El director Elías Pérez estrena su primer largometraje documental en el Festival de Málaga, contando la increíble y olvidada historia de cuatro pioneros de la aviación

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9 Mar 2026
Rosendo M. Diezma
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Hace 100 años, cuatro pioneros hicieron lo imposible: cruzar el Atlántico en un mismo avión. El comandante era Ramón Franco, hermano pequeño republicano del futuro dictador, en una misión con la que Primo de Rivera quería enlazar simbólicamente a España con sus antiguas colonias, los países latinoamericanos. Lo acompañaban el capitán Julio Ruiz de Alda, quien fundaría la Falange Española; el teniente Juan Manuel Durán, monárquico; y el sargento mecánico Pablo Rada, anarquista. Con este variopinto grupo de personajes a bordo, el hidroavión Plus Ultra (“más allá”) despegaba un 22 de enero de 1926 de Palos de la Frontera (Huelva) con destino a Buenos Aires.

Hace 100 años. Hoy, ¿quién se acuerda?

Con su primer largometraje documental, el onubense Elías Pérez se propone rescatar del olvido este gran hito de la aviación, a través de impresionante material de archivo, entrevistas a expertos y secuencias que recrean la travesía transatlántica. Plus Ultra cuenta una asombrosa historia de espíritu aventurero, que el tiempo ha borrado de la memoria colectiva de nuestro país. Con su estreno en los pases especiales del 29º Festival de Málaga, su director espera, por fin, darla a conocer a más gente.

¿Por qué crees que esta hazaña ha sido olvidada?

Hay varias teorías al respecto de por qué este vuelo quedó finalmente relegado al olvido. Una de ellas puede ser por el propio aviador, el aviador principal, Ramón Franco. La sombra de su apellido puede ser uno de los motivos por los cuales esta hazaña, esta aventura quedó relegada. También el momento tan convulso en el que estábamos, con la dictadura de Primo de Rivera—tenía una enemistad bastante grande con Ramón Franco, entonces esto también hizo que la gesta pudiese estar un poco relegada al ostracismo. A mí, 100 años después, me parece increíble. A pesar de que tuvieran motivos las instituciones o los intereses de la época, esta hazaña debería haber trascendido y debería haberse contado, como los americanos tienen una película con el vuelo del Lindbergh (El héroe solitario, 1957), cuando se cruza por primera vez de Nueva York a París. Eso ocurrió un año después, el Plus Ultra fue en el año 26. Es alucinante, la verdad.

La película apunta al hecho de que ese olvido, en parte, puede deberse a que Leopoldo Alonso no pudo filmar la segunda etapa, la más importante. ¿Crees que es más fácil olvidar lo que no se ha filmado?

En la actualidad, es verdad que parece que, como no hagas presencia de manera digital en los sitios, no estás. Creo que hace 100 años, cuando todavía la tecnología cinematográfica era muy incipiente, era más que nada para registrar los récords que se podían llevar a cabo, para tener una documentación. Hemos podido indagar en filmotecas portuguesas, brasileñas, argentinas… Hemos visto bastante material rodado desde allí, y eso al final denota la importancia que tuvo. Que Leopoldo Alonso se tuviera que bajar en la segunda etapa, eso también por supuesto hizo que la documentación de todo lo que ocurrió fuese mucho más pobre, pero creo que igualmente hubiera quedado guardado en un cajón. Porque luego Leopoldo hizo una película, pero esa película está inconexa, las etapas están mal puestas, y es algo poco sorprendente.

¿Cómo llega hasta ti esta historia, y qué te hace querer contarla?

Tengo la suerte de haber nacido en Huelva. “Plus Ultra” es una calle principal del centro de la ciudad. A mí hay una cosa que me sorprende mucho: da igual lo que sea, el tiempo lo destruye todo. Si has conseguido tener una vida medianamente exitosa, ya sea por tu trabajo, por tus hazañas personales o por tus descubrimientos, te dan una calle, o te dan una plaza, o te dan un colegio, pero al final eres eso. Te conviertes en lo que te han dado; eres una calle, o eres una plaza, o eres un colegio. Mucha gente pierde el motivo por el cual esa calle se llama así. En este caso Huelva, por ejemplo, tiene calles al aviador Ramón Franco, a Ruiz de Alda, a Pablo Rada, y la de Plus Ultra. Y la gente no conoce esto. Para mí fue un motivo por el que indagar en la historia, y me sorprendió tanto que veía que tenía que ser contada. También, aprovechando que se cumplen 100 años de esta hazaña, ¿qué mejor momento para decírselo al mundo?

Es llamativa la cantidad de material de archivo e imágenes reales de la travesía que han llegado hasta nuestros días y que aparecen en la película. ¿Cómo fue el proceso de documentación?

Para mí que sea una película documental hace que realmente tenga un valor añadido, porque hay mucho filmado, y mucho filmado desde muchos sitios. Eso le da esa perspectiva que necesita una obra documental como esta. Tenemos más de 350 clips en la película, y eso hace que haya sido una tarea bastante ardua desde la parte documentalista, aparte también de montaje; que todo estuviera en el sitio correcto ha sido una tarea minuciosa. Al final, tener tantas imágenes te ayuda a poder contar una historia de una manera rica, pero también creo que te puede llegar a abrumar tantísima información. Ves que tienes muchas perspectivas de lo mismo, y tienes que elegir el motivo. No podemos olvidar que estamos con una película, que tenemos que enseñársela al espectador de la mejor manera para que no la olvide y sienta que se está entreteniendo, que está aprendiendo, y que está recibiendo una información veraz.

Además de todo este material documental, se combina con entrevistas a expertos y recreaciones. ¿Qué impulsó esa decisión, y cuál fue la filosofía a la hora de elegir qué se contaba en ellas?

Para mi que tuviera ficción era también importante; que tuviera recreaciones cinematográficas al 100%, que no fuera el típico teatrillo que tienen muchos documentales, era fundamental, porque estamos ante una película cinematográfica documental. Hay mucha gente que utiliza los documentales para salir a pasear y los escucha como un pódcast, y eso es porque probablemente estemos cometiendo el error de tener mucho metraje que son bustos parlantes, entonces piensas que las imágenes no te están enriqueciendo nada y son bastante prescindibles. En este caso yo quería que todo tuviera un almíbar, que no te pudieras perder nada. Que estuvieras atento, no sólo con el impacto de las imágenes reales, sino que las recreaciones fueran también lo mas fidedignas y atractivas posibles para que no quisieras despegar la vista de la peli. Hay partes que no están en imágenes de archivo que eran fundamentales de contar para que la historia fuera orgánica. Para mí ha sido bastante importante hacer una película que fuera orgánica en sus tres estructuras: las entrevistas, las imágenes de archivo y la ficción. Que no pareciesen bloques, sino que pudiesen converger y verse como un todo.

En estas secuencias de ficción, además de la ambientación de época, en la que nos vamos atrás 100 años, también hay abundantes efectos especiales. ¿Cuál ha sido el mayor reto en ese aspecto?

El reto de los efectos especiales ha sido mayúsculo porque hemos tenido que recrear el avión, y no solamente el avión, sino el avión volando. Eso ha sido una tarea bastante grande, y una responsabilidad también, porque al final el protagonista de la historia es el avión. El avión y sus tripulantes. Como personaje protagonista, tenía que tener un sitio. Más allá de los videos de archivo, queríamos recrear situaciones que comprometieron a estas personas que eran super jóvenes, estaban en la veintena, y de repente tenían que pernoctar en el hidroavión en mitad del océano, o arreglar una hélice en mitad del vuelo. Todo eso son contenidos que enriquecen la historia y le dan también la epicidad. Pone al espectador en la situación de “esto es peligroso”. Los aviadores tenían la falsa sensación de seguridad, de “no pasa nada, vamos con un hidroavión, si tenemos algún problema amerizamos”. A la vista está que dos de ellos murieron trágicamente: Juan Manuel Durán tres meses después en un accidente aéreo, y después Ramón Franco, años después, también en un avión. Por lo tanto, la sensación de seguridad era una ilusión.

¿Crees que ese espíritu pionero de la época del Plus Ultra sigue vivo hoy en día de alguna forma, o es algo ya totalmente del pasado?

Al ser hijos de nuestro tiempo, cuesta mucho ver los avances tecnológicos que nos rodean, pero está clarísimo que los pioneros siempre son los que no acaban disfrutando de las mieles del éxito de aquello por lo que se han jugado la vida. Pasó con Marie Curie. Cada uno de los grandes avances que ha tenido la humanidad, en muchos casos ha sido en detrimento de su propio descubridor o descubridora. Por la radiación, o porque han estado expuestos a peligros que han hecho que no pudieran ser participes del éxito, pero sí del descubrimiento. En esta historia, la aviación lleva existiendo sólo 23 años, la población no conoce el concepto de aterrizaje. Tiene epicidad porque se están jugando la vida, porque realmente los aparatos son rudimentarios. Ahora nosotros nos montamos en un avión y en 9 horas cruzamos el Océano Atlántico dormidos, no nos damos cuenta. No somos héroes, nos hemos montado en un vehículo de tecnología altísima y nos ha llevado al otro lado del globo. Pero para que eso ocurra tiene que haber mucha gente precursora que se juega la vida e investiga, y en la actualidad, con la globalización, la inmediatez, todo al instante, creo que estamos adormeciéndonos un poco en nuestro espíritu aventurero y de aportar algo a la humanidad.

¿Qué sensaciones tienes ante este estreno en el Festival de Málaga?

Estrenar en Málaga es un sueño, la verdad. Es un festival que sigo y admiro muchísimo. Que se pueda ver en un festival tan prestigioso pone la película en una posición más atractiva para el espectador. Yo lo que quiero es que la gente la vea, que conozca la historia y que se genere un debate. Estos cuatro aviadores tenían ideologías dispares: un monárquico, un republicano, un anarquista, uno de los fundadores de la Falange… Y todos estaban montados en ese avión rudimentario y consiguieron llegar a un destino. Creo que en el momento tan polarizado que vivimos en la actualidad está bien lanzar un mensaje de estas características. Si nos ponemos de acuerdo, da igual lo que pensemos en nuestro foro más interno, podemos alcanzar un objetivo común. Se nos olvida muchas veces. Parece que sólo en la gresca tenemos el beneficio, y que eso no puede ser posible. Con Málaga espero eso: que sea un salto y que la gente pueda verlo con el sello de calidad que supone un festival como este.

Plus Ultra se proyecta el miércoles, 11 de marzo a las 21:30 en el Auditorio Christine Ruiz-Picasso.


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