El director, montador y realizador sevillano, David Baquero, se alzó con dos galardones en la pasada edición del Festival de Cortos de la provincia de Sevilla por su trabajo Fuck Off. El cortometraje, protagonizado por la actriz Roma Calderón, cuenta la historia de Esmeralda cuando va conduciendo por una carretera solitaria y, de pronto, se le pincha una rueda del coche. Mientras espera la llegada de la grúa, mantiene una conversación con una persona que está en el asiento de atrás. Los fantasmas de su pasado regresan. Esmeralda comienza un viaje introspectivo que la lleva a una catarsis emocional y a una nueva comprensión de sí misma. Es el momento de cerrar el círculo de su vida.
Fuck Off destaca la importancia de la lucha por la identidad y la libertad personal, enfatizando la valentía necesaria para desafiar las normas establecidas y ser uno mismo en un mundo que a menudo busca imponer etiquetas limitantes. Invita al espectador a reflexionar sobre la libertad interior como pilar fundamental para la realización plena de cada individuo. Con David Baquero, director y guionista del cortometraje, hemos hablado.

– Fuck Off cuenta con un solo escenario: una carretera de la provincia de Sevilla.
Realmente no. El cortometraje tiene dos localizaciones: una carretera que pertenece a la localidad sevillana de Olivares y un plató, donde hemos rodado todo el acting de la actriz protagonista. El mérito de que no se note corresponde a Mario Lobo, que es el director de fotografía con el que siempre hago equipo en mis producciones.
– ¿Qué ha supuesto para vosotros recibir el premio del Público en el Festival de Cortos de la Provincia de Sevilla?
Nos hace mucha ilusión obtener el Premio del Público, y ya llevamos varios. Ese es el galardón más despolitizado, sin intereses personales o de otra índole. De momento, el corto está teniendo una gran acogida en los festivales a los que se ha presentado y esperamos lo mejor de él.
– También le han otorgado el Premio Especial a la Proyección de la Provincia de Sevilla. ¿Creaste el corto teniendo presente su proyección en certámenes y su distribución?
Fuck Off es mi tercer cortometraje. Cuando se me ocurrió la historia, antes de embarcarme en construir, que es mucho esfuerzo, aprendes que hay que pensar en cómo van los festivales, qué es lo que suelen escoger y cómo tener visibilidad. Con lo aprendido hicimos el guion pensando en la distribución. Se lo presenté a mi amiga Maria Luisa Platero, con la que cuento desde el principio y que tiene experiencia en distribución. Al fin y al cabo, estamos dentro de un mercado, aunque la calidad artística no se puede ver afectada. Hay que separar la parte creativa de la empresarial. Eso es algo que me viene por defecto y por la experiencia de trabajar en medios audiovisuales.

– Todo el peso de la historia recae en Roma Calderón, que realiza una interpretación complicada y
llena de matices. ¿Cómo trabajasteis el personaje?
Conozco muy bien a Roma y sé lo que es capaz de hacer. Me gusta trabajar con los actores y no que ellos se preparen el papel por su cuenta. Intento hilar fino para no equivocarme, porque tenemos que ir con el personaje muy marcado para poder rodar en un día. Al final es un cómo lo hago para que no se note que detrás no hay dinero. Intento ajustar los recursos de los que dispongo al guion. Afortunadamente, ella es una actriz todoterreno, que ha hecho muchas cosas en cine, pero nunca ha tenido un papel protagonista y no lo entiendo. Aunque es conocida por su vis cómica, tiene una vena dramática que no ha explotado. Tuve esa intuición y, cuando le di a leer Fuck Off, lo vio complicado, pero teníamos tiempo de trabajarlo en profundidad. Ella lleva todo el peso de la historia; si no lo hace bien, se me cae el corto. Y lo hizo en dos tomas. Si no tuviese ese talento dentro, no habría podido llevar a cabo un personaje con tantos cambios de estados de ánimo y tantos matices. Tengo que enganchar al espectador desde el principio y ella tiene ese magnetismo.
– No es la primera vez que trabajas con Roma Calderón
Nos conocíamos de vista cuando éramos estudiantes, pero luego la perdí de vista. Más tarde, hace unos seis o siete años, fui a La Sala Fundición para ver un espectáculo de cabaret que ella protagonizaba y que se llamaba The Lovers. Cuando la vi, me enamoré de ella: estaba sola en el escenario llevando un espectáculo de dos horas. Al cabo de unos años, cuando rodé El Purgatorio, le ofrecí un papel pequeño y me dijo que sí; ahí la conocí y comenzó nuestra amistad. Tras esa primera experiencia nació en mí la necesidad de hacer más cosas con ella. Quiero que el público descubra a Roma Calderón.
– En escena aparece Esmeralda, manteniendo una conversación con alguien que no vemos, mientras espera a que venga la grúa. ¿Tiene algún significado esta forma de contar la historia?
Todos tenemos una mochila detrás, que es nuestra familia. Esa es la simbología del coche que conduce la protagonista. Y esto es extrapolable a cualquier persona: tener una familia, afrontar tus fantasmas y salir de ello. Es una gran metáfora que desde algún punto conecta con todo el mundo. Lo que pasa en el corto es una anécdota, pero lo que pretende transmitir es universal.
– ¿Te sientes realizado en el formato corto?
Lo amo y me parece muy digno. Lo considero un ensayo porque es imposible que alguien dirija un largometraje sin haber pasado antes por él; es donde aprendes. Y, claro, me gustaría rodar películas, pero necesito una productora con poder adquisitivo detrás y eso es bastante más complicado.
– ¿Has tenido alguna ayuda económica para sacar adelante Fuck Off?
Como mis dos primeros cortometrajes, es autofinanciado, aunque coproducido con Mario Lobo, pero el dinero sale de nuestro bolsillo. Pedir ayudas es engorroso y, de momento, puedo pagarlos gracias a mi trabajo. También tengo que pedir muchos favores que luego tengo que devolver. A la gente que está empezando habría que ayudarla más y darle más facilidades. Es complicado. Si tuviese veintitantos años, no sé cómo sacaría un corto adelante. Hay festivales a los que se presentan cortos con muchas ayudas, y los autofinanciados tienen que estar al mismo nivel. Por eso agradezco tanto que nos premie el público y que se nos haya dado un reconocimiento que ayude a la distribución.
– Se dice que nadie cobra en un cortometraje. ¿Has podido pagar a los componentes de tu equipo?
Trabajo en el medio audiovisual y si puedo sacar cortos es porque puedo pedir favores, pero necesito que sigan colaborando gratis o no podría levantarlo. Cuido los detalles que me puedo permitir, como que no tengan gastos y que tengan todas las comodidades posibles, pero la liquidez para pagar un sueldo o dar un alta queda muy lejos. Hay mucha lucha detrás. A mí me ayuda el bagaje profesional para sacar los proyectos. Por ejemplo, la canción de la banda sonora, Vamos a olvidar, que está interpretada por Soleá Morente y La Casa Azul y escrita por Soleá Morente y Guille Milkyway, es una cesión cortesía de Elefant Records; me la han prestado. También, dedicarme al montaje me ayuda a ahorrar tiempo, ya que tengo la estructura en la cabeza mientras escribo. Todo suma porque si no tuviera mi experiencia no podría rodar en dos días. Lo tengo que tener todo muy medido para no fallar.
– ¿Es necesario regular el mundo del cortometraje y que existan más ayudas y subvenciones para todos previas a su realización?
Sí, regular el mundo del cortometraje sería tomárselo en serio. El formato está en un segundo plano en la industria audiovisual; sin embargo, está en auge entre el público por su duración. No entiendo que no existan más ayudas. No se le da importancia… Los cortometrajistas estamos muy perdidos. Tenemos que luchar más para que le den el valor que merece.



















