La ópera prima de Marc Ortiz Prades, seleccionado en la sección Rampa del Festival de Sevilla y que opta también al Premio Ocaña a la libertad del certamen, se abre con un plano muy fordiano de una persona encuadra en un interior. Alguien totalmente encerrado en un espacio que le limita, aunque se perciba una pequeña porción del exterior, que podría prometer o significar una salida.
Quizás este plano sea el que mejor defina la interesante propuesta del cineasta en este biopic histórico y poético de “La Pastora”, una persona intersexual nacida en el peor momento de nuestra historia, en 1917. Una sucesión de espacios, interiores y exteriores, en los que tendrá que luchar por conseguir su lugar y reafirmar su identidad ante los otros.

Desde su nacimiento llamada Tereseta, que ya muestra las diferencias con los chicos y chicas de su edad, pasando a ser Teresot cuando llega la Guerra Civil española, Teresa después de este trauma histórico, Durruti como guerrillero y, por fin treinta años más tarde, Florencio o “La Pastora”, perfecto chivo expiatorio para acusarla de todos los crímenes durante la contienda y de todo lo malo que ocurra después de ella y convertirse en leyenda negra del lugar.
Marc Ortiz Prades trabaja el espacio con una sucesión de cuidados, inspirados y bellísimos planos sobre los paisajes que recorre Florencio, otro de los verdaderos protagonistas de la película, que narran tantos los sentimientos y sensaciones del protagonista (interpretado en los diferentes momentos de su vida por Adrià Nebot, Álex Bausá y Pablo Molinero) como los diálogos.

Un biopic histórico que mezcla tanto memoria histórica como una reivindicación de la propia identidad de una de las tantas historias que han sido silenciadas por el tiempo.
Este retrato íntimo, basada en la recopilación de memoria oral de varios años por el propio cineasta a partir de los relatos de personas que conocieron a Florencio, ofrece momentos memorables, especialmente bien construidos narrativamente.
Un diccionario, por ejemplo, sirve para una de las escenas más emocionantes de la película. Un objeto en el que está incluido todo lo que existe y tiene nombre. Aunque por los ojos del protagonista no veamos reflejada esa afirmación.
Si bien solo existe lo que tiene nombre, ¿qué ocurre para las personas que tienen varios o que les han asignado uno que no les corresponde? Una de las muchas e interesantes reflexiones que se plantean en Els mals noms.



















