Paula y La Maestra son dos jóvenes felinas que deambulan por los tejados de México D.F. Felices y fuertes, sueñan despiertas. Ronronean, se acicalan y pasean en libertad. Son dos gatas sin miedo que un día bajan de fiesta. Y allí un gatito listo, guapito y joven viola a Paula. En un baño sucio. A unos metros de su mejor amiga. En una fiesta de nochevieja.
El puto niño la puto viola en una puta fiesta rodeado de sus putos amigos.
Quizás así quede más claro lo que ocurre. Porque el puto niño parece no darse cuenta. Y así el puto niño baja de sus sueños olímpicos a la gatita ejemplar del equipo de natación.
Chicas tristes se une así a la arrolladora corriente de filmografía sobre las agresiones sexuales que cobró fuerza hace una década con el Me Too.
Dicha corriente ha tenido significativos representantes recientes como la excelente How To Have Sex, curiosamente (o, ejem, más bien no…) ambas dirigidas por directoras: Manning Walker en el el caso de la cinta inglesa y Fernanda Tovar, en el de la mexicana, con producción española de Potenza Producciones.
El Carro: el éxito en el tarot
La Maestra, que no sabe lo que ha ocurrido, porfía por saber por qué su amiga anda tan extraña. En su mano tiene un arma poderosa: una baraja de tarot con ilustraciones felinas. Y una carta: El Carro. Un arcano que en este particular mazo mágico está ilustrado con dos gatas negras que navegan juntas en una balsa arrastradas por la corriente.
Unos días después, a Paula le saldrá la misma carta. «Somos tú y yo nadando en el Río Amazonas». Ambas pugnan por llegar juntas a unos juegos olímpicos juveniles en Brasil. La carta significa, al derecho, el éxito absoluto y, al revés, la lucha contra el caos. La agresión.
Como el suave discurrir de un río, la película nos va llevando, como a estos dos fuertes felinos, por meandros impredecibles, donde unas y otras van mostrando garras y dientes para aferrase a sus vidas y sueños, mientras la tragedia las va poniendo a prueba sin cesar. Con suavidad, pero inexorablemente, Chicas tristes nos entristece, desgarra y enfurece.
Y es así, programada en la sección juvenil de la Berlinale (Generation 14K) y con la sala del Zoo Palast repleta de estudiantes de secundaria, uno se pregunta en cuántos de estos chicos-buenos-que-no-violan calará el mensaje. Cuántos de ellos entenderán que, en su juventud o en su madurez, el mensaje es bien sencillo: Chico, no violes.
O, como dirán los protagonistas en su juramento olímpico: Respeto, responsabilidad y disciplina.
Amén.



















