay que moldear eso, hay que iluminarlo. Realmente trabajar en 3D es como un set digital. Si no sabes de fotografía, el 3D no sirve de nada. Es posiblemente de las últimas películas que van a tener este acercamiento a cosas muy grandes visualmente, hechas completamente por manos humanas. Respondiendo a la pregunta, si esta película se podría haber hecho antes, la verdad yo creo que no.
EM: Si es antes, hace 10 años, no. Hace 5, quizás sí. Tenemos el gran ejemplo de Fede Álvarez, que hizo un corto en su casa con nada, con un ordenador y listo. Lo que sí van a aparecer son miles de películas con esta temática hechas con inteligencia artificial. Eso sí va a suceder. Mientras sean buenas historias…



















